Un bando recuerda a los pobrenses la prohibición de colgar ropa en las fachadas Los trapos sucios se lavan en casa. Y los turistas no tienen por qué ver esos «pecados», una vez perdonados por el detergente, pendiendo de balcones, ventanas y galerías cuando admiran el paisaje. Eso es lo que ha movido al alcalde de Pobra a recuperar viejas costumbres de la Administración local y publicar un bando en el que se prohíbe durante el día tender la ropa en las fachadas de los edificios.
11 jun 2000 . Actualizado a las 07:00 h.Antiguamente, con Franco a la cabeza del Estado, la Administración local anunciaba la llegada del verano con un bando que prohibía vaciar los orinales por la ventana y otras disposiciones con las que se intentaba corregir malos hábitos de la población. En los últimos coletazos de la dictadura, las costumbres ya habían cambiado sustancialmente y, con el estío, el alcalde de turno se limitaba a recordar la obligación de limpiar las fachadas de los edificios, desbrozar la maleza de muros y fincas particulares y retirar la ropa mojada de las fachadas de los edificios. Sin ánimo de establecer paralelismos, el regidor del municipio de Pobra do Caramiñal, Isaac Maceiras, ha decidido retomar esa costumbre caída en desuso y recordar una prohibición que, si bien se recoge de forma expresa en las ordenanzas municipales, no ha calado en la población. El vicio de tender la ropa en balcones, galerías y fachadas continúa arraigado en una comarca en la que las villas están en plena transición de aldeas a urbes. Por eso, el alcalde intenta que, al menos de nueve de la mañana a nueve de la noche, los estandartes caseros no entorpezcan la vista de los turistas que recorren una villa que intenta vivir de las rentas que acercan los visitantes. Así pues, hay dos opciones: o tender la ropa por la noche o comprar una moderna secadora. En vías de erradicación La práctica totalidad de los municipios barbanzanos ha plasmado en sus normativas municipales lo poco decoroso que es ventilar los gayumbos a la vista de la gente. Y poco a poco ha ido calando esa idea. El Concello de Ribeira presume de que prácticamente ha eliminado esa manía y solamente en las parroquias permanece la vieja costumbre de colocar dos palos y una cuerda a modo de tendal en cualquier sitio público bien aireado y soleado que se precie. Las autoridades rianxeiras aseguran que, a base de advertencias policiales -eso sí, que nunca se han traducido en sanciones económicas-, han logrado desterrar del paisaje trapos privados: «A xente acepta que non debe colgarse a roupa nas fachadas e, aínda que ás veces reincide, acata a orde sin rechistar», señaló un municipal. Un caso curioso se da en Boiro, donde una redacción ambigua de la normativa municipal impide a las autoridades dar solución a una denuncia presentada contra los residentes en un edificio de Escarabote: un vecino se queja de que cuando pasea por esa calle, las gotas le caen sobre la cabeza.