La Castellana, el legado comercial de 1940 continúa intacto

paloma González VILAGARCÍA / LA VOZ

VILAGARCÍA DE AROUSA

MONICA IRAGO

Lo que parecía un cese permanente de la actividad de la tienda de ropa de hogar se convirtió en la recuperación de un negocio histórico en Vilagarcía. César tomaba sus riendas después de que Esther Vilas anunciase su retirada

23 may 2025 . Actualizado a las 21:49 h.

Cuando uno entra en La Castellana, el olor a madera antigua y calcetín de algodón se cuela por la nariz, dejando lugar a una sensación nostálgica: un recuerdo a algo que conoces desde hace mucho tiempo, pero que difícilmente puedes identificar. Las colchas de franela todavía se ofertan en los estantes del histórico establecimiento de Vilagarcía y el calor de los edredones te envuelve de tan solo mirar.

El negocio de ropa de hogar tiene las puertas abiertas de par en par, y si hay algo que no ha cambiado tras el traspaso de su gerencia, es la clientela. «Hay gente que se pasa por el negocio preguntando por Esther. Ella viene de vez en cuando» señala César Cardalda, su actual responsable. Mantener el legado de una empresa fundada en 1940 es importante: «Aquí viene gente que busca calidad, productos fabricados en España; cosas de toda la vida», señala. Si yo fuera una niña me dejaría llevar por el gran mostrador de la tienda. Es largo y robusto, e invita a fantasear con el oficio, con apoyar cada dedo de la mano sobre la madera como si fuera una magnate de las ventas al por mayor. «Mi hija viene con las amigas a echar la tarde a la tienda. Juegan juntas aquí, a simular que son vendedoras. Una se pone detrás del mostrador y las otras hacen de clientas», cuenta César con ternura.

Cuando el negocio se define a sí mismo, como es el caso de La Castellana, el listón permanece muy alto. Aunque la esencia sigue intacta, hay algunos cambios visibles en el escaparate. «Pusimos un cartel enfocado a la hostelería y a la venta de estores y persianas. Desde entonces, hemos notado un aumento de ventas», explica César. «Estoy cogiendo las riendas de La Castellana. He trabajado mucho aquí, desde otro lugar, no de cara al público, pero me adapto», añade.

Sobrevivir en un mercado tan competitivo no es tarea fácil, especialmente cuando se trata de un negocio local. La competencia es constante y las grandes marcas imponen un ritmo desafiante. Por eso es fundamental reinventarse, buscar nuevas formas de destacar y adaptarse a las necesidades del cliente.

Mantener la fidelidad de quienes ya confían en lo que ofreces requiere cercanía y un servicio impecable. «Resistimos con el paso de los años, con el mejor producto que podamos aportar. Aquí viene mucha gente con sábanas de hace más de treinta años compradas aquí», comenta. «Vienen con ellas en perfecto estado, y las cambian porque quieren, no porque se aburriesen de ellas o porque estén o estropeadas». Y los beneficios se notan. César cuenta con la ayuda de un empleado, pero con vistas a ampliar la plantilla. «Estamos a tope, tengo un empleado... que lo tengo, al pobre, trabajando sin parar. Me hace falta otro para echarnos una mano, mínimo uno más», sostiene.

Tras cada trabajo hay un sinfín de tareas invisibles que sostienen el funcionamiento de cualquier negocio. Son los esfuerzos silenciosos, la planificación, la logística y los pequeños detalles que no siempre se notan, pero son esenciales. Desde el orden administrativo hasta el mantenimiento, todo contribuye al éxito final.

La Castellana tiene cuatro plantas, ni más ni menos. Una de ellas, la que vemos a pie de calle, para atender a los clientes; otra para almacenar mercancía —que no es poca—; y una tercera para confeccionar, cortar y preparar pedidos. «La cuarta planta es una vivienda y ahora está vacía. Pertenece a la jefa», explica César.

La Castellana lleva 85 años en funcionamiento gracias al esfuerzo y la dedicación. No importa quién esté al frente, lo que se ha mantenido constante es la forma de trabajar, con el cuidado en cada pedido. Esa continuidad en los valores y en la manera de hacer las cosas es lo que ha permitido que tanto Esther, como César, o como quien venga detrás, sigan haciendo historia.

Padre de una niña y un negocio

Al hablar de su hija y de sus sueños, César desea un futuro diferente, lleno de nuevas oportunidades. Su compromiso con la tienda refleja el amor y respeto por sus raíces, a la vez que impulsa el deseo de ofrecer a su hija un camino propio. «Quiero que mi hija sea importante, que sea alguien. A ella le gustaría ser veterinaria», añade César.

Qué relativo. Los valores de La Castellana son importantes, César —en sí mismo— es importante. Porque si algo representa a este negocio es que los clientes entran y salen de la tienda, pero nunca cierran la puerta al salir.