Un incendio de madrugada en un garaje de Vilagarcía deja tres coches calcinados y una urbanización evacuada: «Si llega a ser más tarde podría haber sido peor»
VILAGARCÍA DE AROUSA
Ocurrió en Veiga de Lamas y provocó un amplio dispositivo de medios contraincendios. A esta hora, las 65 viviendas del complejo residencial siguen sin agua corriente ni gas y tiene los aseos inhabilitados
07 may 2025 . Actualizado a las 22:28 h.Tres coches calcinados, otros dos dañados por las altas temperaturas y un edificio de tres plantas evacuado. Era el balance inicial del incendio registrado esta noche en un garaje de la una urbanización en Veiga de Lamas, en Carril (Vilagarcía). A medida que avanzaban las horas se comprobó que había muchos más vehículos afectados por los efectos del humo, la carga térmica, el desprendimiento de tuberías, las maniobras con las mangueras y demás medios utilizados para unas labores de extinción que resultaron arduas, debido a las grandes dimensiones del garaje y la falta de luz.
La actuación de los Bombeiros do Salnés —que desplazó dotaciones de las bases de Vilagarcía y Ribadumia— y del Servizo Municipal de Emerxencias evitó que las llamas que se originaron en un Ford Focus se propagasen a las plantas superiores, que era donde se focalizaba la principal preocupación anoche. Una explosión alertó a los vecinos, que llamaron al 112 y salieron al exterior para comprobar qué pasaba. Enseguida vieron las columnas de humo negro saliendo por los huecos de ventilación del párking y cómo empezaba a llenarse la calle de motobombas, sirenas y patrullas de la Policía Local y Policía Nacional.
Otros vecinos, sobre todo los que viven en las plantas superiores —la urbanización tiene tres pisos— estaban durmiendo a esa hora ni se enteraron de lo que estaba pasando hasta que les timbraron en la puerta para pedirle que desalojaran. En esta tarea participaron tanto los agentes como los propios vecinos, con el fin de agilizar al máximo la evacuación. Ya en la calle, los residentes asistieron estupefactos, con el miedo en el cuerpo, a unas labores de extinción que se prolongaron durante un par de horas. Con todo, y según testigos presenciales, los vecinos gestionaron la situación con bastante serenidad y no se vivieron escenas de pánico pese a que muchos temían por sus casas.
Finalmente no hubo daños personales ni tampoco desperfectos importantes en las viviendas, más allá de manchas en algunas paredes provocadas por la humareda y un fuerte olor a quemado. Sí sufrieron daños las conducciones de servicios básicos como el suministro de agua, de gas y la fontanería, de modo que este mediodía los residentes todavía carecían de agua corriente y no podían hacer uso del aseo. Sí había electricidad, pero eso no es suficiente para hacer una vida normal, de modo que muchos residentes recurrieron a familiares y amigos para instalarse temporalmente.
Una vez más la solidaridad funciona en los casos de emergencia. Se pudo ver anoche en la zona de Veiga de Lamas, donde los vecinos de otros bloques ayudaron ofreciendo mantas y hasta alojamiento a quienes estaban en la calle en pijama y chanclas a la intemperie.
Al filo de las 2.30 horas los evacuados pudieron regresar a sus casas, una vez que los servicios de emergencias habían extinguido el fuego y realizado las mediciones que garantizaban que no había peligro para la salud de las personas, pero pocos pudieron dormir. Esta mañana se desplazó a la urbanización el personal de la administración de fincas para hacer una primera evaluación de daños. Por delante queda una larga tramitación ante las compañías aseguradoras a la hora de reclamar daños y perjuicios. Al lugar volvieron esta mañana los bomberos y la policía, que acordonó una parte del garaje para recoger pruebas para proceder a la oportuna investigación sobre las causas del siniestro.
Así lo vivieron los vecinos: «Cogí a mis hijos y los metí en otro coche»
Iván Villar fue de los primeros en darse cuenta de que algo raro pasaba en el garaje. Estaba en su casa disponiéndose para ir a la cama después de haber visto el partido del Inter-Barça y escuchó una explosión a la que siguió otra y una serie de estallidos que después supo correspondían a reventones en los neumáticos. Su casa está encima del garaje, en la primera planta, a unos 30 metros donde surgió el incendio, de modo que fue, también, de los primeros en percatarse del peligro. Cogió a sus tres hijos que dormían a esa hora y salió a la calle. En un principio evaluó la posibilidad de sacar su monovolumen del garaje para ponerla a salvo, pero, a la vista del panorama, descartó la idea. Otros sí lo hicieron, aunque en cuanto llegó la policía ya nadie pudo entrar por razones seguridad. Iván comprobó después que su vehículo fue uno de los afectados por el efecto de las llamas —«lo daba por perdido», indicó—, aunque no llegó a arder y, probablemente, pueda recuperarlo. El otro coche de la familia estaba aparcado fuera y nunca tan útil fue porque sirvió de refugio para que sus hijos pudieran resguardarse del frío de la noche.
El susto inicial pasaron a vivirlo como una aventura que, quizás, les librara del colegio al día siguiente. No fue así. Este martes tocó cole, para él y para su padre Iván, que es profesor en el CIFP de Fontecarmoa, si bien esta mañana pidió una hora para volver a Veiga de Lamas a comprobar cómo iban las cosas. Pasado el susto inicial y con la tranquilidad de saber que todos están a salvo, los propietarios empiezan ahora a echar cuentas sobre cuánto le van a costar los destrozos y cuánto tardarán en recuperar la normalidad. De momento, Iván Villar se queda sin coche y con las paredes de su casa impregnadas de humo, pero puede contarlo, se consuela. «Si el incendio llega a ser más tarde podría haber sido mucho peor».