Costureras, el oficio al que le sobra trabajo y le falta relevo: «Somos las últimas, no hay nadie que venga por detrás»

r. e. VILAGARCÍA / LA VOZ

VILAGARCÍA DE AROUSA

MARTINA MISER

En un mundo en el que la moda rápida se lo ha comido todo, las modistas podrían parecer un anacronismo... Pero entre ropa a medida y arreglos, les faltan manos

15 mar 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

«Hay mucha gente estudiando diseño, pero lo que es coser...». Pilar Abal sacude la cabeza y se encoge de hombros. Sobre ellos lleva la cinta métrica con la que le ha tomado tantas veces medidas a la vida. Ese metro flexible es un elemento que no falta en ningún taller de costura. De hecho, no hay modista que no se haya acostumbrado a llevarlo colgando del cuello, preparado siempre para entrar en acción, listo para revelar el tamaño de una manga o de un retal. «Medir también tiene su truco», relata Pilar. Estamos con ella en Entre Dos, el taller de costura que tiene en Vilagarcía. Desde él nos cuenta que «hay mucha gente que piensa que este oficio es muy fácil». Que creen que las máquinas se encargan de todo. Sin embargo, paradojas de la vida, esa misma gente es la que acaba recurriendo a negocios como el de Pilar para subir una bastilla o cambiar una cremallera. Pequeños trabajos que exigen minuciosidad y cierta pericia, y que nunca faltan. «Hacemos muchísimos arreglos», reconoce Pilar, que tiene una compañera que se encarga en exclusiva de ese tipo de cosas. Ella reserva su tiempo para proyectos más complicados: los arreglos más exigentes y la confección de ropa a medida.

«El invierno es más de arreglos, la primavera y el verano más de confección», cuenta la costurera, que también cose para algunas marcas de ropa de la zona. «Trabajo hay, por eso es importante que la gente encargue con antelación», explica esta veterana de la aguja y la cinta métrica. Desde las galerías de la calle Castelao, Mari Carmen Sineiro también recomienda previsión a quien quiera hacerse una prenda a medida. Con treinta años de experiencia, sabe de sobra que las cosas bien hechas llevan su tiempo, y ella se lo toma: por las tardes no atiende al público para poder concentrarse en cada puntada que da. Muchas van a servir para dar forma a trajes de ceremonia, uno de los ámbitos en los que la ropa a medida sigue teniendo un lugar destacado: los días importantes bien merecen un vestido o un traje que se adapte a la perfección a nuestros gustos y a nuestras dimensiones. Para ayudar al público a elegir, «antes teníamos revistas con patrones, pero ahora ya no hacen falta». Las clientas, sobre todo las más jóvenes, suelen llegar con el teléfono en ristre, lleno de fotos del modelo que quieren, tomadas desde todos los ángulos posibles: es la magia de las nuevas tecnologías.

MARTINA MISER

Así, a través de ese gran escaparate que es Internet, se deciden los modelos que se vestirán en ceremonias, pero también en fiestas como fin de año, aunque en el caso de la noche de las campanadas, el volumen de encargos es sustancialmente inferior al de tiempo atrás. «Pero aún así, de confección más que pudiese hacer», explica Mari Carmen, que coge encargos casi de un año para otro. «Por ejemplo, yo ahora para antes de octubre ya no me comprometo a hacer nada más. No puedo, porque no tengo manos para hacerlo y prefiero ser clara y decir que no».

El tiempo da para lo que da, confiesa Mari Carmen, quien reconoce que es muy complicado encontrar a quien le eche una mano en su negocio, especialmente en el corte y confección de las piezas. «Las costureras que estamos somos las últimas, no viene nadie por detrás», asegura una mujer en cuyo establecimiento también se pueden encontrar vestidos y ropa de marcas seleccionadas, complementos y un sinfín de cosas con las que enriquecer la imagen en las ocasiones especiales, o no tanto.

Olena Nigeruk también tiene un taller en Vilagarcía, aunque en su caso —como en el de otros establecimientos de la capital arousana— no realiza trabajos de confección propia. Y no por falta de habilidad ni de conocimiento: Olena, que vive en Vilagarcía desde hace muchos años, se dedicó a esos menesteres en su Ucrania natal. Pero cuando abrió su negocio, hace de esto once años, se dio cuenta de que la gente no le da el valor debido a las prendas hechas a medida.

«Hay quien arregla prendas buenas, y quien te trae una camisa del Shein»

La nueva confección es, probablemente, la parte más satisfactoria del trabajo de las costureras y modistas. Los arreglos también pueden resultar estimulantes. «Hay quien te trae prendas buenas que tiene en el armario para ver qué se puede hacer con ellas», explica Mari Carmen. Hace unos días, sin ir más lejos, transformó un viejo chaquetón en una estola de pelo para una boda y va camino de reconvertir el resto de la pieza en una bonita chaqueta. Otra gente quiere dar un aire nuevo a un abrigo, ajustar un pantalón o una camisa después de un baile de tallas o reutilizar un traje de fiesta sin que se note... Pero esos arreglos de piezas de ropa de calidad no son los únicos que llegan a manos de las costureras vilagarcianas. «Hay gente que compra ropa de segunda mano, por Internet, y como no se la puede probar, en la mayor parte de los casos necesitan hacer ajustes», señala Pilar Abal. En el mismo cajón caen prendas de ropa adquiridas a muy bajo precio en portales como Shein. «Puede llegar gente que te trae una camisa que se compró ahí por dos duros. Normalmente son telas muy malas, con las que no es nada agradable trabajar», explica Olana Nigeruk.

La ropa de Shein es una nueva versión de unas prendas de calidad más que cuestionable que la gente adquiere atraída por su precio y por las urgencias de la moda. «Hay gente que va a una tienda, ve un modelo que le gusta pero que no le sienta bien, pero se empeña, se lo compra y te lo trae para que lo arregles. Y la mayor parte de las veces puedes hacer algo para que le siente bien, pero hay otros casos en los que no».