Los «indepes» de Vilaxoán

J. R. Alonso de la Torre REDACCIÓN / LA VOZ

VILAGARCÍA DE AROUSA

Esta villa y puerto fundada en 1490 fue colonia catalana en el XIX y ayuntamiento hasta 1913

23 jun 2020 . Actualizado a las 21:17 h.

Me gusta Vilaxoán. Quizás sea porque fui profesor en su instituto, a lo mejor se debe a que tiene un par de restaurantes sencillos donde se come muy bien, igual es por el paisaje, o porque me alojo allí a veces, o por los entierros. Sí, he ido a muchos funerales a Faxilde, a Renza, a Sobradelo... No conocía a los finados, pero eran entierros que se celebraban en campaña electoral, a ellos acudían todos los políticos y era un buen sitio para las confidencias y los off the records. En estos días de campaña, seguro que los entierros de Vilaxoán vuelven a estar muy animados.

En realidad, Vilaxoán me gusta porque es diferente y es auténtico. Frente a la Vilagarcía contenida, el Vilaxoán desbordado e imparable, sin disimulos. Empecé a conocer las claves de Vilaxoán en un partido Arousa-San Martín de principios de los 80. Había tal pasión en las gradas, tanta emoción en las jugadas y tanta intensidad en la afición femenina, que no entendía nada hasta que me explicaron que aquel partido era de alta rivalidad, que el fútbol era el último reducto donde se dirimían las cuentas pendientes entre Vilaxoán y Vilagarcía y que aquellas señoras tan apasionadas eran las abanderadas de un equipo, el San Martín, convertido en el símbolo de un pueblo que nunca renunciaría a su independencia moral de Vilagarcía.

El San Martín acaba de estrenar nueva camiseta y su diseño, además de bonito, recoge la enseña clave de la historia de la Villa y Puerto de Villajuán: el escudo de 1847 de su antiguo ayuntamiento. Como saben, Vilagarcía de Arousa existe desde el año 1913, cuando se unen los ayuntamientos de Vilaxoán, Carril y Vilagarcía en uno solo. Ya en 1836, según cuenta Manuel Villaronga en su libro Vilagarcía, Vilaxoán y Carril, hubo movimientos para unificar los tres concellos, pero el de Vilaxoán, reunido en sesión plenaria, detalló enérgicamente las razones por las que se oponía a la unión. Se consideraban capaces de formar por sí solos un ayuntamiento, aseguraban contar con comercio, fábricas y agricultura, descartaban la unión por estar alejados de Vilagarcía, a la que los unía un puente infranqueable durante los temporales y, sobre todo, si se producía tal unión, «se humilla el amor propio de los de Villajuán (...), alimentando la vanidad de sus rivales de Vilagarcía, que ufanos se jactan de la victoria, excitando con esto resentimientos y motivos de discordia cuyas consecuencias son siempre funestas».

Ahí está la clave de la personalidad y la fuerza de Vilaxoán: un amor propio y un orgullo colectivo que ha perdurado y ha dado sus frutos en instituciones, actividades y personajes como su festival de rock, el Fogar do Pescador, Vilaxoán Canta, su singular Enterro da Sardiña, su grupo folclórico As Revenidas, su Coral Polifónica, su asociación de vecinos, una de las más antiguas de Galicia, el campeón Felipe Pantera Rodríguez, futbolistas como Martín Santos, Ramón Búa e Isidro Cardalda o humoristas como Pepe Rubianes, adelantado con Gila del monólogo como vehículo de la risa y la idea, un género que ahora practica todo el mundo, pero que empezó a abrirse camino en España gracias a la inteligencia y al estilo tan de Vilaxoán del gran Pepe Rubianes.

En la política local del último cuarto de siglo, hubo un momento muy delicado cuando se produjo una escisión en el PSOE local de Vilagarcía que dio lugar al PSOE de Vilaxoán, con sede propia, postulados «independentistas» y mucho ruido. Fue un momento convulso que recogía el espíritu indómito de un pueblo cuyo himno acaba así: «Nuestra ruina vino a completar / al desagraviado pueblo de Vilaxoán / robaron el Esteiro, el ayuntamiento cayó / el muelle arruinado, la madre que los parió».

Lo cierto es que, según datos recogidos del libro Vilaxoán de Arousa. A realidades dun pobo de Teo Cardalda, a mediados del siglo XIX, Vilaxoán tenía más habitantes que Vilagarcía. Alrededor de aquel puerto y aquella villa fundados en 1490 por Xoán Mariño de Sotomayor, se habían instalado a finales del siglo XVIII 14 empresarios catalanes dedicados a la salazón de la sardina y a otros negocios pesqueros, textiles y vitivinícolas.

A principios del siglo XIX, Vilaxoán era una especie de colonia catalana, pero a partir de 1830 cierran las fábricas, la economía se estanca y las obligaciones municipales son tan gravosas que la unión con Vilagarcía y Carril acaba imponiéndose en el siglo siguiente. Podrían establecerse paralelismos «indepes» entre los catalanes y los de Vilaxoán. No tendrían sentido, aunque bien cierto es que el auge de la villa y el puerto debe mucho al impulso catalán, marca el imaginario colectivo y de él nace el recuerdo y el anhelo de aquel Vilaxoán activo y vivo que acabó siendo fagocitado por Vilagarcía.

En 1901, hubo en Vilaxoán un movimiento revolucionario marinero que reaccionaba contra el daño que hacía la traíña a la pesca de la sardina. Hubo una manifestación que acabó con varios heridos. Fueron necesarios 60 guardias civiles y un cañonero de la Marina para someter a los levantiscos y la revuelta, debatida en las Cortes, se llamó el «Motín de Vilaxoán». Fue un episodio más en la historia de un pueblo inconformista que hoy se resume en ese escudo municipal que ocupa la rompedora camiseta del San Martín... ¡de Vilaxoán!