El cocinero de los Juegos estrenó el hábito de fraile

Antón Paz repasa su dilatada experiencia olímpica, enriquecida con su nueva faceta de técnico en Río 2016


vilagarcía / la voz

Nos espera en su hogar de Vilagarcía, ese puerto seguro al que retorna al término de sus muchas largas travesías al reencuentro de la familia, con una merluza al horno rellena de gambas y de mejillones. «Algo típico de aquí que preparo cando temos convidados de fóra». Un lujo para quien se ha pasado casi media vida alimentándose a base de «peixes e verduras ao vapor regados con aceite de oliva» en la esquina del mundo donde tocase regatear. Y no porque a Antón Paz no le guste la buena comida. «É que é a forma de que os nutrientes se conserven mellor». Y ese, el control al milímetro de una alimentación sana, es una de las muchas razones que convierten a nuestro anfitrión en el primer campeón olímpico arousano y de la vela gallega, y el único vilagarciano que ha participado en tres ediciones de los Juegos. Una relación que iniciaba con coqueteo en Sidney 2000, y que ha vivido su último episodio en Río de Janeiro, en el estreno de Paz como entrenador olímpico, bajo la bandera del equipo griego de Nacra 17.

«En Sidney Fernando -Echavarri- e mais eu estivemos de espárrings do Tornado de Fernando León e de Pepote Ballester -el hoy imputado por el Caso Palma Arena-. Botamos alí un mes, e voltamos a España o mesmo día da cerimonia». A nivel extradeportivo, recuerda Antón, «só estivemos un día na vila olímpica», pero «aprendemos como afrontar o final dunha preparación olímpica, os posibles erros e acertos».

Cuatro años más tarde Echavarri y Paz relevaban a León y Ballester en Atenas 2004. «Fumos aló con aspiracións de facer algo». Y tres semanas después regresaron con un diploma, octavos, y la hoja de ruta hacia el oro de Pekín 2008 perfectamente delineada en sus cabezas.

«Vivimos os Xogos de Atenas con bastante tensión, con máis nervios ca en calquera outra competición. A repercusión mediática era algo distinto ao que coñeceramos», comenta Antón. Y de ello aprendió la pareja mientras disfrutaba del pack completo de la experiencia olímpica. «Vivín na vila, e fun ás dúas cerimonias». En la de apertura abrió su anecdotario: «Meu tío Carlos -Blanco, el conocido humorista y actor- chamoume por teléfono no medio da cerimonia na casa dos meus pais. E nese momento no que falabamos enfocáronme as cámaras de televisión e escoitei a toda a familia berrando».

En Atenas Antón también se topó con lo que más le ha llamado la atención alrededor de los Juegos, «a intensidade coa que os viven os voluntarios, con xente que cruza o mundo desde Australia pagándose a viaxe e o aloxamento, porque a organización só lles dá a roupa oficial e a alimentación». Un feliz descubrimiento solo superado por «vivir o espírito olímpico, comprobar que nos Xogos todos os deportes son iguais, e que todos os deportistas lle preguntan aos outros polo que fan» con independencia de disciplina, nación o palmarés.

Pekín 2008 le regaló a Paz su muestra más querida de la magia de ese espíritu olímpico tantas veces desdibujado por el color de los dineros. «Despois de gañar o ouro Fernando e mais eu fumos a Pekín -la vela se disputaba a kilómetros de distancia, en Quingdao- a unha entrevista en TVE, e pola noite convidáronnos representantes do goberno de España a unha cea nun restaurante. Coincidíu que alí estaba o equipo de baloncesto masculino celebrando o pase ás semifinais. Fun ao baño, e ao voltar Pau Gasol recoñeceume, paroume, felicitoume e preguntoume como fora. Iso dáche a perspectiva de que si, de que nos Xogos todos somos iguais».

Celebrar el oro con sus padres nada más salir de las aguas de Quingdao tras la última regata hizo de los Juegos de Pekín «os máis especiais» para Paz, con la anécdota de Gasol como colofón.

Los problemas médicos encadenados por Antón y su hermano Carlos en el 2015 «pasáronnos factura pola falta de rodaxe» en las pruebas de selección para el 49er español de Río. Seis años de sacrificios ahogados en la orilla.

Y la moneda cayó de canto

Para Antón al menos hubo algo de justicia. Tras el excelente trabajo realizado en concentraciones puntuales para los equipos neozelandeses de Nacra 17 desde el 2013, la tripulación griega de la clase supo ver aquello de que «quien fue cocinero antes que fraile, lo que pasa en la cocina bien sabe» fichándolo para Río a 4 meses vista. Y de no ser por una protesta el primer día del barco italiano que anuló un tercer puesto y consumió demasiado tiempo y energía en recursos burocráticos, el diploma, o incluso la medalla podrían haber entrado en el radar heleno, afirma Antón. Un profesional de los que mueven el mundo con una palanca, que relata como a punto estuvo de perderse la ceremonia de apertura -desde la grada- por trabajar en el nacra griego hasta dos horas después del horario de cierre del puerto olímpico.

Con el trabajo por delante, sin más caprichos que ver a la España de Gasol ganar su partido de cuartos de final, Antón sorbió en Río el poso amargo de ver que ni su amigo Echavarri ni su hermana Támara Echegoyen alcanzasen medalla. Pero también el sabor dulce del «orgullo e admiración polo acadado por Jordi -Aragonés-», el vilagarciano plata con la selección femenina de baloncesto.

En un mes Paz decidirá si sigue o pone fin a su carrera de regatista olímpico. Su hacer en la cocina, sin embargo, augura nuevos capítulos en su dietario de Juegos.

Diploma en Atenas 2004 y oro en Pekín 2008 en la clase Tornado, el vilagarciano se acaba de estrenar en Río como entrenador en unos JJ.OO bajo la bandera griega

Prototipo de los grandes campeones de la era dorada del deporte español, excepcionales en su modestia y cercanía, su experiencia le permite confirmar que sí, existe el espíritu olímpico, y goza de excelente salud

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