Pese a que lleva ya un largo tiempo en esto, a Tomás Fole le cuesta entender que en política, las formas son tan importantes como el fondo. A veces incluso más. Y en este asunto de Megasa, el regidor las ha perdido completamente. Porque aprobar contra reloj, y con una oposición furibunda y mayoritaria, un proyecto urbanístico que favorecerá a unos amigos no parece un buen ejemplo para cerrar su mandato al frente del Concello de Vilagarcía. Son esos mismos amigos con los que cenó no hace mucho en un restaurante de Carril en una velada que el propio Fole calificó de celebración estrictamente personal.
Por eso es tan curioso, y personalmente me atrevo a decir que poco creíble, que el regidor asegurase ayer que no sabe lo que sus amigos, esos con los que disfruta de celebraciones íntimas, van a hacer en los terrenos de Megasa. Habrá quien piense, a la vista de sus palabras, que el alcalde se ha olvidado de sus funciones, pues lo lógico sería interesarse por los detalles de un proyecto que ha levantado ampollas entre sus vecinos. Esos mismos vecinos que pagan su nómina, por cierto. Sí sabe Fole que el plan de Megasa, unido al de Eroski, generará 300 empleos. Extraño. Muy extraño. ¿No conoce el proyecto pero sí cuánto empleo generará? Difícil de creer.