Compensar los recortes que nos separan del Sáhara

Rosi organiza desde Valga una subasta para recaudar fondos y pagar las Vacaciones en Paz de una niña del desierto


vilagarcía / agencia

A Glana no le gustan las fotos. Por eso, en la vivienda de Valga en la que esta niña saharaui ha pasado los dos últimos veranos hay pocas instantáneas suyas. En casa del herrero, cuchillo de palo: Rosi, su familia española, es fotógrafa profesional. El 5 de mayo expondrá en Valga algunas de las imágenes que ha ido tomando a lo largo de su travesía vital. Son instantáneas a subasta por una buena causa: necesita recaudar los 890 euros que cuesta el viaje de la menor desde el campo de refugiados en el que vive, hasta su hogar gallego.

Tras varios años viendo recortadas las aportaciones de las administraciones públicas al programa Vacacións en Paz, la asociación Solidaridade Galega co Pobo Saharaui ha tenido que tomar una drástica decisión: pedir a las familias acogedoras que hagan frente a buena parte de los gastos del viaje de los niños del desierto. «No nos gusta nada tener que tomar esta medida, porque ya sabemos que las familias tienen que hacer frente a muchos gastos, pero no nos queda otra opción», explicaba ayer Isabel Muñiz, responsable del programa Vacacións en Paz.

Cuando se enteró de la mala noticia, Rosi decidió que tenía que hacer algo para intentar recaudar fondos y traer a Glana a Valga. La niña tiene doce años, «así que este es el último verano en que podría participar en el programa. Ya empezó tarde en él, siendo bastante mayor, y no queremos que pierda esta última oportunidad», cuenta Rosa.

Porque para los chavales del Sáhara, Galicia es mucho más que un destino de vacaciones. Es una oportunidad de ensanchar horizontes, de vivir sin estrecheces. En algunos casos, es el lugar en el que encuentran un tratamiento médico para algunas de sus dolencias.

«Para ellos es una oportunidad enorme, enriquecedora, pero para nosotros también», confiesa Rosi. Y es que se aprende mucho en los rostros de los niños del desierto. En sus gestos de sorpresa cuando descubren que pueden hacer manar el agua de los grifos con solo mover una palanca. «A Glana, aunque es una niña muy espabilada, le sorprendió muchísimo lo del agua», recuerda Rosi de aquel primer verano que la pequeña pasó en su casa. «Muchas noches, cuando se iba a acostar e íbamos a ver si estaba bien, nos la encontrábamos en el suelo, porque no estaba acostumbrada a dormir en una cama. Para ella era una novedad», explica la fotógrafa.

Glana, cada vez que viene a Galicia, llega con la maleta vacía. «No tienen nada. Hay que comprarles ropa, calazado... todo», cuenta Rosa. Cuando se van, se llevan en su equipaje un montón de cosas para ellos y para sus familias. «Durante el año les enviamos paquetes de comida, y es muy caro. Mandar un paquete de arroz cuesta cuatro euros», explica Pardagunde. Es dinero bien invertido, dice, pero dinero al fin y al cabo. Hay que poder disponer de él. Y por eso tener que hacer frente a los 890 euros del billete, y los visados, y los seguros, puede convertirse en un peso inasumible para muchas familias acogedoras.

Buscando fondos

«Los que ya acogimos otros años vamos a buscar ese dinero como sea. Porque les coges cariño a los niños, y quieres verlos y que tengan la oportunidad de pasar un par de meses aquí. Además, ellos no entenderían que no lo hiciésemos. ¿Cómo se lo explicamos?». Pase lo que pase en la subasta de fotos del 5 de mayo, «Glana va a venir, ya lo hemos decidido». Es un sacrificio económico que la familia Pardagunde ha llegado a la conclusión de que puede asumir, de que le compensa.

Pero habrá casas en las que el músculo económico no permita afrontar esos gastos extra. En Solidaridade co Pobo Saharui lo saben. Es el último ataque de la crisis. «Hubo veranos en los que vinieron a Galicia más de ochocientos niños. El año pasado fueron 291», explica Isabel Muñiz. «En un contexto de crisis, lo primero que recortan las administraciones es en este tipo de acciones», razona. En estos tiempos de vacas flacas, las familias también tienen que fijar sus prioridades y establecer sus límites. Ustedes pueden ayudarlas: vayan a Valga y compren una foto. Por Glana.

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