Supervivientes de los múltiples cracks

Un puñado de empresas superan los cien años en la comarca; la mayoría de sus responsables creen que la crisis actual es la más grave que padecieron en décadas


vilagarcía / la voz

Superaron el crack de la Bolsa de Nueva York de 1929, la primera vez que se constataron los pros pero también los contras de un mundo que se estaba globalizando. Superaron también las dos guerras mundiales y otros conflictos caseros, como la Guerra Civil, o la crisis del petróleo de 1973. Y sin embargo ahí siguen, contra viento y marea. Son las empresas centenarias que sobreviven en la comarca, y que no llegan a la veintena. Y son, por su experiencia, por los consejos privilegiados de los abuelos fundadores y porque los años proporcionan herramientas para la supervivencia, las voces más autorizadas para hablar de la crisis actual. Porque está extendida la idea de que es la más grave en la historia de la democracia española, pero es una opinión que se suele pronunciar sin perspectiva. Ellos, los herederos de las empresas centenarias, están de acuerdo en que se trata de una crisis muy grave y que se tardará años, incluso décadas, en volver al nivel económico que había antes del 2007, pero también coinciden en señalar una serie de errores que se cometieron en los últimos años y que ellos evitaron precisamente por eso, por seguir el ejemplo de sus antepasados y repetir estrategias que en otros tiempos evitaron que tuvieran que echar el candado.

Son, entre otras, las consignatarias García-Reboredo y P&J Carrasco, así como la zapatería Acosta, en Vilagarcía; la joyería Villar, en Cambados; la panadería Besada, en O Grove; la conservera Pérez-Lafuente, en Vilanova, o la bodega Palacio de Fefiñáns, en Cambados. Hay algunas más, pero no muchas. Porque si bien es cierto que estas firmas familiares contaron con más fortalezas para sobrevivir a la debacle actual, también es verdad que no todas pudieron hacerlo. La crisis se llevó por delante a algunas empresas señeras y centenarias en la comarca.

Homenaje en la Cámara

En el año 1999, la Cámara de Comercio de Vilagarcía cumplía cien años de existencia, y con ese motivo, la directiva rindió homenaje a las empresas que los acompañaban desde el principio de los tiempos. Entonces eran trece las sociedades que habían superado el siglo de vida -hay que tener en cuenta que la demarcación cameral incluye a concellos de cinco comarcas: Pontevedra, O Salnés, Caldas, Tabeirós-Terra de Montes y Deza-; ahora son más, pero algunas de las que estaban entonces ya echaron el cierre, como pasó con la emblemática Relojería Silva, en Vilagarcía -era la que se encargaba del mantenimiento de las cuatro esferas del reloj del Obelisco- o Novo y Sierra, en Valga, que dejó hace unos años a sus empleados en la calle dando así carpetazo a décadas de éxitos empresariales en el sector de le cerámica.

Estrategias de mercado

Las demás, ahí siguen, con los nietos o los bisnietos de los fundadores al frente del timón, porque salvo excepciones, la mayoría están en manos de la misma familia que las creó, y ese es, de hecho, una de las claves que les permitió sobrevivir, porque en tiempos de vacas flacas como los que superaron en el pasado y como los de ahora, echaron mano del patrimonio familiar para solventar la falta de crédito y se buscaron nuevos mercados como tuvieron que hacer otras veces en el pasado. Pero sobre todo, conocían el negocio, porque esa es otra de las debilidades que encuentran en firmas de nueva creación, que están en manos de gerentes noveles en el sector que pudieron sobrevivir a los años de bonanza, pero que se encontraron sin estrategias cuando llegaron los malos tiempos.

Eso no implica que no admitan que ha sido y es una de las peores crisis en la historia de la democracia española, porque si bien otras veces se encontraron con problemas de liquidez o con intereses bancarios tan altos que les impedían financiarse, al menos había actividad. Por eso coinciden en que la crisis actual es, sobre todo, una crisis de expectativas, y auguran que durará décadas, aunque también es verdad que empiezan a notar una ligera recuperación que -dicen- puede paralizar el cierre de empresas, pero que tardará en hacerse notar entre la población.

La experiencia les sirvió a todas ellas para capear la recesión económica

Algunas, como la Relojería Silva o Novo y Sierra, no pudieron superar la debacle

«Salimos adelante con los arreglos, porque vender...»

La Consellería de Industria y Comercio les reconoció el año pasado sus más de cien años de historia, y lo hizo en un momento en el que los hijos de Juan Manuel Villar capean el temporal para sacar adelante el negocio familiar y dar de comer a sus cuatro hijos y a un nieto. Porque como reconoce el patriarca de la familia, «ahora salimos adelante con las composturas y los arreglos, porque vender...».

Sin embargo, el mayor de la saga de los Villar de Cambados está convencido de que también se saldrá de esta. «Yo creo que se superará -dice-. Hubo otras crisis anteriores que se superaron, y se hizo trabajando». Porque su negocio ya pasó por otras, así que esta les asusta menos.

La joyería Villar fue creada en 1890 por Gerardo Villar, y ahí sigue. Como recuerda su nieto, «era joyería, relojería y óptica. Las gafas se hacían a mano, pero se vendían pocas, porque ¿quién iba a poder pagarse unas gafas? El juez o el notario, y los demás, si no veían que se las apañasen». Lo que más se vendía eran relojes y joyas, pero de plata, «porque tampoco había mucha gente que pudiese comprar oro».

Luego vinieron tiempos mejores, lo que no quiere decir que no haya habido que superar otras crisis. «Recuerdo una a finales de los setenta y principios de los ochenta que no se vendía nada, pero como pasa ahora, se pudo salir adelante con los arreglos».

Ahora les toca pelear a sus hijos y el abuelo disfruta de la jubilación paseando por la comarca. Pero casi todos los días va por el comercio y pese a sus 82 años, se conecta a Internet para ver las ofertas que hay. Quizás en ese espíritu esté también la clave de la supervivencia.

«Hoy muchos abren y cierran porque no saben del negocio»

Atesora uno de los negocios más emblemáticos de Vilagarcía, porque la zapatería Acosta no solo es centenaria y permanece en manos de la misma familia, sino que Luis Manuel Acosta, el nieto del fundador, se mantiene fiel al espíritu y la estética del establecimiento que creó su abuelo en la plaza de Galicia en 1904, hace 111 años. Porque si entonces los zapatos se hacían a medida y Benito Acosta se encargaba de calzar a todo un equipo como el Arousa, ahora su nieto procura salirse de las tiranías de la moda y sigue ofreciendo un calzado exclusivo marcado por la calidad. Y eso lo saben sus clientes, que permanecen fieles.

Con todo, como no tiene hijos, sabe que el negocio morirá con él. Pero él piensa seguir hasta que se jubile, y cree poder hacerlo porque la experiencia de sus antepasados le han dado una serie de claves para conocer el negocio en el que se crio. Eso es lo que él echa en falta en muchos de los comercios que ha visto cerrar en los últimos años. «Hoy muchos abren y cierran porque no saben del negocio, no entienden de zapatos. Es como si yo monto una farmacia, pues me va a ir mal, claro».

Recuerda, porque se lo contaba su abuelo, que la familia lo pasó mal con las sucesivas guerras, pero «por lo menos después de la Segunda Guerra Mundial hubo un aliciente porque había que reconstruir y fabricar, en cambio ahora está todo parado». Con todo, él cree que la recesión actual «es un bache», y que se solventará. «Tenemos que pagar la deuda de todo lo que se derrochó. Yo no sé si es la peor porque lo de atrás siempre se olvida, pero sé que tardaremos cuarenta años en volver a estar como antes».

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
2 votos

Supervivientes de los múltiples cracks