El palomar El curso ha muerto, viva el verano. Los chavales celebraron a lo grande el inicio de dos meses y medio de envidiable asueto
20 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.Leía el otro día una acertada reflexión, creo recordar que realizada por el escritor neoyorquino Paul Auster. El autor de la Trilogía de Nueva York venía a decir algo así como que los únicos que son capaces de concebir el descanso, la folganza, sin límite son los niños. No puedo evitarlo. Las imágenes de los colegios de Carril e Infesta, en Pontecesures ofrecen sólo dos ejemplos del desparrame festivo que ayer recorrió los centros escolares de la comarca. Pero bastan para que mi mente y mi corazoncillo -lo tengo, aunque algunos malpensados no lo crean- vuele hacia atrás en el tiempo. ¿Todavía son capaces de recordarlo? Parecía que el mundo se había detenido. Las hogueras de San Xoán marcaban el banderazo de salida para un tiempo casi eterno de aventuras. Qué tardes interminables, a la sombra, bajo el sol, en la playa o en cualquier parte. Aquel estado espiritual resulta irrecuperable. ¿Cómo dejar volar la mente con tantos desfiles de moda, tantas conferencias? Ah, cuánto trabajo. Felices ellos. Que lo disfruten.