Se trata de Rubén Prol, Miguel Fontoira, María José Rubirosa y José Dávila
22 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Si por algo destaca Pinchanogrove más allá de lo culinario es por su cuidada imagen y por una reconocible marca que, cada vez más, traspasa fronteras. Detrás de ella se esconden cuatro talentosos mecos, que demuestran que O Grove es algo más que un destino de sol y playa donde se sirve a la mesa un producto de diez. Nada en esta ruta queda al azar. Quizás con una buena organización y media docena de bares hubiese bastado para poner el certamen en marcha, pero su creador, Alberto Figueiro, quiso que no fuese un concurso más de los cientos que proliferan por todo el territorio nacional.
Delegó la imagen gráfica en Rubén Prol, diseñador y tipógrafo, también meco, con una única premisa: «Que el logotipo no fuese una brocheta», recuerda Figueiro. Fue así como Rubén comenzó a trabajar en la identidad de esta ruta culinaria en el año 2012. «Quería buscar algo diferenciador, e de aí saíron dúas propostas: un cactus e un ourizo», recuerda. «Impúxose o ourizo porque eses ollos espertan moita tenrura», dice. Faltaba incluir algunos detalles que representasen la parte culinaria, así que le añadió un gorro de cocina que lleva un detalle especial, unos pliegues que representan una «L» y una «U», en recuerdo al hermano de Figueiro, que había fallecido poco antes. Así es como esa doblez se ha convertido en un homenaje perenne, aunque pocos lo sepan, a Luis Miguel Figueiro Romay.
De esta manera, Rubén Prol, uno de los creadores de la letra Fontoira, se convirtió en el padre de Pinchiño, y no, no lo bautizó él. El personaje traspasó la pantalla del ordenador para convertirse en peluche, una tarea que fue encargada a María José Rubirosa, creadora de Bétula, una marca que fabrica todo tipo de muñecos personalizados. «Probamos en distintos tamaños e con diferentes texturas e así saíu Pinchiño», cuenta subrayando que la libertad creativa fue total. Tras varias pruebas, comenzaron a salir de su taller las réplicas, realizadas con fieltro y detalles cosidos a mano. Nacieron para presentar la cita y ser pieza publicitaria. Llegaron a La Resistencia y uno de ellos acabó en las manos de David Broncano, toda una satisfacción para la artista, que este año asumió el reto de dar vida a Dociño, el alter ego de los dulces, del que es responsable Miguel Fontoira, otro diseñador que se debatió entre un pancake y un donut para aumentar la familia. «Foi divertido, pensei en modificar o gorro e poñelo estilo pasteleiro ou engadirlle ferramenta, pero decidín reinventalo», comenta.
Los dos erizos entraron este año por la puerta del taller de José Dávila para ser reproducidos en cerámica —con un estilo que esta vez se aleja de la línea delicada que el autor suele imprimir a sus piezas— y convertirse en los trofeos de la presente edición. Dos erizos con pedigrí que quedarán a partir de hoy expuestos en los negocios ganadores. Dávila asumió el desafío encantado: «Houbo que facer un par de probas para axustar grosores, pero foi sinxelo, case levou máis tempo pintalos que facelos», explica.
Se podría decir que la máxima de Pinchanogrove es desde luego, de lo más culinaria: «O talento coma os ovos, mellor se son da casa».