El hombre que buscó otro uso a las conchas

José Botana Barbeito fue el precursor de las collareiras y el responsable de que el nombre de O Grove sonase en París


o grove / la voz

Hubo un tiempo en que O Salnés acogía la única fábrica de conchas de España. Donde los trabajos que allí se hacían eran dignos de las cortes reales o de las más prestigiosas exposiciones internacionales. Hubo una época en la que en esa fábrica trabajaban más de ochenta personas, que colaboraron con sus conchas en la elaboración de una reproducción del Mihrab de Córdoba. Y hubo un hombre, José Botana Barbeito, que se empeñó en demostrar a todo el mundo que de trabajar las conchas, un producto que entonces estaba tirado en las playas, podría nacer una industria floreciente. No se equivocaba.

Su historia nos la cuenta Fran Meis, historiador de O Grove que lleva años buceando en archivos para rescatar la memoria de un hombre «que levou o nome do Grove ás exposicións internacionais de París, Viena, Philadelphia», explica. Estamos hablando de los años 70, de los 1870. «Nas exposicións internacionais de entón mostraban os seus produtos os empresarios e el é unha das persoas seleccionadas para amosar a súa obra», añade. Para contar su historia tuvo la ayuda de Carmen Cadavid Botana y Josefa Cid Cadavid, «que son o enlace directo cunha época que se perdeu, as únicas que recordan aos sucesores de Botana», añade.

La historia empieza en una casa de Dena cuando Botana Barbeito, descendiente de una familia adinerada, abre su primera fábrica de conchas. «Era xoieiro, un emprendedor moi creativo, un industrial innovador que vivía das terras que tiña», asegura Meis. Entonces, tenía veinte años. Tras casarse con Carmen Gómez Bares, hija del farero de Sálvora, hereda el pazo de O Sineiro, en O Grove. Y allí traslada su actividad. La fama le llega en los años 50 (1856-57) cuando regala a Isabel II una silla decorada completamente con conchas. Es un trabajo artesano y muy laborioso, casi una joya. Posteriormente, confecciona una canastilla para Alfonso XII, siguiendo el mismo método. Otro de sus conocidos trabajos es la reproducción de la capilla del Mihrab, de la mezquita de Córdoba. La elabora en colaboración con los hermanos Zuloaga y los mosaicos «van ser todos de cunchas nacaradas feitas na fábrica do Grove», sostiene Meis.

Botana Barbeito hace verdaderas joyas con las conchas. «Son obras de arte con prata e cunchas. As pule, as trata e as recorta para facer os seus deseños», explica el historiador meco. Y, sin saberlo, se convertirá en el precursor de las collareiras, uno de los oficios más característicos de O Grove. «As colareiras son a súa herdanza. ¿Por que non nace esta industria en ningún lugar de España?», se pregunta Meis. En 1895 Botana Barbeito fallece, pero sus sucesores todavía mantienen funcionando la fábrica de O Sineiro. «A fábrica vai esmorecendo e a xente que traballou alí, como Natalia Prego, decide facer o mesmo que facía Botana», relata. A partir del año 1900 ya ha constancia de que en la isla de A Toxa se empiezan a vender conchas a los turistas. «Venden as cunchas tal e como veñen da praia, sen sacar o nácar. Podería dicirse que é a vulgarización do arte de Botana», sostiene Meis. Un dato más, Botana propuso a los Amigos del País de Santiago usar la concha de vieira con fines decorativos. «Quen lle ía dicir a el que anos despois se ían usar esas cunchas para construír a capela da Toxa», concluye.

Todas estas historias, y otras muchas, las relatará Meis en una conferencia titulada «A historia oculta da orixe dos colares da Toxa», que se impartirá el próximo domingo, día 15, en la carpa institucional. Será a partir de las ocho de la tarde cuando Meis desgrane la vida de este empresario e inventor que no se equivocaba al apostar por que en la venta de las conchas había futuro.

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