Da que pensar que el concejal Abal, el hombre que tanto se opuso a la peatonalización de Fefiñáns, se ponga ahora estupendo y decida, con alegría y desparpajo, aparcar sus funciones en el Concello de Cambados hasta nuevo aviso. O hasta el lunes. O hasta cuando le venga en gana, porque, instalados en este tiovivo del absurdo, con idéntico motivo podría decidir estacionar sus atribuciones hasta el año que viene o, metidos ya en faena, hasta las siguientes elecciones municipales. ¿Por qué no? Dicen que el porvenir es de los valientes y, por lo visto, atrevimiento a Abal no le falta.
Hay diversas lecturas que hacer de la trayectoria de este hombre en el cuatripartito. Pero este último paso suyo delata un mal demasiado extendido entre nuestros políticos locales: la idea de que la concejalía de turno es suya y que, lo mismo que uno deja el Polo o el Saxo en zona azul durante el fin de semana, puede también aparcar hasta el lunes sus competencias en la puerta del Concello para recuperarlas la semana que viene como si tal cosa. No, amigos. Lo único que la ley atribuye al munícipe elegido es su acta de concejal. Por eso cualquier edil puede mantener el asiento en el pleno aunque haya sido expulsado de la formación por la que concurrió a los comicios. Las áreas de gobierno, en cambio, nunca son de su propiedad. Se trata de funciones que la alcaldía -desempeñada en este caso por la socialista Fátima Abal- delega en el señor o en la señora en cuestión.
Lo que Abal se dispone a seguir perpetrando es un secuestro de competencias en toda regla. Y ya va siendo hora de que les llamemos a las cosas por su nombre. ¿O es que acaso las necesidades de los cambadeses en materia de Urbanismo y Obras, o esa Cidade Europea do Viño tan querida a nuestro hombre, se van también de fin de semana sin más? Este aparcamiento es intolerable y lo que merece es que la grúa, también bajo su órbita, lo conduzca al depósito municipal.
Que el gobierno a cuatro es un grupo complicado y pleno de roces es algo tan cierto y conocido como que ciertos sectores conservadores se han abandonado a una suerte de guerra sucia en la que casi todo vale, hasta defender que quien se ha apropiado de marisco siga en su puesto, con tal de desgastar las posiciones progresistas que operan en la sociedad cambadesa. Algunos pronosticaban un hundimiento de la villa con el paso del PP a la oposición. Algo que en absoluto ha sucedido, por la sencilla razón de que nadie es imprescindible. Quien gane o quien pierda debería hacerlo por sus propios méritos. Incluido Abal, que bien podría haber planteado su mosqueo de puertas adentro, si es que quiere quedarse, o irse, directamente, si eso es lo que le pide el cuerpo.