La marea roja ya ha afectado antes a los bancos marisqueros arousanos, pero nunca a tantos al mismo tiempo y por un período tan prolongado
13 may 2015 . Actualizado a las 13:33 h.Los bateeiros arousanos llevan años acostumbrados al compás de espera que marcan las mareas rojas. El sector marisquero, sin embargo, vive con cierto desconcierto el episodio tóxico que afecta a la ría. «É a primeira vez que eu recorde que tivemos todo pechado, que non temos onde traballar», explicaba ayer la vicepatrona de O Grove y responsable del sector del marisqueo a pie.
Lleva razón. Las mareas rojas que en anteriores ocasiones afectaban al marisqueo lo hacían de forma escalonada, dejando siempre un resquicio en el que poder arañar almejas y berberechos de los fondos. Sin embargo, desde la pasada semana todas las concesiones de O Grove están cerradas a cal y canto. Y con la zona seis, la situada entre A Illa, Vilanova y Cambados, abriéndose y cerrándose de forma intermitente, los mariscadores de estos pósitos tampoco tienen alternativas.
En el año 2005, cuando las toxinas azotaron con una virulencia especial la ría de Arousa, los bancos marisqueros también se vieron afectados. En el mes de mayo, el episodio obligó a parar a todas las zonas marisqueras de la ría, sin excepción. Pero en aquel momento, la zona cuatro y la cinco -las situadas en la parte más interna de la ría- apenas pasaron cerradas dos días.
Pero entre la situación actual y la que se produjo hace diez años hay notables diferencias. No solo la duración de los parones impuestos por la toxina. Entonces, el sector marisquero tenía reservas con las que hacer frente al revés que suponía la marea roja. En la actualidad, el paro forzado por estos episodios viene a debilitar y a complicar aún más la situación de la flota de rañeiros, que ya vieron como hacía aguas la campaña en las zonas de libre marisqueo y que arrastran, además, los efectos de dos meses de paro.
«A xente está preocupada», dicen, uno a uno, los patrones mayores consultados. Desde O Grove hasta Vilanova, la incertidumbre sobre cuándo puede acabar esta pesadilla está haciendo mella en un colectivo que mira con un desasosiego creciente unas aguas que, reconocen quienes las trabajan, «están oscuras, como negras».
Contra la toxina nada se puede hacer, salvo esperar. Y para que la espera sea más liviana, mariscadoras como las de O Grove ya tienen previsto invertir las jornadas en las que no puedan salir a faenar en realizar resiembras y trabajos de limpieza. «O ideal sería que nos abrira algunha zona para poder ir gañando algo», dice Lola Gondar. Ojalá ese deseo, que se formula en cada puerto, se vea pronto cumplido.