El café sube, pero los bares resisten

José Ramón Alonso de la Torre
J.R. Alonso de la torre REDACCIÓN / LA VOZ

AROUSA

MONICA IRAGO

En España, hay un café por cada 175 habitantes y en O Salnés, una licencia de bar por cada 85

25 feb 2026 . Actualizado a las 10:01 h.

Ha subido el café. En noviembre lo tomaba a 1.30 y en enero me lo cobraron a 1.50 en los bares que frecuento por la plaza de Galicia de Vilagarcía. Eso sí, se mantiene la cortesía de servirlo con un pedazo de bizcocho, medio cruasán o una tostada con aceite. A pesar de la subida, aún bebemos un café barato: en el bar de mi barrio en Cáceres estaba a 1.60 y desde hace unas semanas, me lo cobran a 1.80.

En los bares de Vilagarcía y de Galicia, los refrescos se sirven sin hielo, las cervezas son siempre de un tercio, como en Portugal, y el cliente tiene un par de periódicos a su disposición, uno de ellos será siempre La Voz de Galicia. Esto del café con periódicos tiene un peligro: puede entrar un cliente y ocupar una mesa durante dos horas con un cortado y un vaso de agua mientras lee minuciosamente tres diarios e incluso hace los crucigramas de los tres.

Para evitar la okupación, algunos cafés norteamericanos cuentan con desalojadores, que te exigen renovar las consumiciones, y en el Café del Centro, situado en la plaza Mayor de Lugo, prohibieron calcetar porque las señoras se pasaban allí la tarde cosiendo y bebiendo un vaso de leche. A pesar de haber perseguido la calceta, le tengo cariño al Café del Centro porque, en el verano de 1987, pasaba allí los ratos libres escribiendo a mano artículos para la edición arousana de La Voz. Fue en ese café donde decidí centrarme en la colaboración periodística y dejar otras actividades a las que me dedicaba. Como eran artículos cortos, no ocupaba la mesa mucho tiempo y no me prohibieron escribir.

Solo me han echado una vez de un bar por okupa. Fue en la ciudad alemana de Colonia, durante un intercambio escolar del IES Armando Cotarelo de Sobradelo con el instituto renano de Korschembroich. Llevábamos allí menos de una hora y éramos una docena de clientes consumiendo, pero, inexplicablemente, nos conminaron a pedir otra ronda o marcharnos. Algo parecido se ha puesto de moda en el turístico barrio de La Barceloneta. Allí hay bares como el Perfetto, donde un cartel colocado en las mesas avisa de que un expreso cuesta inicialmente 1.30 euros (precio de antes de la subida del café), pero solo la primera media hora. El precio sube a 2.50 euros a partir de 30 minutos y a 4 euros si estás más de una hora. En Vilagarcía no hay problema, puedes demorarte cuanto quieras y ningún camarero te mira mal.

A finales del siglo pasado, Finlandia tenía una de las tasas más altas de suicidios del mundo: 30 por 100.000 habitantes, cuando el promedio europeo era de 10. La respuesta del gobierno fue agresiva y basándose en la educación, la información y la formación de los trabajadores de la salud, consiguieron que la tasa bajara a 13. Actualmente, Finlandia destaca en las estadísticas por cuestiones más positivas como la educación. Y algo curioso: son los europeos que más café consumen: 12 kilos al año por persona.

Asociar el café con el bienestar y la educación no sería científico, pero es cierto que los estudiantes beben café para estimularse y aumentar la atención y es innegable su acción euforizante. Es en los países escandinavos y del norte de Europa donde más café se consume: entre 7 y 10 kilos por año y persona en, por este orden, Noruega, Islandia, Dinamarca, Holanda, Suecia, Suiza y Alemania. En los países con pocas horas de sol, se recurre al café para espantar las sombras.

Otro país muy cafetero es Portugal. La Associação Industrial e Comercial do Café (AICC) calcula que al otro lado de la raya hay un café o cafetería por cada 160 portugueses y apunta que el 60% del café se consume fuera de casa, en los bares, y el 40%, en el hogar. Los portugueses preparan el expreso con 6.5 gramos de café a nueve atmósferas de presión, el agua a una temperatura de 85-94 grados y 30 segundos de extracción. Lo beben al instante y se fijan en que el color de la crema sea avellana, tenga tres centímetros de espesor y persista de dos a tres minutos. Pasado ese tiempo, ningún portugués sensato se bebe una bica (Beba Isto Com Açúcar). Además, en los bares portugueses, las tazas están boca arriba encima de la cafetera encendida porque lo que debe estar caliente es la base para que no se espante el café. Boca abajo, a la española, se calienta el borde, que puede quemar los labios, y el fondo quedará frío.

En España, hay un café por cada 175 habitantes y en Europa, uno por cada 400. Decía el filósofo George Steiner que «mientras haya cafés, la noción de Europa tendrá sentido»; Julio Camba escribió en El Café y la revolución que se pueden destruir todos los cafetales y todos los locales, pero «la institución Café seguirá tan firme» y las estadísticas en O Salnés les dan la razón porque aquí batimos todos los récords: una licencia de bar por cada 85 arousanos, con O Grove y Vilagarcía liderando la relación café/ciudadano. El café ha subido de precio, sí, pero los bares resisten y Europa tiene más sentido que nunca.