La lluvia de este enero, lejos de llegar al récord de precipitaciones del 2014

Antonio Garrido Viñas
antonio garrido VILAGARCÍA / LA VOZ

AROUSA

Martina Miser

Los pluviómetros rozaron entonces los 400 litros por metro cuadrado; este año no se han alcanzado aún los 300

27 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Si hay una memoria frágil, esa es, sin duda, la que tiene que ver con la meteorología. No hay más que poner el oído en las conversaciones de estos días para constatarlo. Parece que está lloviendo como nunca en este mes de enero y, sin embargo, no es así. Buena parte de culpa de esa sensación tiene que ver con el hecho de que, según los datos de las estaciones las cosa están cambiando. Durante décadas, enero fue sinónimo de gris, humedad persistente y una rutina meteorológica casi previsible. Sin embargo, el análisis de los datos de los últimos 30 años dibuja un escenario muy distinto: el mes que antes simbolizaba la normalidad se ha transformado en un territorio de extremos, imprevisible y difícil de encajar en cualquier promedio estadístico.

El ejemplo más recordado es enero de 2014, el año en que el Atlántico no dio tregua. Aquel mes, Vilagarcía se situó en el centro de un fenómeno que los meteorólogos bautizaron como tren de borrascas. Una sucesión casi ininterrumpida de temporales y ciclogénesis explosivas barrió la costa gallega y dejó en el pluviómetro una cifra récord de 393 l/m2 en la estación de Corón.

Este año, la estación de Corón, a falta de sumarle los datos de ayer, no ha llegado todavía a los 300 l/m2. Cierto es, que, si se cumplen las previsiones, la cifra podría estar al alcance porque parece que las borrascas no van a dar tregua en este mes de enero. Ayer, a media tarde la cifra era de 42 l/m2.

Pero la historia climática reciente de O Salnés no se explica solo desde la lluvia torrencial. El otro extremo también dejó huella. Hace solo tres años, en el 2022 apenas se registraron 52 milímetros en todo el mes. Un potente anticiclón de las Azores se instaló sobre la península como un muro invisible, bloqueando la llegada de borrascas. Algo parecido había sucedido cinco años antes, cuando en el 2017 se recogieron 79,4 y solo dos años antes, un total de 62. Es decir, alrededor de la mitad de lo que se puede considerar un mes de enero normal

La serie histórica deja una conclusión clara: el enero típico ha desaparecido. En su lugar, la ciudad ha pasado a convivir con una alternancia brusca entre episodios de lluvias desbordadas y sequías casi absolutas.

El recuerdo del 2006 y el retraso de los tanques de tormentas

 

Cualquiera alerta sobre inundaciones en Vilagarcía trae a la memoria lo sucedido en noviembre del año 2006. Veinte años después todavía colea en la ciudad lo sucedido en una jornada tremenda , que acabó siendo un desastre con cientos de coches y de negocios muy dañados o, literalmente, echados a perder.

Quince años más tarde, y en un afán por intentar mitigar, evitar podría ser un verbo muy drástico y excesivamente optimista, daños en una situación similar a la ocurrida en el 2006 y las obras fueron adjudicadas por la Xunta en octubre del año 2022 por un total de nueve millones de euros. Poco después, en marzo del año 2023 comenzaron los trabajos de unas infraestructuras con unos volúmenes de retención que alcanzarán los 3.700 y 2.080 metros cúbicos, respectivamente. Además de actuar sobre la red en Rodrigo de Mendoza, la Xunta tenía previsto otro colector en la avenida de Cambados.

El problema es que está muy próximo, apenas unas semanas faltan, para que se cumplan los tres años desde que comenzaron unas obras cuyo final no se vislumbra y que han provocado innumerables incomodidades a los ciudadanos durante todo este tiempo.