O Salnés tiene un nuevo templo para los veneradores de la cultura del tatuaje

xacobe lamas VILAGARCÍA / LA VOZ

AROUSA

Carmen Cuervo y Peter dejan su impronta sobre la piel de uno de sus clientes, con un diseño original.
Carmen Cuervo y Peter dejan su impronta sobre la piel de uno de sus clientes, con un diseño original. Elena Fernández

Peter y Carmen Cuervo abren El Dragón, un salón tradicional en Vilagarcía

17 dic 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

El «boom» de los tatuajes es indiscutible. No es solo que cada vez más gente se anime a decorar sus pieles, sino que el perfil de los interesados es mucho más amplio ahora que hace veinte años, cuando aún se asociaba mayoritariamente con las culturas alternativas. Una noticia que abre oportunidades para el sector de los tatuadores, pero que tiene su contraparte negativa. La cultura tradicional del tatuaje, como todo aquello que se populariza en un mundo globalizado, se va diluyendo. Ponerse en manos de un artista, abrazar sus diseños y su técnica, su firma, hacer del cuerpo un lienzo y construir comunidad en torno al salón. Eso es lo que Carmen Cuervo y Pedro González, Peter, añoran y quieren recuperar a través de El Dragón, un estudio de tatuaje que han abierto en una plaza privilegiada, un bajo de la avenida Juan Carlos I, la arteria vital de la capital de O Salnés.

Se trata de la primera aventura empresarial de estos dos vilagarcianos, pareja de mucho tiempo y ambos graduados en Bellas Artes, que antes pasaron sus años haciendo «la mili del tatuador» grabando para diferentes salones de Madrid y del norte de España. Como el terruño siempre tira, ahora vuelven a casa para reivindicar su modo de trabajar. Diseños cuidados y originales —nada de prefabricados—, priorizando la técnica, el método, el trazo, la higiene y la durabilidad. «O que explotou foi a industria da tatuaxe, non a artesanía. Xente que se meteu nisto para capitalizar, sen respectar a cultura. Aquí traballamos no día, non hai cita previa», explica Peter.

Cuando les llega un nuevo cliente con una idea se ponen inmediatamente manos a la obra a preparar un diseño que responda a su voluntad, dándole su toque personal. Los tiempos van muy rápido, pero ellos ya tienen soltura: «Te pasas dibujando todo el día», comenta Carmen, «A fuerza de repetir calaveras, Peter te hace una en unos minutos». Antes de activar las máquinas aún se pueden realizar retoques al gusto del consumidor, pero en cualquier caso, los diseños son propios. Y ese es el encanto. Un cliente con los brazos y el cuello entintados, interviene para dar la cara por sus tatuadores de cabecera: «La mayoría de mis tatuajes me los hizo Peter, los pocos que no fueron porque él estaba en Madrid. Saben cómo hacerlo y no he visto gente que cuide la higiene como ellos».

«Flash day» para arrancar

La gran apertura del salón tuvo lugar el pasado sábado 13, cuando el céntrico local acogió lo que se denomina en el mundillo como flash day. Peter y Carmen invitaron a otros tatuadores de su confianza, los cuales expusieron muestras de sus diseños para animar a los clientes. «Chegamos estar cinco ou seis personas tatuando simultaneamente no local», comenta Peter. Muchos amigos y clientes fidelizados a lo largo de los años se pasaron por el nuevo salón, algunos para tatuarse, otros simplemente para hacer piña —y es que buena parte de la cultura va de eso, de reunirse en torno a una pasión común e intercambiar sinergias—. «Esperaba unha boa resposta, pero foi aínda mellor. Deunos moita forza para comezar e reforzar a nosa sensación de que un proxecto así aquí pode medrar».

Lo de invitar a colegas de profesión a tatuar en el salón es otra costumbre de la tradición del tatuaje que no quedará en una simple anécdota en El Dragón, ya que confían en poder seguir trayendo a profesionales del panorama español a Vilagarcía. «Escogiendo bien quien viene, porque queremos que se nos asocie con calidad y durabilidad. Será gente que conozcamos y que su trabajo sea bueno», indica Carmen, rodeada de láminas de otros artistas. El cliente más fiel de Peter asiente una vez más y remata: «Estos diseños son únicos. Cuando salgo por la puerta sé que el tatuaje que me acabo de hacer no lo van a tener otras veinte personas más».