En un país donde Eurovisión es de derechas y las bicis, de izquierdas, se agradece la concordia led
14 dic 2025 . Actualizado a las 05:00 h.Hace un par de sábados, asistí a dos estrenos: la iluminación navideña de Vilagarcía y la librería Planeta Mozo. Lo de las luces fue apoteósico, con la plaza de Galicia llena, la periodista Erea Hierro presentando, la escuela de música Coda animando desde el escenario de manera incansable y contagiosa y dos personalidades protagonizando la ceremonia: Papá Noel y Alberto Varela, el alcalde. O Salnés se encendía y un grito de Erea Hierro resumía la luminosa situación: «O Nadal non está en Vigo, está en Vilagarcía».
Vigo como referencia nacional y España enloqueciendo con las luces de Navidad. El país ha perdido el sentido con la luminiscencia. Cuando Abel Caballero tuvo la brillante idea, nunca mejor dicho, de convertir su ciudad en la más radiante de la Pascua mundial, se criticó aquel despilfarro de lujo insensato, pero la ocurrencia cuajó, el alcalde acertó y la locura luciente se impuso sobre la racionalidad austera. Vigo se ha convertido en la ciudad a imitar por decenas de capitales que se comparan con ella. Si lo hace Vilagarcía, imagínense cómo pugnan en Málaga, Sevilla o Madrid por ser la metrópoli más refulgente de España. Y siempre Vigo como la parte contraria del símil.
En un país donde los toros, la caza, la RAE, Pérez Reverte, El Hormiguero y Eurovisión son de derechas y las bicis, el cambio climático, Gómez Jurado, La Revuelta, el Instituto Cervantes y el Benidorm Fest son de izquierdas, solo quedan como espacios neutros la xilología, la agrostología, la farmacognosia y las luces de Navidad, que, desde Vigo, se han extendido por toda la Península (en la Raya se organizan excursiones para admirar las luces portuguesas de la ciudad fronteriza de Elvas), arrinconando por unos días el efecto discordia, el valor discrepancia, la excitante divergencia, el provocador desacuerdo.
Las guirnaldas festivas se han convertido en uno de los pocos temas neutros del panorama social: conos, cortinas, estalactitas y mangueras fulgentes son universales y no tienen adscripción política. Vigo como fuente de consenso rutilante y empleo led: ya hay en España 2.300 empresas relacionadas con la iluminación navideña.
En la inauguración de la plaza de Galicia, vimos a un Papá Noel algo pelota que destacaba las mejoras de Vilagarcía y lo bonita que ha quedado la calle Clara Campoamor, por donde el barbudo conseguidor y sus elfos habían hecho una entrada triunfal. El alcalde, sabedor del valor de las luces navideñas como semilla de concordia, se sacudió desde el escenario cualquier protagonismo y dejó claro que todas las reformas en la ciudad se habían hecho gracias a Papá Noel. Después cantó y bailó y todos fuimos alumbrados por una felicidad tontorrona y una risa boba, infantil, navideña.
Esa mañana, habíamos asistido a otra inauguración, la de la librería Planeta Mozo en el antiguo local de Follas Novas, al lado de Fexdega. Una amiga comentaba que abrir una librería en estos tiempos es como escribir la primera página de una novela en la que puede suceder de todo. Que Borja Santamaría, Borjamina para el resto de España, invierta parte del medio millón de euros ganado en el concurso de Telecinco en una librería ha sido calificado como apuesta temeraria, acto de fe, gesto romántico, aventura de amor, locura…
Lo cierto es que podía haber apostado por lo seguro: apartamentos turísticos, la inversión de moda en Vilagarcía, pero Borja ha preferido ser librero a ser rentista y esa opción despierta admiración. La librería está muy bien porque permite pasear por un espacio muy amplio con los libros a la vista, invitando a curiosear, a tocarlos, a leer solapas y dejarse tentar. Es un sitio para pasar un rato entretenido, un destino de ocio para gente con imaginación.
Un detalle interesante de Planeta Mozo es que cuenta con un salón de actos muy aparente y allí, entre el salón y los libros, nos encontramos con Ana Granja, líder local del PP y de la oposición municipal en Vilagarcía. Su presencia en cuanto acto organiza la sociedad civil vilagarciana es constante. Es asidua en presentaciones, conciertos, representaciones teatrales, inauguraciones. «Algo que quizás le falte al equipo de gobierno», me comentan vilagarcianos que están al tanto de la actividad social y política local. La vida no está solo en los grandes acontecimientos como la inauguración del alumbrado navideño, sino también en el día a día de las asociaciones culturales, deportivas, de vecinos…
Hablando de asociaciones, acabo de hacerme socio o miembro de la Asociación de Veciños Breogán de O Piñeiriño, más conocido como «O mellor barrio do mundo». Desde hace 15 días, es la única asociación a la que pertenezco y estoy encantado. Por wasap me informan de cómo han dedicado el dinero recaudado en el festival Solifest a diversos aparatos gimnásticos para que se ejerciten personas con diversidad funcional o, ya en un apartado más festivo, de la sorpresa que preparan para esta Navidad tras el éxito mundial de su árbol navideño más pequeño del mundo.
Alguien me ha revelado que preparan un concierto mayúsculo para el San Xoán de 2026. Ya está firmado, pero es una sorpresa y me han dejado con la incógnita y las ganas. Por cierto, ayer sábado celebraron una fiesta muy especial en O Piñeiriño y acudió Papá Noel, pero no era un Papá Noel pelota.
Papá Noel estuvo algo pelota en la inauguración vilagarciana del alumbrado
En la librería Planeta Mozo de Borjamina hay
un estupendo
salón de actos