Abel Fabeiro, aviador: «Lo más importante es disfrutar de cada vuelo como si fuera el último»
AROUSA
El piloto gallego es uno de los cinco jóvenes becados por Sepla, COPAC y GTA
15 jul 2025 . Actualizado a las 14:52 h.Promovida por el Sindicato Español de Pilotos de Líneas Aéreas (Sepla), el Colegio Oficial de Pilotos de la Aviación Comercial (COPAC) y Global Training Aviation (GTA), la beca Carlos Salas, se fundó en 2022 para «contribuir al acceso y desarrollo profesional de las futuras generaciones» y, desde entonces, impulsan la excelencia en el sector. Esta semana se dieron a conocer los acreedores de su cuarta edición y el resultado dejó gratas sorpresas para el futuro de la aviación de Galicia. Entre los 51 aspirantes y los 15 que llegaron a la fase final, se encontraba Abel Fabeiro (2004). La joven promesa de Valga, graduado de la Escuela de Pilotos Aeroflota del Noroeste —actualmente Atlantic Air Academy—, resultó ser uno de los cinco distinguidos que recibieron la beca. Una vez otorgada la prestigiosa oportunidad, conversamos con Abel para conocer su proceso de formación, sus aspiraciones y desafíos.
—¿Qué le llevó a elegir la carrera de piloto?
—Desde pequeño siempre me llamaron la atención los aviones, especialmente la idea de cómo algo tan grande puede mantenerse en el aire... Pero, cuando tenía 10 años viajé a Tenerife y el comandante me invitó a sentarme en su asiento. En el momento en que vi todos los botones y pantallas a mi alrededor, supe que esa tenía que ser mi profesión.
—¿Diría que es una profesión sacrificada?
—Sí, sin dudas. La formación no solo es muy exigente a nivel académico, también supone un esfuerzo económico importante. Es una inversión muy grande que muchas veces implica asumir riesgos, buscar financiación o hacer renuncias personales. Además requiere disciplina y constancia pero bueno, cuando haces algo que realmente te apasiona, los sacrificios son más llevaderos.
—¿Cuáles son sus desafíos a futuro, qué pasos siguen en su carrera?
—Pues, mi principal objetivo obviamente es empezar a trabajar cuanto antes y comenzar a acumular experiencia como copiloto. El acceso al primer empleo como piloto no es nada fácil ya que el nivel de competencia es muy elevado pero, aún así, hay que seguir esforzándose y formándose para mantenerse actualizado.
—¿Cuáles son sus aspiraciones?
—A nivel profesional me encantaría conocer diferentes aeropuertos y lugares en todo el mundo. También me motiva llegar a formar nuevos pilotos, por ejemplo, me ilusiona la idea de formar parte del equipo que hace posible que miles de personas lleguen a su destino, ya que conlleva una gran responsabilidad. Pero más allá del título, del rango, lo más importante para mí es disfrutar de cada vuelo como si fuera el último.
—¿Tiene algún destino al cual quisiera volar? ¿Cuál sería el vuelo de sus sueños?
—Podría decir que aterrizar en Islandia, un destino que siempre me ha fascinado tanto por su paisaje único como por sus condiciones meteorológicas desafiantes. Sin embargo, el vuelo de mis sueños sería llevar a mis padres a cualquier destino que ellos elijan, poder compartir ese momento después de todo el sacrificio que han hecho, sería la mayor recompensa.
Con estos objetivos en mente, Abel Fabeiro demuestra que, a pesar de tener la mira en el cielo, no se olvida de su tierra. Laurea la formación en Galicia señalando la ventaja de operar desde el aeropuerto coruñés, «donde las condiciones meteorológicas son variables y exigentes». Tampoco se olvida de dedicarles palabras de profundo agradecimiento a Sepla, COPAC y GTA, cuyo apoyo y compromiso «con la formación y el futuro de los jóvenes pilotos es fundamental para que podamos seguir avanzando».
«El proceso de selección lo viví con ilusión, aunque reconozco que también con nervios»
La beca Carlos Salas, cuya cuantía se traduce en 12.000 euros, se otorga por medio de tres jueces, cada uno representando a una entidad. Ellos fueron quienes resolvieron que Miguel de Felipe Román; Ignacio Íscar Fernández de Alarcón; Javier Jiménez Reviejo y Francesc Torrens García, al igual que Abel, sean quienes gocen de tal privilegio.
—¿Cómo fue el proceso para convertirse en piloto comercial?
—La verdad es que ha sido muy completo, abarcó el proceso de ATPL, la realización de pruebas prácticas de vuelo y programas como el APSMCC, que nos brinda una experiencia operativa similar a la de una compañía aérea. A nivel teórico son tres asignaturas en inglés y, por otro lado, debes realizar pruebas tácticas de vuelo (alrededor de 180 horas y más de 60 en simulador).
—¿Cuánto tiempo de formación requiere la carrera?
—Yo lo hice en dos años, pero en mi escuela no suele ser lo común… Mucha gente la saca en tres o cuatro años. Así obtienes la licencia de Single Engine —un solo motor y con dos motores de pistón—. Sin embargo, para volar un avión de aerolínea debes hacer una formación Type Rating para un avión especializado como la que brinda la beca.
—Entonces, ¿qué significa recibir la beca?
—Sin duda ha sido un reconocimiento muy importante al esfuerzo y a la dedicación que he puesto durante toda mi formación. También supone un impulso económico y una inyección de motivación en un momento clave de nuestra carrera, justo al finalizar el curso y al empezar a dar los primeros pasos en el entorno profesional.
—¿Cómo vivió el proceso de selección?
—Lo viví con ilusión, aunque reconozco que también con nervios... Fue exigente y bastante completo. Era un sistema de puntos donde evaluaban aspectos claves como la trayectoria académica y el entorno económico familiar. Después de una entrevista llegó la última parte, la prueba en el simulador. Allí se valoraron habilidades imprescindibles en un piloto como la técnica, la consciencia situacional y la gestión de la carga de trabajo.
Tras poner fin a una experiencia «enriquecedora a nivel personal como profesional», Abel confía en que la beca le otorgará una salida laboral favorable a pesar del alto nivel de competencia entre los pilotos. Pero ahora resta concentrarse en la formación porque ya comenzó la cuenta atrás. En un año tendremos nuevos talentos en los aires.