José Ramón Alonso de la Torre: «Vilagarcía era muy divertida, muy excitante. Ahora ya no pasan tantas cosas»
AROUSA
Su libro, «Un país que nunca se acaba», será presentado esta tarde por los periodistas de La Voz Antonio Garrido y Serxio González en Vilagarcía, Cidade de Libro
12 jun 2025 . Actualizado a las 05:00 h.Alonso es uno de esos tipos que no recuerda su edad. Por la elasticidad de su cara se podría adivinar que rondará, como mucho, los 60. Por lo desvergonzado de sus palabras, sin embargo, da la impresión de que ha vivido lo suficiente como para andarse ya con delicadezas. Entonces lo sospechas: «Este señor debe estar acariciando los setenta». José Ramón Alonso de la Torre, (Cáceres, 1957) escritor y columnista, viajero y observador de las ciudades que habita, presentará este jueves en Vilagarcía, Cidade de libro Un país que nunca se acaba, una antología de artículos periodísticos para comprender Extremadura, Galicia y otros rincones de la España vaciada, escritos por Alonso a lo largo de casi cuarenta años de oficio.
Emigró desde Cáceres a Vilagarcía, motivado por unas fotografías de la ciudad que había visto en un libro de su padre, cuando todavía existía el antiguo muelle de hierro. «Empecé a trabajar en el año 86 en La Voz de Galicia, en Vilagarcía», cuenta Alonso, cuando la ciudad ni se le parecía. «Era muy divertida, muy excitante. Ahora ya no pasan tantas cosas», añade, pero en realidad sí, sí pasan; la diferencia es que ahora se deslizan por las tripas de internet. Ya casi no quedan espías de cortina ni caballeros a la bartola en los bancos de los parques, por eso, para ser un buen relator, has de observar con detenimiento. «Yo voy mucho en el autobús urbano. Mi casa está cerca del centro, pero necesito cogerlo, lo que se escucha es muy divertido», cuenta Alonso.
De las anécdotas recogidas entre mercados y transporte público, callejones y plazas, escribió 12.000 artículos a lo largo de su vida. Y con una sola mano: zurdo por obligación, Alonso escribe con la izquierda con la destreza del que no ha conocido nunca la derecha, tanto, que parece un milagro (así lo cuenta su madre). Eso sí, no le ha impedido cortar filetes ni pelar patatas, y mucho menos escribir. «Menos atarme los cordones, todo», cuenta mientras señala sus zapatos libres de lazos. En su época dorada, cuando se colaba en las entrañas de los rincones más oscuros de la ciudad, Alonso escribía de la misma manera que lo hace ahora: con ilusión. «Llevo 39 años trabajando, mi vida es esto, estar constantemente pendiente de lo que ves», cuenta.
Su última obra, Un país que nunca acaba, es una ruta quijotesca por la realidad social y cultural de los lugares que en él explora, junto a un estilo narrativo característico del autor. «Procuro siempre dar información, intento que el lector conozca temas que ya había olvidado», añade. Como buen observador y relator, habrá cosas de Alonso que nunca sabremos. De eso trata observar: de cargar tus secretos contigo.