Con el concierto de la Sociedad Filarmónica comienza la temporada y cada cosa vuelve a su sitio
17 sep 2023 . Actualizado a las 05:00 h.En el exterior, varios chavales ensayaban bailes para el Tik Tok. Dentro del edificio, un niño explicaba a sus padres una exposición de cetáceos. «Mirade, un cranio de balea», repetía el rapaz lo que le había enseñado esa mañana su profesora. En el vestíbulo que da acceso al conservatorio de música y a las salas de exposiciones y conferencias, dos gigantes de comparsa con rasgos gitanos, caracolillos y anillos, un par de cuadros contemporáneos y varias máquinas de vending junto a la gran cristalera que permite ver el mar. Estamos en el auditorio de Vilagarcía de Arousa. Es viernes 15 de septiembre y hoy comienza la temporada de conciertos de la Sociedad Filarmónica de Vilagarcía.
La taquilla abre una hora antes del concierto. Atiende un caballero con un polo verde y mucha amabilidad. ¿Es un funcionario municipal, un empleado de la Filarmónica, un trabajador del auditorio? La respuesta nos la da nuestra compañera de asiento antes de que empiece el concierto. Es José Luis Sanz Acosta, ingeniero jubilado, fundador y presidente de la Sociedad Filarmónica de Vilagarcía, un gran amante de la música, miembro de la coral del Liceo y del grupo de cuerda y púa. Llegó incluso a tener un conjunto de pop-rock o algo así en la prehistoria, lo fundó con Carlos Puga entre otros. Fueron a actuar a TVE y cuando les preguntaron el nombre, confesaron con sinceridad que no tenían nombre aún. Improvisaron uno: Los Ibéricos.
En resumen: el presidente de la Filarmónica vende las entradas, otros directivos hacen de porteros y todo, en fin, tiene ese aroma de los empeños maravillosos, esos que salen adelante con el tesón y la perseverancia de un grupo de apasionados por lo que sea, en este caso, la música. La Sociedad Filarmónica de Vilagarcía supone un salto de calidad en la programación cultural, un atajo hacia la excelencia y un ejemplo de cómo los ciudadanos responden cuando el esfuerzo está bien orientado.
La entrada cuesta 18 euros. Los socios pagan 10 al mes de cuota y tienen derecho a dos entradas por concierto. En el programa 2023-24, siete actuaciones hasta mayo. Los dos conciertos que se celebrarán antes de que acabe el año prometen emociones intensas: una gala lírica el 21 de octubre, que será con entrada gratuita y patrocinio del Concello, y un homenaje a Rachmaninov con Suyeon Kim al piano. Rachmaninov siempre encandila.
Al compás del crepúsculo
Como falta casi una hora para el concierto, me acerco a la barandilla del puerto deportivo, me acodo y evoco el pasado al compás del crepúsculo: aquellos tiempos en que no había auditorio y no eran posibles estos conciertos en un escenario digno, un viernes de los 90, cuando el coro del Liceo actuó en el Palacio de Congresos de A Coruña en una Bohème que no olvido. Me giro y admiro el auditorio, los cines, las terrazas sobre el césped. ¡Qué tiempos aquellos de la inhóspita explanada TIR!
Y entonces, como por arte del tiempo y la magia, aparece José Luis Rivera Mallo dando un paseo. Nos saludamos efusivamente, una señora, que estaba sentada frente al mar, nos hace fotos robadas como si también ella quisiera apresar la intemporalidad de un encuentro en el que se funden el ahora y el ayer. Hablamos el exalcalde y un servidor de un Callejón del Viento que escribí dedicado a su madre, que me acababa de regalar un tapete bordado, o de otro Callejón comentando el pasodoble Rivera Mallo. Recordamos la Vilagarcía de los 80, aquellos plenos municipales en los que Ramiro Bandín era una bomba a punto de explotar. «Ahora nos llevamos muy bien», se alegra Rivera de cómo la vida dulcifica las tensiones y lamentamos la crispación de hoy.
Pero ya va a comenzar el concierto y en dos zancadas salto del pasodoble Rivera Mallo a la Sonata para cello y piano número 2 de Mendelssohn. El auditorio, que huele muy bien, se va llenando. Al final, se ocupa un tercio del aforo, es buena entrada si comparamos con otros conciertos semejantes en ciudades con el doble de población que Vilagarcía. Abundan las profesoras jubiladas y los docentes en activo. Muchas señoras elegantes, algunos jóvenes, bastantes parejas y una sensación de ilusión contenida ante el comienzo de temporada: el primer concierto de la Filarmónica es la señal de que todo vuelve a su sitio y las piezas de la vida urbana y cotidiana se recolocan.
La pianista Wu Han
Comienza el concierto de manera harto heterodoxa: la pianista Wu Han hace de presentadora. Es un ejercicio muy didáctico, pero choca con el protocolo estricto y frío de la música clásica. Un magnífico traductor replica en castellano las explicaciones en inglés. La pianista, además de orientarnos sobre lo que vamos a escuchar, suelta tres chismes que la humanizan: David Finckel, el cello que la acompañará durante el concierto (un gran músico) es su marido; han comido una buena mariscada y se declaran enamorados de Vilagarcía.
Y sonó por fin la música, que el público aplaudió con ganas, dejando escapar algún tímido bravo que tenía su lógica porque ¿desde cuándo los vilagarcianos manifiestan entusiasmo desmedido por algo? Los músicos regalaron un conmovedor movimiento de Rachmaninov y salimos del concierto filarmónicos y entusiasmados para dispersarnos por la Marina, la Alameda y la Baldosa, que estaban de bote en bote.