Su abuela fundó la tienda al acabar la guerra y ella sigue despachando en el mercado
15 nov 2021 . Actualizado a las 20:32 h.Tiempo de quesos y membrillo. La fruta de otoño ya se ha convertido en dulce cremoso y suave y el queso está a punto. Membrillo casero y queso del país. Bajo ese concepto, del país, se esconden todo tipo de trampas y engaños. Es importante tener una quesería de confianza para que no te den gato por liebre, sino quesos afinados, deliciosos, en su punto.
El mercado de Vilagarcía es una boutique quesera de primera categoría. Son quesos sanos y ricos, aunque sin etiquetas de origen ni medallas de ningún World Cheese Awards. En estos tiempos sofisticados, los quesos vienen adornados con pegatinas de diplomas y galardones, pero los del mercado de Vilagarcía no tienen adornos, vienen desnudos de artificios y denominaciones, son quesos humildes que no presumen de nada.
Pertenezco al equipo de catadores de la torta del Casar (oveja) y soy jurado en el concurso del queso de Acehúche (cabra), el último queso español con Denominación de Origen. Son quesos intensos, aromáticos, potentes y muy olorosos que me gustan. Los de vaca me parecen un poco aburridos excepto los que compro en el mercado vilagarciano, que no sé de dónde demonios los traen, pero tienen un punto de suavidad e intensidad muy vicioso: sabes cuándo empiezas a comerlos, pero no sabes cuándo acabas. Además, no alborotan el estómago.
Servidor tiene su quesera de cabecera en la plaza de Vilagarcía. Está en la fachada que da a Alexandre Bóveda. Allí, entre El Rincón de Laureano y la mercería de Fita, abrió la abuela de Loli A Fara una tienda de quesos allá por los años 40. «Fue después de la guerra», precisa Loli. Según llegas a la plaza, te encuentras con el cartel de «Queixos A Fara» de frente y a ella despachando… O no. Porque Loli es mujer inquieta y los días tranquilos, o sea, lunes, miércoles y jueves, aprovecha los intermedios, entre cliente y cliente, para hacer visitas a otras vendedoras, para tomar las once o ayudar al prójimo.
Las dos últimas veces que fui a por queso, estaba ocupada: el primer día, había ido a tomar café con su amiga Fita, la de la mercería, y el segundo, estaba ayudando a subir las escaleras del mercado a Mariano, es decir, el popular Mariano Ibáñez, que fue delegado de la ONCE en la provincia de Pontevedra. Pero no tuve que esperar mucho: en el mercado de Vilagarcía, en cuanto aparece un cliente, las vendedoras se avisan las unas a las otras y Loli apareció por el puesto en un santiamén. Así que llegó, le pedí medio queso y, antes de vendérmelo, me lo dio a probar. Asentí y me lo llevé por 4’85 euros. A mí me pareció un chollo.
Loli A Fara me cuenta su historia y la de la quesería mientras pruebo el producto y lo pago. Tras su abuela, se hizo cargo del puesto, o sea, de «Queixos A Fara», su madre y desde hace 15 años lo lleva ella. Loli me sorprende cuando me explica que, antes de dedicarse por entero al queso, fue masajista en el balneario del Gran Hotel de A Toxa.
«Entre las clientas a las que atendía estaba la madre del entonces conselleiro Cuíña. Ella estaba encantada de que yo la tratara y me hacía confidencias. Un día me confesó que comía muy poco y que pasaba un algo de hambre», narra Loli sus experiencias en A Toxa. Y como sabe tanto, precisa detalles curiosos de la familia Cuíña. «Eran molineros. Tenían en Lalín un molino muy importante que se llamaba, precisamente, El Abuelo Cuíña».
Pero la matriarca de la familia seguía pasando hambre en el Gran Hotel y Loli la justifica. «Es que le colocaban delante unos platos muy grandes, pero dentro solo había un trocito de carne, unas verduritas y unas patatitas y claro, así no se puede», pone Loli en solfa la cocina refinada de cinco estrellas, en la que cuenta tanto el continente como el contenido, algo que no podía satisfacer a una mujer acostumbrada a buenos cocidos y a generosos platos de carne ó caldeiro. Para más inri, cuando Loli recomendó a la mamá de Cuíña que pidiera más comida, la buena señora reconoció que le daba vergüenza y que no pensaba pedir más.
Aquello no podía seguir así y Loli tomó cartas en el asunto. Una de las veces que el todopoderoso hijo de la señora fue al Gran Hotel a visitarla, pidió entrevistarse con Loli, que dio audiencia al conselleiro Cuíña y, tras interesarse este por su madre y preguntar a mi quesera que cómo la veía, Loli le explicó que no estaba mal, pero que pasaba mucha hambre. Gracias a esa conversación, la familia Cuíña tomó la decisión de llevarse a la madre al chalé de San Vicente, la traían hasta A Toxa solamente los días que tocaba balneario y la señora fue feliz y quedó agradecida a Loli para los restos.
Loli es simpática y cuenta estas y otras historias con mucho énfasis narrativo. Es de Vilaxoán y los de Vilaxoán son los andaluces del norte. Y así, entre el café con Fita, la ayuda a Mariano y alguna que otra historia, Loli A Fara despacha quesos de primera y llena de vida el mercado de Vilagarcía.