Jabones de camelia y de silencio monacal

Las monjas cistercienses de Armenteira llevan catorce años elaborando cosméticos naturales; entre otras cosas, pastillas hechas con aceite de la «flor de las Rías Baixas» que nace en los jardines del monasterio de O Salnés

A la hermana Lourdes, las gafas se le empañan por culpa de la mascarilla. «Es una lata», confiesa mientras frota los cristales y se recoloca las lentes. Su pequeño gesto demuestra que ni siquiera entre los gruesos muros de piedra del monasterio de Armenteira (Meis) se está a salvo de los cambios que ha provocado el covid-19. Y tener que usar mascarilla para recibir visitas o atender la tienda monacal es el menor de los problemas, parece casi una anécdota con la que está cayendo. Bien lo saben en Armenteira. «Estamos en el mundo, formamos parte de él y sus problemas nos afectan», argumenta la hermana Lourdes. Y explica que el frenazo en seco que supuso el estallido de la pandemia alcanzó a la pequeña fábrica en la que la comunidad cisterciense de Armenteira elabora jabones y ungüentos naturales. Las ventas han caído en picado. Y con su principal fuente de ingresos colapsada, la congregación ha tenido que tirar de ahorros. «Hay mucha gente que ha tenido que cerrar; nosotros, al menos, vamos aguantando».

A su lado otra hermana, Paula, escucha y asiente. En los rostros de ambas, vestidos de azul, intuimos una sonrisa que se les escapa por los ojos. Es una sonrisa serena: el envite del covid-19 ha llegado aquí dentro, ha hecho mella en la bolsa de la congregación, pero se ha encontrado con una forma completamente distinta a la que tenemos fuera de afrontar las caras más terribles de la crisis: la cara del miedo, la de la incertidumbre. Aquí no hay ruido, ni tormentas, ni búsqueda desesperada de culpables. «Las dificultades están para fortalecernos, para crecer», dice Paula, que reivindica la «capacidad creativa para adaptarse» que tiene el ser humano. Que reivindica también el valor del amor, de bendecir las cosas buenas que nos ocurren (que las hay, incluso en lo más oscuro de la noche), y de ese equilibrio que en Armenteira alcanzan a través de la oración. «Porque la oración es para nosotras, no para Dios; Dios no necesita las oraciones», apuntan.

Las hermanas de Armenteira, expertas en buscar la verdad en las cosas concretas, vierten su forma de vivir en los bálsamos y en los jabones que fabrican y venden. Esa actividad, junto con la hospedería -que también atraviesa horas bajas- son su medio de vida: «Nuestra orden no vive de la mendicidad: nos mantenemos e intentamos ayudar». Hace catorce años empezaron a elaborar jabones, siguiendo una técnica aprendida en una congregación hermana de Noruega. Luego, con el paso del tiempo, con investigación y trabajo, han ido adaptando los procesos, modificándolos, y creando una manera propia de hacer todo tipo de productos de cosmética natural que venden en la tienda del monasterio y a través de la página web. La segunda funciona, aunque no lo bastante como para sortear la crisis. Desde hace un año, la primera recibe visitas a cuentagotas. En ella reina una mezcla de olores delicados que atraviesa la mascarilla. En las estanterías se despliega una enorme colección de pastillas de jabón de todas las formas y colores: las hay de glicerina, estupendas para el acné juvenil; de aceites esenciales de camelia, de caléndula, de aloe vera, de lavada, limón y romero; de rosa mosqueta... Hay pequeñas botellitas de aceites esenciales, bálsamos labiales, cremas... Son, todos, productos naturales que «aprecian mucho las personas que tienen problemas de piel».

De todos los linimentos que elaboran las hermanas cistercienses de Armenteira, el más famoso es el de camelia. En el jardín del monasterio crecen los árboles que dan la flor de las Rías Baixas: de ellos se recogen las semillas que, en la Estación Fitopatolóxica de Areeiro, se convierten en aceite. Con él se realizan piezas de jabón de fragancia delicada. «En Galicia es un jabón apreciado, sin embargo fuera no tiene tanta fama. Además, como es un poquito más caro que los demás, se vende menos», cuentan las hermanas. Este producto, como los demás que aquí se elaboran, tiene un plus: han sido elaborados de forma artesanal, con una dosis de extra de silencio y paz.

Cosmética ecológica con microorganismos efectivos

La comunidad de Armenteira ha puesto mucho empeño en hacer de su huerto y su jardín espacios libres de químicos y pesticidas. Desde hace tiempo usan «microorganismos efectivos», unos «equilibrantes naturales» que favorecen el crecimiento sano y vigoroso de todo tipo de plantas. Quienes quieran saber más de este tema, solo tienen que preguntar. La hermana Lourdes está dispuesta a compartir sus conocimientos.

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