Cuando Rajoy subvencionaba a Tragoi

José Ramón Alonso de la Torre
J.R. Alonso de la torre REDACCIÓN / LA VOZ

AROUSA

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Con las ayudas de la Diputación que entregaba don Mariano en mano hacíamos maravillas

02 may 2021 . Actualizado a las 21:31 h.

Rajoy me subvencionaba. Para ser exactos, la Diputación de Pontevedra subvencionaba al grupo de teatro Tragoi que un servidor dirigía a principios de los 80. Mariano Rajoy aún no había dado el salto a la política regional y le faltaban unos años para convertirse en un líder importante del PP nacional. Pero ya apuntaba maneras.

Cundo Rajoy me subvencionaba (1983), él era un joven prometedor de 27 años y yo un joven profesor de instituto de 25. Don Mariano se había convertido cuatro años antes en el registrador de la propiedad más joven de España. Tras ser destinado en Padrón, Villafranca del Bierzo y Santa Pola, en 1981 fue elegido diputado autonómico y dejó el registro para centrarse en la política. Dos años después, se convirtió en concejal de Pontevedra y enseguida fue nombrado presidente de la Diputación, cargo en el que estuvo hasta 1986, cuando se fue definitivamente a Madrid para hacer una gran carrera política que lo llevaría a la presidencia del Gobierno de España.

En aquel tiempo, la Diputación convocaba unas ayudas a asociaciones y grupos culturales y a esas ayudas se presentó nuestro grupo teatral, de nombre Tragoi y nacido en el instituto de Fontecarmoa. No teníamos un duro, pero sí mucha ilusión. La escenografía la hacíamos dibujando motivos sobre unos paneles, nos maquillábamos con los afeites de las madres de los actores y nos vestíamos con ropas de andar por casa o atavíos carnavaleros.

Pero necesitábamos focos como fuera. Cuando íbamos a actuar en las casas de cultura de las parroquias de Vilagarcía y alrededores, no teníamos una miserable luz que alumbrara el escenario con la potencia suficiente. Eran actuaciones cuyos gastos eran costeados por la concejalía de Cultura que presidía Cora Mouriño en la corporación de Xosé Recuna.

Teatro para intuitivos con vista

Nuestro público merecía más calidad de medios y no solo buena voluntad. Llegábamos a las aldeas en el autobús de Pereira con nuestros paneles pintados y nuestra bolsa de maquillaje y nos anunciaban con bombas de palenque. La parroquia entera llenaba el auditorio vestidos de domingo y se vivía una expectación inusitada, pero empezaba la actuación y, aunque público y actores poníamos muy buena voluntad, la realidad es que no se veía bien y había que adivinar los gestos de los personajes. Era un teatro para intuitivos con buena vista y aquello no podía ser.

Fue entonces cuando salieron las ayudas de la Diputación y concurrimos con nuestro proyecto a ver si sonaba la flauta. Y sonó: nos concedieron 300.000 pesetas con las que soñábamos iluminar los teatros de Galicia entera. En nuestra inocencia (los actores y el director teníamos más o menos la misma edad), creíamos que habíamos recibido la subvención por nuestra calidad artística, a pesar de que éramos unos novatos, no teníamos trayectoria y el único currículo eran unos recortes de La Voz de Galicia en los que se anunciaban nuestras actuaciones en Carril, Vilaxoán o Bamio.

Con el tiempo y la picardía, he pensado que igual nos subvencionaron porque formábamos parte de la cuota de la oposición. Elías Lamelas, director del Instituto de Fontecarmoa, era también líder de la oposición a Rajoy en la Diputación y, al repartir aquellas subvenciones, seguro que consiguió alguna migaja para el grupo teatral de su instituto.

Futuro presidente del Gobierno

Desde luego, nosotros creíamos que éramos muy buenos y que por esa razón estaba un servidor a la puerta del despacho de don Mariano una tarde de primavera esperando el aviso para entrar a ser subvencionado. Por allí andaban directores variados: de bandas de música, de grupos de gaiteiros, de rondallas, de cuerpos de baile regional y yo, que cuando escuché el nombre de Tragoi, entré en el despacho, Rajoy me entregó el cheque de trescientas mil pesetas, nos dimos la mano, me felicitó: «Enhorabuena», mientras yo admiraba impresionado la magnificencia de aquella sala, y salí de allí tan contento con mi cheque, sin imaginar que había conocido de cerca a un futuro presidente del Gobierno de España.