El taller de restauración devuelve la vida a las obras que llegan a la entidad
04 nov 2020 . Actualizado a las 05:00 h.Toda obra que es cedida, adquirida o donada al Museo de Pontevedra tiene que pasar obligatoriamente por un tratamiento antes de ser expuesta al público. Es un proceso que, en el caso de los cuadros, no se detiene solo en la pintura, sino también en el marco e, incluso, la estructura de madera que mantiene firme al lienzo, tal y como desveló la restauradora Mercedes del Campo en A porta pechada, la iniciativa de la Diputación de Pontevedra de dar a conocer cada semana distintos aspectos del Museo a través de su perfil de Facebook.
En esta ocasión, Del Campo relató los pasos que se siguen con cada cuadro, para lo cual se basó en el tratamiento dado a la obra O eterno pelegrín quen xamais atopará a súa Compostela (1914), de Camilo Díaz Baliño, que formará parte de la colección permanente y será expuesto entre finales de abril y principios de mayo del 2021. «Lo primero es analizarlo, ver un poco los pasos más o menos que hay que seguir», apuntó, si bien confesó que es habitual que, posteriormente, pueda surgir cualquier imprevisto.
En este caso concreto, se pudo apreciar a simple vista que la pintura estaba muy oscurecida como consecuencia de un barniz de tonos amarillentos, así como se observaban numerosísimos puntos negros de excrementos de moscas o mosquitos. Al desmontar el marco, surgió uno de esos imprevistos a los que había aludido la restauradora del Museo de Pontevedra, toda vez que el bastidor padecía «un ataque muy fuerte de insectos xilófagos». Se optó por la sustitución.
Resuelta esta situación, se pusieron con la pintura. «Es una obra agradecida -señaló Mercedes del Campo, de las que nos gustan porque con una simple limpieza al eliminar el barniz que tenía oxidado la obra recuperó muchísimo». Si bien en esta ocasión la intervención fue relativamente sencilla, lo normal es que los restauradores prueben diferentes disolventes, siempre empezando por los más suaves, hasta lograr dar con el más adecuado.
Disolventes y bisturí
Con O eterno pelegrín quen xamais atopará a súa Compostela se pudo emplear un disolvente de los suaves en lo que son las carnaciones y zonas claras del lienzo, pero, a la hora de actuar sobre el ropaje del protagonista del cuadro, vieron que la pintura se iba con facilidad. Se tuvo que buscar una alternativa.
En este punto, Del Campo apuntó uno de los riesgos de su profesión: «Llega un momento en que no sabes si te estás pasando en la limpieza y te llevas la pintura o estás haciendo bien la limpieza». En el caso de las zonas oscuras, se considera que la labor es correcta si al emplear el isótopo de algodón sale sin rastro de pintura, limpio.
De igual manera, se tuvo que emplear el bisturí, principalmente en las carnaciones, para eliminar los puntos oscuros.
Finalizada la limpieza, en la que siempre se procura dejar una pequeña pátina que manifieste el paso del tiempo, se revisó el cuadro para localizar posibles faltas que, en esta ocasión, se situaban en los bordes. Los restauradores decidieron estucarlas: primero, echaron una plasta blanca que nivelaron con la pintura para, por último, reintegraron por encima con pigmentos al agua que puedan ser reversibles.
La última fase es el barnizado para proteger, tanto la obra en sí, como la reintegración.
Recuperación del marco
Los restauradores no solo actuaron sobre la pintura, sino también sobre el marco, ya que presentaba signos de estar afectado por insectos xilófagos. Pasó un tiempo en la cámara de anoxia antes de pasar por un tratamiento similar al del lienzo.