András prueba con éxito un método ecológico para erradicar las acacias

Un grupo de árboles se han secado tras retirarles parte de la corteza


vilagarcía / la voz

En las laderas de Lobeira (Vilanova), los comuneros de András han firmado un pacto con el monte: para resarcirlo de los violentos incendios sufridos hace aún no tanto tiempo, se han comprometido a cuidarlo y respetarlo. Para cumplir su palabra, han llenado hectáreas de castaños, de carballos, de bidueiros, de pinos... De árboles que nutren el paisaje con colores y con matices. En medio de ellos persistía, tenaz e intocable, un pequeño bosque de acacias. Una mancha verde oscura que atormentaba a los comuneros, que no sabían cómo acabar con ellas. Porque las acacias son enemigos fenomenales, que se antojan invencibles a no ser que se les suministren productos químicos que logren aniquilar su capacidad de regeneración y renacimiento. Pero ese tipo de recetas, en este caso, estaban prohibidas. «As acacias están sobre unhas minas de auga que nutren aos veciños da zona», explica la ingeniera forestal Carmen Rial, a quien los comuneros le han encomendado la gestión más directa de su bosque mágico.

Las acacias parecían irreductibles en esa ladera de Lobeira. Pero entonces surgió una idea. «Unha compañeira comentoume que ela estaba a erradicar este tipo de árbores cun método totalmente ecolóxico», relata Carmen. Ella recibió aquel anuncio con una buena dosis de incredulidad. «Pero fun ver o que fixera, e resulta que parecía que funcionaba. Así que decidimos probar aquí».

El proceso es sencillo. En primavera, cuando la naturaleza está en plena efervescencia, hay que retirar la corteza que envuelve el tronco de la acacia desde el suelo hasta una altura aproximada de metro y medio. Es una operación laboriosa y que hay que realizar con cierto cuidado, ya que es preciso eliminar una delicada capa blanca que recubre, como un sudario, el interior del tronco. «Por aí circula a savia. Sube a savia bruta, prodúcese a fotosíntese, e circula a savia elaborada, que tamén ten que alimentar ás raíces da planta», explica Rial.

La eliminación de ese canal por el que circula el alimento provoca que las raíces de los poderosos árboles se sequen. Y tras ellas, va el resto de la planta. En András, año y medio después de haber realizado la cirugía arbórea, el paisaje demuestra que el método funciona. Entre los abedules se percibe, allá a lo lejos, un tono que no tiene nada que ver con la vida del monte: unas copas desnudas de unos árboles que parecen muertos. Lo están. Cualquiera que se acerque hasta ellos comprobará como los tallos, antes robustos y flexibles, aparecen frágiles y desvalidos, privados de su corteza.

En un día de otoño, con el agua de la lluvia reciente resbalando por el monte y la luz entrando a borbotones entre unas ramas que deberían estar tupidas de verde acacia, la escena está dotada de una extraña belleza. El suelo está limpio de maleza. «Onde hai acacias non hai nada máis», dice Carmen Rial.

«Agora queda por facer a corta das árbores que xa están secas», explica Carmen. Será un momento clave, ya que será entonces cuando se vea si las raíces siguen teniendo fuerza para regenerar el bosque alóctono. De momento, los indicadores parecen apuntar a que están exhaustas: apenas han brotado unos cuantos ejemplares jóvenes de esta especie invasora.

Un sistema que podría exportarse para plantar cara a la invasora

La lucha ecológica contra las acacias no es barata: exige trabajo manual, y eso en el monte siempre tiene un coste. En cualquier caso, si se confirman sus buenos resultados, esta podría ser una fórmula a tener en cuenta a la hora de eliminar ejemplares aislados, que puedan ser el germen de un nuevo bosque. O zonas, como la que nos ocupa de Lobeira, en la que los árboles están muy próximos a una mina de agua. Carmen Rial ya sopesa aplicar esta fórmula en terrenos de otras comunidades de montes de cuya gestión se encarga.

Y es que toda ayuda es buena en la lucha contra las acacias, una especie que arribó a Galicia a mediados del siglo pasado, y que en un suspiro se habían extendido por todo el territorio. «Al ser una especie exótica, carece de enemigos naturales que limiten su expansión y al ser un árbol extraordinariamente eficiente, de crecimiento muy rápido, inhibe cualquier posible competencia con la vegetación autóctona», explican desde Amigos da Terra. Hay que tener en cuenta que los árboles producen una gran cantidad de semillas, diez mil por árbol, que mantienen su potencial de germinación en el suelo durante cinco años. «Encima, las favorece el fuego», continúan desde la asociación.

¿Que producen las acacias? Esta especie supone un problema ambiental muy serio, ya que produce un empobrecimiento ecológico general, aumentan la acidez del suelo y desplazan a todo el resto de especies, de flora y de fauna.

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