Al pulpo le hacen muchas perrerías

José Ramón Alonso de la Torre
J.R. Alonso de la torre VILAGARCÍA / LA VOZ

AROUSA

MARTINA MISER

Al pobre lo torturan fuera de Galicia con tirabeques de Kenia, ajos negros y patatas meneás

07 sep 2020 . Actualizado a las 20:35 h.

Cuando menos pulpo de verdad hay en Galicia, más pulpo de origen desconocido se ve en las vitrinas frigoríficas del resto de España. Venden pulpo hasta en mi frutería de cabecera, un comercio de un barrio con nombre azteca, Moctezuma se llama, pues en mi ciudad, las calles reciben denominaciones hispanoamericanas: Cuauhtémoc, Huanina Capac, Gabo, Macondo... Hay una fuente Coronel Aureliano Buendía, un parque José Arcadio Buendía y una calle llamada Cien Años de Soledad. Yo vivo al principio de la calle Atahualpa y descendiendo, a la izquierda, cojo la calle Caupolicán y llego a mi frutería, donde, además de tomates, ciruelas claudias y kiwis de Galicia, venden pulpo.

Siempre me han llamado la atención esos estuches de pulpo tan lujosos colocados entre las ristras de morcilla patatera y chorizo cular. Es un elemento exótico, pero resume perfectamente la situación: el pulpo se ha hecho un hueco en el mercado y compite con las tortas del Casar, la cecina de León y las anchoas de Santoña. Todo un triunfo culinario en una cultura que hace veinte años solo sabía que con el pulpo se hacía un chiste para anunciar el Scattegories («lo acepto como animal de compañía»), pero que hoy santifica el pulpo como si fuera un plato tradicional de la cocina de secano de España y Portugal.