La Gran Manzana deberá esperar

Con familia en tres países, Álex y Anton tuvieron que posponer un año su boda por el covid-19 y su luna de miel a Nueva York y la Riviera Maya, hoy golpeados duramente por la pandemia


VILAGARCÍA / LA VOZ

Alexandra Pérez Ferreirós, Álex para los amigos, y Anton Kalen se conocieron en el verano del 2013. Él había llegado a la capital arousana con 21 años desde su país, Suecia, atraído por la oferta laboral que el C.B. Vilagarcía había trasladado a su federación nacional en busca de entrenadores dispuestos a ofrecer a los canteranos del club clases de baloncesto en inglés. Y en cuestión de meses Anton y Álex pasaron de ser compañeros de cuerpo técnico en el Cebé a compañeros de vida. Una historia compartida que llevó a la vilagarciana a acompañar al sueco dos años al país escandinavo, experiencia recompensada con el título de campeones de Suecia por equipos Sub-16 con el Stockholmspolisens IF BF de Estocolmo en la temporada 2014/15.

Hoy Álex trabaja en un grupo puntero de investigación multidisciplinar del Complejo Hospitalario Universitario de Santiago dedicado al estudio de las bondades de la dieta atlántica, reconocido a nivel internacional, aportando sus conocimientos como doctora en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte por la Universidade de Vigo. Anton, por su parte, sigue los pasos de su pareja, preparando el doctorado en la misma materia en Pontevedra mientras continúa a distancia su trabajo con las categorías base de la Federación Sueca de Baloncesto. Con su hogar asentado en Vilagarcía, los dos creyeron llegado el momento de enmarcar su amor ante toda su gente. Pero la pandemia del covid-19 les ha obligado a posponer un año la boda que habían echado a rodar en febrero del 2019 con la elección de su fecha.

«Nos íbamos a casar este 18 de julio, en los jardines del Pazo da Golpelleira de Vilagarcía en una ceremonia civil con unos 120 invitados. Íbamos a ir de viaje de novios una semana a Nueva York y cinco días a la Riviera Maya», dos destinos que «ahora mismo están bastante fastidiados» por la pandemia del covid-19, cuenta Álex. Con todo, la pareja explica cuál fue la verdadera decisión de posponer el enlace: «Tenemos familia y amigos en Inglaterra y Suecia que iban a venir. Queríamos tener a toda nuestra gente aquí, abrazarnos, estar juntos», apunta la novia. Sobre todo porque, añade Anton, ocasiones como el que esperan se convierta en el próximo día más bonito de su historia es «una forma de juntarnos todos, y pocas veces es posible».

16 de julio del 2021

Así las cosas, la boda acabará con dos años y medio de historia detrás, siendo el 16 de julio del 2021 el nuevo día señalado. Un viernes, se apresta a apuntar Álex, y es que ni su rápida reacción a la hora de buscar una alternativa cuando la cosa empezó a pintar bastos evitó encontrarse con que «de junio a septiembre del año que viene ya no había ningún sábado disponible».

El enlace dará a buen seguro pie a recordar con los suyos todo lo vivido en estos meses de frustración. «Ya habíamos empezado a entregar las invitaciones a finales de febrero», relata la novia, «la semana anterior al estado de alarma habíamos ido a la degustación del menú, y lo habíamos cerrado. Teníamos contratada una fotógrafa de León que descubrimos en Instagram. Habíamos reservado una decena de habitaciones de hotel para gente de Suecia. El viaje justo lo cogimos la víspera del estado de alarma, aunque los hoteles con opción de cancelarlos. Yo tenía el vestido a medio pagar... Prácticamente solo nos faltaban las flores, algo de la decoración y los detalles para los invitados».

Viendo la situación «a principios de abril», recuerda la pareja, «preguntamos si podíamos reservar una segunda fecha para la boda». Pero «cuando empezaron las fases y vimos que no se veía nada claro si se podría juntar la gente, optamos por aplazar la boda».

«Todos se portaron muy bien»

«A mí me parecía lo más lógico y lo mejor casi desde el principio», dice Anton. «Lo más difícil», señala, «era escoger el momento de decidir posponerlo, porque si lo hacíamos demasiado rápido y no pasa nada, era una pena». Eso, y el temor a qué iba a pasar con todo lo contratado.

Por suerte «todo el mundo se portó muy bien con nosotros. Todo lo que adelantamos, que no fue mucho, nos lo guardan para el año que viene. Y no había nada serigrafiado salvo las invitaciones». Y hasta en eso les quiso sonreír la fortuna a Álex y Anton. Su idea es limitarse a imprimir una nota con la nueva fecha y mandársela a su gente, de manera que conserven la invitación original para recordar siempre el amor de la pareja en tiempos de covid-19.

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