vilagarcía / la voz

Una tras otra, las palmeras situadas en espacios públicos de la comarca de O Salnés van cayendo. Se han cumplido las previsiones más pesimistas, las que hace unos años auguraban que la plaga del picudo rojo arrasaría los árboles de esta especie tropical sin compasión. Sin que nada, ni nadie, fuese capaz de ponerle freno. Así que, infectadas y enfermas, las palmeras son taladas una tras otra. El jueves fue en Vilagarcía, donde los operarios municipales cortaron el ejemplar que aún sobrevivía en Ravella, así como otro en Rodrigo de Mendoza. Días atrás, las máquinas habían cambiado para siempre el paseo marítimo a su paso por O Centenario, donde los troncos truncados de las palmeras ofrecen una triste estampa. Pero no solo hay talas en la capital arousana. En Vilanova se cortaron varias en O Esteiro. En A Illa, a mediados del mes pasado, se eliminaron también ejemplares enfermos. Y en Cambados se talaron hace dos semanas cinco palmeras, una de la plaza del Concello, dos en A Calzada, y otras dos en Castrelo. El Concello, que invierte alrededor de 13.000 euros al año en trabajos de prevención del picudo rojo, mira de reojo y con preocupación a los ejemplares que aún sobreviven en el paseo marítimo. ¿Conseguirán escapar del escarabajo?

Cambados parece dispuesto, aún, a dar la batalla. No todos los ayuntamientos están en la misma línea. En localidades como Vilagarcía y O Grove parecen haber arrojado la toalla. A fin de cuentas, los tratamientos son demasiado caros y no tienen garantías de éxito. Y, además, contienen productos en absoluto beneficiosos para el medio ambiente.

En ese contexto, en localidades como O Grove, donde hace años se luchó a brazo partido contra el picudo, las palmeras municipales de espacios como Confín, Meloxo y O Corgo parecen condenadas a caer. Y pronto: los últimos temporales las han convertido en un auténtico peligro para la seguridad de quienes bajo ellas caminan. En este municipio encontramos uno de los palmerales más emblemáticos de la provincia: el de A Toxa. En este caso, la propiedad está haciendo serios esfuerzos para blindar esos árboles centenarios contra el escarabajo. A fin de cuentas, explica Francisco Meis, estos aún briosos ejemplares forman parte del patrimonio histórico y emocional de la isla meca y de todo O Grove. Es un caso similar al del palmeral de Caldas, donde también se realizan inspecciones periódicas y se extreman los cuidados. O al de los jardines de Vicenti, en Pontevedra, un espacio rebautizado popularmente como Las Palmeras.

El encargado de este último espacio, Manuel Fontán, considera que, aunque resulte imposible salvar todas las palmeras de esta virulenta plaga de escarabajos, hay algunas en las que merece la pena redoblar esfuerzos, batallar hasta el último momento. «Temos que ter en conta que son árbores senlleiras, auténticos monumentos naturais que nos falan daqueles emigrantes que as trouxeron para aquí, como reflexo da prosperidade que atoparan noutras terras».

Manuel Fontán: "En Galicia non se desenvolveu ningún plan coordinado para atallar este problema"

O responsable do servizo de Parques e Xardíns no Concello de Pontevedra considera que a praga do picudo «non está controlada en ningún punto de Galicia». Entre outras cousas, porque neste territorio «non se desenvolveu un plan coordinado para intentar frear ese problema». Algo que si se fixo en lugares como Canarias, Mallorca ou Andalucía, lugares nos que si se teñen gañadas algunhas batallas ao picudo vermello. No Concello de Pontevedra levan anos de loita contra este insecto devorador de palmeiras. Pero, dada a fortaleza do inimigo, o municipio ten decidido focalizar os seus esforzos na protección das palmeiras máis simbólicas da vila. Dese xeito, cada dous meses sóbese ás palmeiras dos xardíns de Vicenti -coñecido como as Palmeiras-, e ás de Marescot. Unhas e outras reciben tratamentos preventivos periódicos. «Ás outras palmeiras da vila tamén se lle dan tratamentos e tamén se fan inspeccións, pero digamos que menos exhaustivas», porque son custosas. Ademais, colocáronse medio centro de trampas contra o picudo en zonas periurbanas e arredor dos palmerais principais. «Confiamos en salvar as nosas palmeiras máis senlleiras», di Fontán. Pero a resistencia ao asedio será aínda longa.

 

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Guerra perdida contra el picudo