Carlos, nombre ficticio, tenía que haber pasado su revisión en marzo. Ya le han dicho que toca esperar
08 sep 2019 . Actualizado a las 05:00 h.Cada vez que casos como el de la persona a la que llamaremos Carlos llegan al Parlamento Gallego, cierto grupo político con mando en plaza los califica de anécdotas. Gotas en un vaso de agua que, sin embargo, está cada vez más lleno y corre el riesgo de rebosar. Son anécdotas que se toman como tal cuando quedan lejanas, pero que tienen rostros y familias y que conviene recordar.
Carlos tuvo consulta con el cardiólogo el 12 de junio del pasado año en el Hospital do Salnés. Todo transcurrió de modo satisfactorio y médico y paciente quedaron para reencontrarse en marzo de este año, salvo no deseado contratiempo anterior. Como no lo hubo, el hombre (ya jubilado y por tanto de cierta edad) confió en que llegaría la llamada con el día y hora de la cita.
El problema es que el teléfono no sonó ni en marzo (ni por supuesto antes), ni en abril, ni tan siquiera en mayo. Por ello, Carlos decidió el día 29 del quinto mes de este año dirigirse al servicio de atención al paciente. Y fue ahí cuando surgió lo que para él supuso una mezcla de sorpresa y de disgusto. «Me dijeron que me llamarían dentro de siete meses aproximadamente», afirma. Es decir que, en el caso de que todo vaya según la nueva hoja de ruta, su revisión se producirá en los estertores del presente año, dieciocho meses más tarde de la consulta original y nueve después del plazo que había dado el cardiólogo como recomendación para que se produjera.
Carlos se decidió a hacer público su problema «porque considero que es algo muy grave y para intentar ayudar a que no se repitan casos como el mío». Entre tanto, el Sergas sostenía en julio, cuando hizo públicos los datos, que la demora en las consultas se recortó tres días en el primer semestre y se situó en una media de 37,6.