Beatriz acaba de abrir una tienda de productos elaborados de ave; una propuesta sorpresa en la plaza de abastos
05 may 2019 . Actualizado a las 05:00 h.Beatriz Señoráns sonríe, sonríe mucho. Sonríe como lo hacen las personas que han conseguido alcanzar su sueño. Ella quería, desde hace años, tener su propio despacho de carne. Un negocio detallista, cuidado, que ofrezca a la gente del siglo veintiuno lo que la gente del siglo veintiuno necesita. Hace tan solo unas semanas levantó, por fin, la verja de Pío Pío. ¿Dónde? En la plaza de abastos de Vilagarcía, claro. El pequeño expositor de la tienda es un festival de productos elaborados con pollo. Una sucesión de propuestas que sonarán a música celestial a quien cargue con la pesada cruza de elaborar los menús diarios en una casa cualquiera.
«La gente no tiene tiempo, y a veces tampoco tiene ganas, para ponerse a hacer determinadas elaboraciones en casa. Y para eso estoy yo. Para hacer las cosas como tú las harías en casa, para quitarte de en medio las partes que dan más trabajo», explica Beatriz. Así que, partiendo siempre de carne de pollo adquirida a proveedores de la zona -como todo lo que se utiliza en los elaborados-, esta carnicera-cocinera elabora desde apetecibles y arias hamburguesas y nuggets, hasta croissants y flores de pollo y hojaldre listos para meter en el horno, para acabar con platos dignos de vestir la mesa en un día especial.
«Los últimos veinte años trabajé en la carnicería de un supermercado, y me di cuenta de que la gente tira cada vez más por la carne blanca», explica Beatriz, que lleva el nombre bordado en su mandilón de trabajo. «Además, para mí es más manejable. Y eso es algo que buscaba, que fuese un producto que no me costase mucho trabajar». Así fue dando forma a Pío Pío. «Llevaba muchos años pensándolo, y ahora que mis hijos ya no dependen de mí, llegó el momento», cuenta. Parece que ha acertado: lleva solo unos días funcionando y el boca boca ya ha hecho milagros. Es la mejor publicidad, dice. Entre sus clientas figuran, desde el primer día, la gente de los otros puestos del mercado. Se los ganó gracias a una de las degustaciones de producto que tiene previsto hacer todos los fines de semana. «Si la gente prueba algo y le gusta, seguramente vaya a volver», explica. Y vaya si vuelven: ya ha habido días en los que ha agotado las provisiones. «Al estar yo sola atendiendo, no puedo hacer más producto», explica.
Y es que su jornada de trabajo es intensa. Por la mañana atiende el puesto y, si no hay mucho ajetreo, hace algún trabajo en su pequeño obrador. Por la tarde se dedica en exclusiva a preparar los productos que venderá a la mañana siguiente, o que le hayan encargado sus clientes. Si hay algo que está claro, es que esta mujer no le tiene miedo a la faena. «A mí me gustaría abrir por la tarde, pero en la plaza no se puede», explica.
El mercado, aún así, se le antoja el mejor lugar para un producto fresco y de calidad como el suyo. Aunque le falta «un poco de chispa», dice. Ella está dispuesta a dársela. Con degustaciones y con alianzas, como la que ha establecido con Lita, la responsable de la cafetería de la planta alta del mercado. «Si alguien está aquí de paso y no tiene dónde cocinar, puede comprar aquí lo que quiera y arriba se lo cocinan y se lo sirven», explica la carnicera.
Mientras su negocio da sus primeros pasos con una agilidad insospechada - «pensé que al principio todo iba a ir más despacio y que iba a tener algo más de tiempo, pero no» -, Beatriz ya acaricia nuevas ideas y nuevos proyectos. «Si todo va bien, me gustaría montar como una segunda parte del negocio, el Pío Pío Grill», para dárselo ya todo hecho al consumidor. Solo haría falta hincarle el diente.
La decisión
«Ya quise dar este paso hace muchos años, pero entonces tenía dos niños pequeños y no me atreví a hacerlo. En el súper en el que trabajé veinte años estaba muy bien, pero yo quería tener mi propio negocio, era mi sueño. Así que ahora, que ya no hay nadie que dependa de mí, ha llegado la hora de dar el paso. Y lo di». Beatriz no es emprendedora por necesidad, sino por vocación. Está convencida de que su propuesta va a funcionar, incluso a crecer. Si la buscan, la encontrarán en la plaza de abastos de Vilagarcía.