De profesión, encendedora de luces

Rosa Estévez
rosa estévez VILAGARCÍA / LA VOZ

AROUSA

MONICA IRAGO

Una mujer que quiere reivindicarse debe, primero, conocerse; a eso se dedica la psicóloga Cristina Angulo

29 abr 2019 . Actualizado a las 13:54 h.

Antes de bautizar su clínica con su propio nombre, Cristina Angulo ensayó otras posibilidades. Primero fue un nombre de flor, luego otro de carácter más técnico... Y ninguno cuajó. Finalmente, a la hora de escoger la palabra justa para su negocio, esta psicóloga, sexóloga y experta en programación neurolingüística, decidió hacer una declaración de intenciones y reivindicarse. A fin de cuentas, de eso va su trabajo. De ayudar a las personas a reconocerse a sí mismas para poder, desde ahí, posicionarse ante un mundo en permanente cambio, en el que todo lo sólido se desvanece en el aire. Anclarse a una misma es la única salvación para las personas que habitamos el planeta en la época de la tiranía de los «likes» y de la felicidad, aunque sea felicidad fingida.

Su trabajo la ha ido llevando, quizás sin pretenderlo, a «especializarme en empoderamiento femenino». «Siempre me gustó trabajar con mujeres. Creo que fue como una forma de autodescubrimiento», dice la terapeuta. Ella aboga por un cambio de paradigma: «A las mujeres nos enseñaron a ser perfectas, vivimos en la exigencia. Y tenemos que dar el salto y vivir en la excelencia. Y excelencia significa ser flexibles, poder pedir ayuda sin sentirnos mal por ello...». «A muchas de nosotras nos educaron en aquello de no salgas de casa sin hacer la cama. ¿Y qué pasa si un día la dejamos sin hacer? No pasa nada. He tenido mujeres a las que les he puesto como tarea eso, salir de casa con la cama sin hacer», relata.

Hasta Cristina llegan mujeres que se sienten arrolladas por esa búsqueda inconsciente de la perfección. Mujeres agotadas por una carrera constante tras ese paradigma del que no logran escapar y que acaba saturándolas. Mujeres atrapadas en una «situación de dependencia emocional de la pareja, un ámbito en el que hay muchísimos abusos de los que las víctimas ni siquiera somos conscientes porque hay cosas que ‘siempre han sido así’». Mujeres que han pasado tantos años cuidando a sus hijos, que cuando estos crecen no recuerdan ni «qué era lo que les gustaba a ellas».