De profesión, encendedora de luces

Una mujer que quiere reivindicarse debe, primero, conocerse; a eso se dedica la psicóloga Cristina Angulo


vilagarcía / la voz

Antes de bautizar su clínica con su propio nombre, Cristina Angulo ensayó otras posibilidades. Primero fue un nombre de flor, luego otro de carácter más técnico... Y ninguno cuajó. Finalmente, a la hora de escoger la palabra justa para su negocio, esta psicóloga, sexóloga y experta en programación neurolingüística, decidió hacer una declaración de intenciones y reivindicarse. A fin de cuentas, de eso va su trabajo. De ayudar a las personas a reconocerse a sí mismas para poder, desde ahí, posicionarse ante un mundo en permanente cambio, en el que todo lo sólido se desvanece en el aire. Anclarse a una misma es la única salvación para las personas que habitamos el planeta en la época de la tiranía de los «likes» y de la felicidad, aunque sea felicidad fingida.

Su trabajo la ha ido llevando, quizás sin pretenderlo, a «especializarme en empoderamiento femenino». «Siempre me gustó trabajar con mujeres. Creo que fue como una forma de autodescubrimiento», dice la terapeuta. Ella aboga por un cambio de paradigma: «A las mujeres nos enseñaron a ser perfectas, vivimos en la exigencia. Y tenemos que dar el salto y vivir en la excelencia. Y excelencia significa ser flexibles, poder pedir ayuda sin sentirnos mal por ello...». «A muchas de nosotras nos educaron en aquello de no salgas de casa sin hacer la cama. ¿Y qué pasa si un día la dejamos sin hacer? No pasa nada. He tenido mujeres a las que les he puesto como tarea eso, salir de casa con la cama sin hacer», relata.

Hasta Cristina llegan mujeres que se sienten arrolladas por esa búsqueda inconsciente de la perfección. Mujeres agotadas por una carrera constante tras ese paradigma del que no logran escapar y que acaba saturándolas. Mujeres atrapadas en una «situación de dependencia emocional de la pareja, un ámbito en el que hay muchísimos abusos de los que las víctimas ni siquiera somos conscientes porque hay cosas que ‘siempre han sido así’». Mujeres que han pasado tantos años cuidando a sus hijos, que cuando estos crecen no recuerdan ni «qué era lo que les gustaba a ellas».

Cristina está decidida a desprogramar todas esas aplicaciones que la sociedad instala en las mujeres y que pueden pesar demasiado, tanto como para sepultar a la persona bajo la carga brutal de los convencionalismos y de las cosas «como tienen que ser». Nuestra psicóloga se siente como la persona que va encendiendo la luz que todos llevamos dentro. Porque de lo que se trata es de entender qué es lo que sentimos y por qué lo sentimos, pero también para qué lo sentimos. Porque conocer las emociones es fundamental para aprender a gestionarlas.

Ese autoconocimiento se nos escabulle, muchas veces, porque «vivimos demasiado volcados hacia fuera y a veces nos olvidamos de quienes somos en realidad». Y otras veces, porque «tenemos muchas inseguridades y no confiamos lo suficiente en nosotros mismos». Esos son males que afectan tanto a hombres como a mujeres, que bloquean sin distinción de sexo a los habitantes de este cambio de siglo en el que nos encontramos sumidos.

La joven terapeuta que tenemos delante se dedica a desbloquear y a prevenir. Está «especializada en empoderamiento femenino», dice, pero no descuida otras facetas: ofrece talleres de inteligencia emocional en centros educativos -desde la universidad a los institutos- y es monitora de motivación en el coworking de Barro. Porque ella, mejor que nadie, sabe que quien emprende tiende a sentirse solo, a perderse en la desesperación. Para enseñarle el camino de vuelta está Cristina.

la decisión

Cristina decidió emprender mientras trabajaba en una tienda. «Me fijé en lo que había ganado mi jefe en un día, y en lo que iba a ganar yo a final de mes. Y me dije: yo quiero ser mi jefa». Eso, y su plan de vida, la empujaron a poner en marcha su negocio. «A veces pensaba que iba demasiado lento; luego me di cuenta de que va a mi ritmo, que es perfecto», señala. El año pasado, fue una de las coworkers de Barro; este año es monitora de motivación en ese mismo espacio. «Para mí es muy satisfactorio», dice.

«Las mujeres hemos sido programadas para la perfección», dice la psicóloga

«Ha habido a quien le he puesto de ‘tarea’ salir de casa sin hacer la cama; no pasa nada»

«Vivimos volcados hacia fuera, y eso hace que a veces nos olvidemos de quienes somos”

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