La forja que se convirtió en centro rural de arte

La Fundación Paco Lareo A Solaina combina etnografía con obras de reconocidos artistas del siglo XX


lalín / la voz

Una casa rural de aldea y una forja de hierro a la antigua usanza son el germen de la Fundación Paco Lareo A Solaina de Piloño (Vila de Cruces). Una obra de arte total en donde los muros rezuman creatividad y en donde se respira el genio de Paco Lareo, el polifacético artista cruceño fallecido en el año 2012.

En A Solaina uno se encuentra de todo: desde antiguos aperos de labranza rescatados de hórreos y palleiras hasta obras de los grandes artistas gallegos de las últimas décadas. Como Laxeiro, Sucasas, José Antonio Fondevila o Marisa Miguélez. Muchos de ellos fueron íntimos amigos de Paco Lareo y compartieron con él interminables charlas al calor de A Solaina.

De todo el legado cuida hoy con mimo Carmen Lareo, hermana de Paco y guía excepcional del conjunto. Según explica, a principios de los años ochenta, cuando Paco Lareo regresó de la emigración en Venezuela, convirtió la palleira de la casa familiar en museo. Era casi una excentricidad, pero el artista luchó hasta ver cumplido su sueño. «A Solaina Labrega», «A Solaina Bohemia» o «A Solainiña» son los tres nombres con los que cariñosamente aludió a aquella construcción dual primigenia en la que la planta baja se destinaba a muestra etnográfica de aperos de labranza y la superior a pinacoteca. Abajo pueden verse hoy antiguos ferrados para medir el maíz, teléfonos antiguos o básculas de cobre con pesas. Más de medio centenar de piezas componen una colección curiosa que da paso a la pinacoteca de la primera planta. Obras de Paco Lareo -como el Prato de pulpo o el Retrato de Rofer- conviven con pinturas de Laxeiro y de Sucasas. 

La muestra continúa por la «Solaina filla». Cuando a Lareo la Solaina primitiva se le quedó pequeña, levantó un segundo edificio. Hoy el bajo atesora los fondos sin musealizar, el ático guarda los archivos de la Fundación y la primera planta acoge una exposición permanente de pintura y escultura salpicada de nuevo de obras de Lareo, de Laxeiro de Fondevila, de Manuel Moldes o de Lucía Dubra. Doce caballitos de madera enfrentados tientan a los visitantes más jóvenes a convertirse en jinetes. No hay problema. Están allí para eso.

Otro de los rincones que no hay que perderse es la forja. El abuelo de Paco y de Carmen, Andrés Lareo Vaamonde, y su padre, Manuel Lareo Vázquez, fueron ferreiros. El propio Paco ejerció el oficio temporalmente. «De feito, moita xente, chamáballe ‘O Ferreiriño’», cuenta Carmen. Lo suyo era más el arte que la herrería, pero su experiencia con el yunque fue determinante en su escultura, que a menudo combina diferentes materiales e incorpora el hierro magistralmente. La forja -que Paco acabó convirtiendo en su estudio de pintura- se conserva casi como si no hubiese pasado el tiempo. Aún en invierno se enciende a veces. Exhibe un fuelle con más de un siglo de vida y la muela, el taladro y el yunque originales. «Ata o corgo de pedra que estaba sempre cheo de auga para enfriar os ferros despois de darlle forma», muestra la guía.

También tiene su aquel la «Casa do Ferreiro». Conserva la antigua cocina de hierro y una máquina de coser Singer de pedal y atesora decenas de obras pictóricas y escultóricas de Paco Lareo.

Lo que es imprescindible es el jardín, salpicado de esculturas que reclaman la atención a derecha e izquierda. El corazón homenajea a los donantes mientras O libro da sabiduría invita a descubrir sus misterios. En mitad de la huerta, un taburete. Es el «tallo» al que los Lareo se subían para ayudar en la forja tirando del barquín del fuelle. Ese taburete erigido en escultura ha sido hasta altar. No es de extrañar. La mágica combinación de arte, tradición y naturaleza de A Solaina enamora a cualquiera.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
0 votos
Comentarios

La forja que se convirtió en centro rural de arte