El mago que «murió» cuatro minutos

Pedro Volta dirige un taller para niños en Sanxenxo, donde mañana pondrá en escena su espectáculo


Pontevedra / La voz

¿Puede un simple regalo de Navidad o de cumpleaños, un juego, determinar el futuro de un niño? Si esta pregunta se la hacen a Pedro Volta, su respuesta será contundente y afirmativa. A fin de cuentas, «empecé muy, muy pequeño. Tendría 5 o 6 años y me regalaron una caja de Magia Borrás, que era lo que había en aquella época, y desde entonces recuerdo hacer shows de magia en las cenas de Navidad», rememora el pontevedrés. «Lo típico que los niños suelen preparar algún tipo de actuación para la familia», incide.

Sin embargo, en su caso concreto, la afición no se quedó en actuar para sus padres y primos durante aquellas veladas. Pronto, su afición se transformó en vocación y «las vocaciones, sin que te des cuenta, te van llevando». Siendo niño, Volta se quedaba prendado delante de la tele viendo los especiales que emitían de David Copperfield, al tiempo que los grababa en vídeo: «Mi entretenimiento era pasarme horas y horas repitiendo estos especiales para intentar descubrir cómo lo hacía. Curiosamente, con los años, descubrí que había acertado prácticamente todo lo que realizaba Copperfield en mis conclusiones».

El tiempo fue pasando y Volta fue adentrándose en el mundo de la magia. Comenzó a adquirir libros que le enviaban desde Madrid de una editorial especializada en este arte hasta que dio el salto al profesionalismo. «Me dedico de forma profesional desde muy jovencito, desde los 19 o 20 años. Era de los pocos en España con esa edad», añade.

De su mente no se borra la primera gran actuación por la que fue contratado, que coincidió con unas fiestas de A Peregrina, y en la que emuló al gran Houdini en la plaza de A Ferrería. Era el número final y Volta se introdujo en una caja que un camión de bomberos suspendía a varios metros de altura hasta que, para sorpresa de propios y extraños, el pontevedrés reaparecía en la ventana de un edificio de este emblemático punto del casco histórico.

«Supe por la sensación que me transmitió entonces el público que me gustaría dedicar mi vida al mundo de la magia, al mundo del espectáculo. Aquello que yo sentía al ver los especiales de David Copperfield, era lo que yo quería conseguir. Eso sí, salvando las distancias, que no pretendo ser Copperfield», bromea.

Reconoce que, como parte del mundo del espectáculo, en el ilusionismo siempre se pretende ir un paso más adelante -«siempre tienes que estar evolucionando, pero es lo que te atrapa. Es un continuo conocer cosas nuevas, estamos explorando siempre. Es una profesión muy absorbente porque siempre hay cosas por descubrir y eso es lo que la hace tan bonita»-, aunque, en ocasiones, se producen sustos. En el caso de Pedro Volta ocurrió hace apenas unos meses cuando se quedó inconsciente al realizar un número de escapismo en el agua.

Echando la vista atrás, reconoce que «tuve mucha suerte. Lo más importante es estar vivo y el accidente, al final, no deja de ser una anécdota profesional que podré contar, que ya es mucho». No oculta que este tipo de riesgos forma parte de su profesión -«si juegas con el riesgo, de alguna manera, te puede rebotar y hacer algo debajo del agua implica, seguramente, un riesgo más elevado que otra cosa»-, aunque deja claro que se trata de un número «que he hecho muchas veces. No tengo ninguna inquietud en demostrar si lo puedo conseguir o no, porque ya lo había hecho en otras ocasiones».

Eso sí, «si me llega una buena propuesta profesional, a lo mejor puedo pensármelo y pudo ver si lo hago o no. Sé que es imposible generar el impactó que han provocado las imágenes del incidente». De hecho, apunta que lo que más le impacto de todo el accidente fue el hecho de que la noticia del mismo diese la vuelta al mundo y se hubiera visto en recortes de prensa de lugares tan dispares, como Oslo o Singapur. «Si lo hago es porque el espectáculo lo requiere y porque yo creo que puede ser interesante».

De cualquier modo, el susto «fue positivo». El pontevedrés incide que «me ha ayudado a evolucionar en algunas cosas. Estuve en parada cardiorrespiratoria cuatro minutos y me ha servido para valorar ciertas cosas, como el descanso. A lo mejor, fue una manera de avisarme, de decirme ‘‘tómatelo con más calma, que no pasa nada’’».

Estos días Pedro Volta dirige en Sanxenxo unos talleres de magia dirigidos a los más pequeños, mientras que el viernes pondrá en escena su espectáculo en la plaza de Os Barcos. «Lo que intento es introducir a los niños en el arte del ilusionismo con pequeños y sencillos efectos con objetos cotidianos de magia para que aprendan y pueden hacer luego en sus casas. Explicarles que la magia es un arte que lleva trabajo, lleva ensayos, lleva repeticiones y en el que hay diferentes técnicas», precisó.

Paralelamente, continúa su labor de colaboración y asesoramiento con El Hormiguero de Pablo Motos y participará en varios festivales y en su propio show.

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