En O Grove se despacharon ayer miles de raciones de los mejores productos del mar, de las que dieron cuenta comensales de un número creciente de países
08 oct 2018 . Actualizado a las 05:00 h.Muchos portugueses, un número sorprendentemente elevado de rusos, y una cantidad creciente de franceses, holandeses, suecos... En la oficina de turismo de O Grove, colocada en el corazón mismo de la Festa do Marisco, pueden dar fe de que, con reconocimiento oficial o sin él, el certamen gastronómico meco es ya de interés turístico internacional. Basta darse un paseo bajo las carpas y afinar el oído: un hombre se alegra en italiano de haber encontrado una mesa libre en la que depositar sus viandas. Muy cerca, António Regueira y su grupo de amigos hablan en portugués. Han venido desde Melgaço a pasar el día y a darse un buen banquete. Y hemos elegido la palabra justa, porque ante ellos se extendía un muestrario casi completo de los productos que se pueden degustar en al fiesta. «E aínda faltan outros que iremos buscar despois», comentaba el jefe de grupo. Para él, O Grove no es un desconocido. «Viñemos xa moitas veces, pero a esta festa nunca», relata. «E encántanos!», concluye, como lamentándose por todos los años perdidos.
Ayer a mediodía, el recinto era un hervidero cosmopolita y ruidoso. A eso de las doce y media, de una manera inesperada, las cajas en las que se compran los tiques se vieron rodeadas por una multitud deseosa de catar los platos que han hecho famosa a la fiesta meca. Comenzaba la hora punta, esa en la que ni los refuerzos del fin de semana dan abasto para atender una demanda desbocada. Pero, pese a ese momento de estrés, aseguran en el departamento de cajas que esta edición lleva un ritmo diferente que las anteriores. «Véndese moito, as veces máis que o ano pasado, pero vai todo de xeito moito máis gradual», asegura Ramón Mouriño, responsable de un equipo integrado por ocho personas los días de semana, y por catorce sábados y domingos.
Había gente bajo las carpas, había gente en las cajas. Y seguía sobrando gente ayer en O Grove. La localidad ya estaba tomada por los amantes de la fiesta a las once y media de la mañana, cuando Lorena Moldes, la chef del Pan de Millo, hizo una demostración de cocina en vivo que despertó un gran interés entre público de todas las edades: desde parejas jóvenes, a abuelas que tomaban buena nota de la receta del arroz de mariscos. Frente al Concello, los participantes en el encuentro de Vespas y Lambretas formaban otra ruidosa y feliz gran familia, con sus vehículos orgullosamente expuestos a la mirada de los curiosos. Los dos puestos de artesanía abiertos en el recinto, tanto el de la collareira Montse Betanzos, como el de los creadores de Grove Makers, no dejaban de recibir visitas. Y volvía a haber aglomeración en la explanada donde Cantordorxo hacía una demostración del mejor baile tradicional.
El alcalde de O Grove, José Cacabelos (PSOE), no ocultaba su satisfacción por cómo se está desarrollando la fiesta. «Hay mucha gente, y además estamos consiguiendo atraer a nuevos perfiles», decía. Y se explicaba. La noche del sábado, bajo las carpas, «había un tipo de visitante que no es el habitual de la fiesta, que veías que habían venido a ver los conciertos». The Charlatans, Australian Blonde, Pardo y Nano Vinilo formaban un cartel que no decepcionó. Y que, seguramente, atrajo hacia la fiesta gastronómica a un público que, de otra manera, quizás nunca se hubiese interesado por ella. Pero ahora que han probado el Marisco, seguro que vuelven.
El barco que suministra el cangrejo real tendrá que volver a salir a por más producto
La fiesta grovense pone al alcance de los paladares un amplio muestrario de productos de la ría. Aseguran en las cajas que las zamburiñas y las navajas a la plancha están teniendo mucho tirón, que el interés del pulpo no decae -y eso que el precio de la ración ha subido un poco- y que la novedad de este año, el cangrejo real, ha cosechado un éxito sin paliativos en los puestos de venta. Desde su llegada a las carpas, el crustáceo, un gran desconocido pese a ser tan gallego como el centollo, ha despertado un gran interés entre los comensales. Tanto es así, que el primer día que se sirvió se acabaron las provisiones mucho antes de lo previsto. «Está funcionando moi ben», aseguraba ayer la concejala de Turismo, Emma Torres. Tan bien, de hecho, que el único barco de O Grove que se dedica a su captura volverá a hacerse al mar para traer nuevos suministros para la fiesta, porque los doscientos kilos con los que se iba a tantear el mercado «estamos vendo que nos quedan curtos». Si se confirma el éxito de esta especie, seguro que se acabará haciendo con un espacio fijo en el menú de la fiesta.