Manuel Charlín: La risa que pone los pelos de punta

Su reputación de tipo frío y despiadado no le impide al capo de los capos tomarse a chanza las torturas que se le atribuyen


vilagarcía / la voz

Poco se puede escribir sobre Manuel Charlín Gama que no haya precipitado ya miles de líneas en negro sobre blanco desde que este hombre (Vilanova, 1932) fue detenido por primera vez en relación con un asunto de drogas. Aquello ocurrió en 1983 y fue breve. Lo suficiente como para que dedicarse a otra cosa ni se le pasase por el caletre. A sus 85 años Charlín es, sin duda, el epítome del capo gallego. Hay otros nombres legendarios en la ría, pero ninguno se sitúa, como el suyo, en la cúspide de un clan ramificado del que, como de un árbol de Navidad, cuelgan bolas con los rostros de hermanos, hijos, sobrinos y variada parentela. Las guirnaldas se estiran hasta una tercera generación, pero O Vello acaba de demostrar que, para hacer negocios, él. Y punto.

De orígenes humildes, el estraperlo de todo tipo de productos a uno y otro lado de la raia con Portugal le proporcionó sus primeros conocimientos. Después llegaron Terito y el tabaco, el humo del hachís y las aspiraciones de talco de la cocaína. El dinero a paladas. Y las complicaciones.

La operación Nécora no pudo con él, pero sí sirvió para que conociese a fondo los rincones de una celda. Es cierto que fue absuelto por aquello y que llegó a pisar de nuevo la calle. Pero lo hizo apenas durante seis días. Garzón y su gente lo hallaron oculto, en el gimnasio de su ya mítica vivienda de Vilanova. Fue así como engatilló prácticamente veinte años a la sombra. Hasta que el 19 de julio del 2010 fue puesto en libertad. Desde entonces solo la operación Repesca, que indagaba en la insólita buena suerte que acompañaba a su familia cada vez que se avecinaba un sorteo o una lotería, pareció capaz de devolverlo al caldero. No fue así, pero a cambio perdió el control de buena parte de sus propiedades. Entre ellas, la casa de Cálago que comparte con su hijo Melchor. Se decía en el 2014 que podría salir a subasta. «Non me preocupa, os meus avogados din que está todo prescrito», le confesaba hace un par de años a la periodista de La Voz Susana Luaña. Charlín decía verse un poco más gordo que cuando paseaba por el patio carcelario de A Lama. «Antes coidábame. Agora, cos viños...».

O Vello hablaba entonces con bastante retranca y una sensación de tranquilidad que, con el paso del tiempo, se ha demostrado infundada. Es cierto que se dejaba ver a menudo con una copa de albariño en la mano en este o aquel local de As Sinas o del centro de Vilanova, dispuesto a charlar con quien quisiese hacerlo. Pero en abril, hace solo unos meses, él y Melchor recibieron una impresionante malleira a domicilio. La paliza acabó con ambos en el Hospital do Salnés. También finiquitó ese halo de respeto que siempre había sobrevolado al clan. Él mismo lo alimentó como se hacen estas cosas, con hechos en lugar de palabras. Poco antes de que le rompiesen la cara, el patriarca rememoraba, al hilo de la serie Fariña, las torturas y el intento de asesinato del vallisoletano Suances, que quiso pasarse de listo, allá en los 80, y casi acaba tieso en el interior de un camión congelador, del que escapó por los pelos. El ex guardia civil Orbaiz, ya fallecido y seducido en época tan temprana por el reverso blanco, participó en aquello. «Levou hostias ata no carné de identidade», se reía Charlín frente a las cámaras. Como si nada.

Quién iba a decir entonces que alguien se atrevería a abofetear al patriarca en su propio chalé. Claro que, pensándolo bien, los signos de decadencia se suceden desde hace algún tiempo. Esa acusación de abusar de una menor con discapacidad. Esos leones de escayola que custodian su portal. Este arreón que puede ser el último...

Un hostelero cuya fortuna siempre estuvo bajo sospecha

Natural de Vilagarcía, Mario Otero se instaló en Boiro hace unas tres décadas e hizo fortuna con un establecimiento hostelero que durante toda la mañana de ayer y parte de la tarde estuvo custodiado por la Policía Nacional. El local funciona desde 1989 y tiene una clientela fija, pero en los mentideros de Boiro siempre estuvo bajo sospecha el origen de la fortuna del empresario.

No solo la rumorología ha vinculado la trayectoria de Otero a actividades ilícitas, también las fuerzas de seguridad lo han hecho en distintas ocasiones. El grupo del EDOA en la provincia de A Coruña y de la Udyco han recibido soplos en los últimos años que relacionarían al vilagarciano con el narcotráfico, pero, hasta ahora, los indicios recabados nunca habían tenido el peso suficiente para abrir diligencias contra él. En cuanto a que disfruta de una situación económica holgada, en Boiro se da por supuesto y se achaca a Otero cierto gusto por la ostentación, al comprar coches de alta gama y contar con distintas propiedades.

Es también muy conocido por su vinculación al fútbol local y fue vicepresidente del Boiro entre el 2010 y el 2014.

El hombre que infiltró sus barcos en la limpieza del chapapote del Prestige

s. g./ j. r. s. g./ j. r.

Jacinto Santos Viñas es un histórico del negocio en la ría de Arousa. Es cierto que las sentencias a menudo le han tratado mejor que las imputaciones policiales, y que no siempre las investigaciones han conducido a condenas a la altura de la categoría y las habilidades que se le atribuyen a este hombre. Pero haberlas, las ha habido. En especial la que lo envió a la sombra por su relación con el mayor alijo de hachís que jamás se haya interceptado en Galicia: las 36 toneladas que viajaban en las tripas del carguero panameño Volga I y fueron descubiertas en el puerto de Marín en enero de 1996.

Aquel alijo tendría que haber sido transportado por tierra desde Vigo hasta Ámsterdam. Sin embargo, el buque, que había zarpado del puerto marroquí de Asilah, acabó arribando a Marín. Lo hizo un viernes, jornada que por aquel entonces señalaba el final de las operaciones portuarias de la semana, motivando que los cerebros del alijo se desplazasen hasta la ría de Pontevedra. Así arrastraron tras de sí a las fuerzas de seguridad, que les seguían la pista. Por aquello, que constituyó todo un atrevimiento, pues nunca antes se había tanteado una vía comercial marítima -el barco trasladaba, teóricamente, noventa toneladas de harina de pescado- con un transporte de semejante calibre, le cayeron a Santos seis años de prisión. Un detalle. Al propio Laureano Oubiña le parecieron escasos, a la vista de su propia experiencia penal.

Nacido en Vilanova, Santos Viñas frecuentó también Vigo. De él se dice que aprendió el oficio con Falcón, en los lejanos tiempos del tabaco. Trabajó con remolcadores entre los puertos de A Coruña y Ferrol, descargando rubio de batea, hasta que decidió, como tantos otros, dar el salto a mercancías tan peligrosas como rentables. Merece la pena detenerse en otra de las operaciones por las que fue condenado. A finales del 2002, varios de sus barcos fueron detectados mientras recogían el chapapote del Prestige. Año y medio más tarde, aquello condujo a un alijo de media tonelada de cocaína.

Un escurridizo especialista en embarcaciones de alta velocidad

A José Andrés Bóveda Ozores le gusta la velocidad. Tanto como asegurarse siempre una baza ganadora. Oriundo de Vilanova, alcanzó cierta celebridad en el municipio arousano, más allá del mundo náutico, cuando decidió patrocinar las fiestas de la parroquia de San Miguel de Deiro. Dicen que Charly o Sandokán, los sobrenombres por los que se le conoce, paga cada año un alumbrado espectacular, que llama la atención de propios y extraños. Si es él quien en efecto lo hace, el arco luminoso que sale de sus bolsillos resulta al menos tan impactante como los leones de escayola que flanquean la casa de Charlín. La fuerzas de seguridad lo consideran un verdadero «mirlo blanco». Alguien capaz de salir bien parado de mil y una encerronas pese a que todas las pruebas apunten en su contra.

Aunque fuentes policiales le atribuyen una larga carrera como lanchero -que, como la de los otros dos supuestos cabecillas en Galicia del alijo intervenido en las Azores, se habría iniciado con el tabaco-, no hay constancia de que haya sido condenado por narcotráfico. Con lo que sí se le relaciona es con un buen número de empresas y sociedades ubicadas a lo largo y ancho de la comarca de O Salnés, en la orilla sur de la ría de Arousa. Una de ellas destaca sobre las demás, el astillero Graünner en el que ayer fue detenido.

Tranquilidad y buenos contactos

Especializada en embarcaciones de alta velocidad, orientadas a la náutica deportiva, la empresa funciona desde el 2005 en Tragove (Cambados). Su creación es fruto, sobre el papel, de la crisis del negocio del transporte por tierra. Es lo que al menos afirmó hace un par de años uno de sus familiares. Y es capaz de poner en el agua todo tipo de lanchas de alta gama. En su momento se le vinculó con el Pastelero y con Costiñas. Sin más consecuencias que el paso por el banquillo. Maneja buenos contactos allá donde quien vive en el filo debe tenerlos. No es extraño, así, que ayer se desenvolviese con absoluta tranquilidad y enorme suficiencia.

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