Los trabajos han concluido, pero falta que la conexión sea realidad y que acaben las filtraciones
26 jul 2018 . Actualizado a las 05:00 h.Todo arrancó en 1997, cuando se concedieron las licencias para construir el edificio, pero el dislate urbanístico no salió a la luz hasta el 2006, con las inundaciones que sacaron a la luz pública el río que atravesaba un garaje. Un dislate que se fue prolongando año tras año entre juicios y retrasos hasta que finalmente se procedió a la subsanación del desastre.
Ahora, por fin, los trabajos parecen haber concluido. Falta, o al menos eso parece a simple vista, el último paso, porque el nivel de agua que sale de la nueva canalización es muy pequeño, por no decir ínfimo y parece más producto de filtraciones que de un curso de agua. Han tapado el canal, por donde se colaban toxicómanos para consumir sus dosis, para evitar incursiones, pero el lugar comienza a convertirse en un pequeño basurero, con la acumulación, todavía pequeña es verdad, de restos de todo tipo.
En realidad, esa nueva canalización por la que tanto tiempo han estado esperando los vecinos del edificio de Rodrigo de Mendoza es toda una maravilla si se compara con la anterior. Por allí se siguen filtrando aguas residuales que caen directamente al río. El color gris y la sensación de que todo el entorno está muy sucio se mantiene. No ayuda a que algunos sigan desdeñando la necesaria labor de las papeleras y opten por tirar cualquier tipo de residuos directamente donde les cuadre.
Metros más allá, en una de las fronteras del parque de A Coca el circuito de BMX, que precisamente se creo en A Florida tras las inundaciones del 2006, ha recuperado su imagen después de que las obras de canalización del regato lo hubieran tenido inutilizado durante varias semanas, porque aquella zona se utilizó como lugar de almacenamiento de materiales y de los residuos que provocaban los trabajos.
Lugar de paso
El parque, por lo demás, sigue dando la sensación de ser más lugar de paso que de descanso. Tiene ese potencial enorme de estar en un lugar espectacular, con el río cruzando a su vera, pero deja el sabor de boca de que le faltan cosas para conseguir convertirse en un lugar de paso obligado.