El gallo al que Pedro Sánchez indultó

En plena campaña del 2016, el líder socialista quiso conocer el mundo rural gallego. Satiro le abrió su bodega en Vilagarcía. «Díxenlle que se gañaba matabamos un polo»

El gallo al que Pedro Sánchez indultó El plena campaña del 2016, el líder socialista quiso conocer el mundo rural gallego. Satiro le abrió su bodega en Vilagarcía. «Díxenlle que se gañaba matabamos un polo». Así es la historia de este vecino que recibió al hoy presidente del Gobierno

vilagarcía / la voz

16 de junio del 2016. Pedro Sánchez pasea por Pontevedra y cambia de planes. La repetición de las elecciones está a tiro de piedra y el candidato socialista, que viene de marrar su primer intento de alcanzar la presidencia del Gobierno, quiere pisar terreno firme. Menos problemas de señoritos y más tantear qué se cuece en una aldea gallega. La agrupación del PSOE de Vilagarcía, que con Alberto Varela acaba de recuperar la alcaldía, hace valer su peso. Esto no es Lalín, pero alguna vaca queda. Es así como la caravana del puño y la rosa enfila rumbo norte y acaba desembarcando en el pequeño núcleo de Castroagudín, para sorpresa de propios, sus habitantes, y extraños, la parte madrileña de la embajada, que recorre el imbricado urbanismo del lugar con ojos un tanto alucinados. Jorge Casanova, el cronista de La Voz que los acompaña, percibe un murmullo: «¿Pero dónde estamos?». Dos mundos se encuentran al pie de una fuente de granito. Señoras y señores, bienvenidos a la realidad.

Satiro Doval, nacido aquí mismo y bregado finamente en el País Vasco -«vinte anos botei en Astilleros Españoles, en Sestao»-, en Cataluña y en media España -«percorrina toda»- ejerce de anfitrión y protagoniza, junto al entonces aspirante y hoy flamante presidente del Gobierno, una anécdota ya legendaria. «A cousa foi como segue. Eu recibín a Pedro Sánchez na miña bodega e díxenlle: 'Se gañamos as eleccións mato o galo'. El respondeu: 'El gallo qué culpa tendrá'. E aí morreu o conto».

Sánchez, que demostró temple en un lance en el que otro hubiese sucumbido, indultó al pollo, seguro que de un tamaño semejante al de un pequeño dinosaurio de Spielberg, para alivio de una importante facción de su compañía, lívida de solo pensar en el sacrificio que se avecinaba, en lugar de apreciar el manjar que se habrían merendado. A Satiro, por su parte, no le importaría en absoluto que el presidente regresase algún día para concluir la escena como dios manda, «e un bo vaso de viño país da casa». «A miña porta está aberta para el e para calquera que cumpra honradamente; sempre terá en min un amigo e un socialista».

A nuestro hombre, un tipo afable, de larga y razonada conversación, se le nota contento. «Moito, si, porque Sánchez parece unha persoa responsable». Aunque en Castroagudín, no se vayan a dormir que aún es de día, también tienen sus deberes para el Gobierno recién estrenado: «Que non esquezan o rural, porque non haberá tantos votos, pero aquí vivimos xente que contamos e contribuímos». A Satiro, «defensor acérrimo das mulleres, que se o pensades ben son escravas na casa», le agrada, y mucho, el papel preeminente que las ministras desempeñan en el nuevo gabinete. Y, una de cal y otra de arena, sea cual sea la buena de las dos, desempolva otro matiz importante que plantearle a Sánchez: «O que non me gustaría é que se aliase con quen non debe. Mirade, en Astilleros Españoles eramos 6.300 traballadores. Había xente de HB, claro, e erguían a voz, pero as decisións apoiábanse na maioría. Non van ser catro vascos, catro galegos ou catro cataláns os que tomen as decisións por todos. Igual que non me gusta a dereita, tampouco me gusta a esquerda radical». Por lo demás, el vecino de Castroagudín encuentra el equipo del presidente «bastante coherente». A partir de ahora, «traballo, que funcionen e a gañar unhas eleccións por maioría».

Nos despedimos en la fuente en la que todo comenzó, hace dos años. Tres angelotes de granito, al menos eso parecen, escupen agua fresca que goza de justa fama en toda Vilagarcía. De ella bebió Pedro Sánchez antes de emprender su breve aventura en Castroagudín. «É a fonte da sorte», revela Satiro, guiñando un ojo. A ver si va a ser eso...

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