Pepe Rubianes tiene su calle en la Barceloneta

El nombre del cómico nacido en Vilaxoán se incorporó al callejero de Barcelona mientras Serrat le cantaba

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vilagarcía / la voz

Cuando se fue, Pepe Rubianes (Vilaxoán, 1947; Barcelona, 2009) dejó en este mundo un buen puñado de viudas que cada año le ríen y le lloran. Pero la única legítima, apostólica y romana es Lucila Aguilera, con la que el cómico galaico-catalá, así es como le gustaba definirse, se casó en 1973. Nuestro hombre destronó ayer al mismísimo almirante Cervera, arrebatándole el nombre de la calle de la Barceloneta que ahora se llama como el actor. «No te lo pierdas, porque hace esquina con Juan de Borbón, tú, Rubianes con Juan de Borbón; esto a Pepe le hubiese encantado», subraya Lucila una paradoja digna de figurar en uno de sus monólogos. «Aunque llegó a Barcelona con tres años, yo creo que Pepe era muy gallego, en su casa se hablaba gallego, sus padres eran muy simpáticos, no dejaba de hablar de A Lagoa, de su tío Lelo, que era máximo, un surrealista de esos que tenéis en Galicia, hemos estado allí, en la casa de Vilaxoán, y él tiene mucha, mucha influencia gallega».

«En el arte del monólogo y de actuar solo, llenando un escenario, Pepe fue inspirador para muchos de nosotros», señala Manel Fuentes, que ayer se encargó de conducir el homenaje. El sábado había llovido, pero el domingo amaneció radiante en Barcelona. Mucha gente se congregó en una calle chula, que va de mar a mar, donde el actor fijó su última residencia. Su hermana Carmen recitó con cuatro rapsodas varios poemas del cómico. Las integrantes del grupo de las viudas contaron sus cosas con Pepe. Por allí se dejaron caer María Rosales, la periodista Rosana Torres, Andreu Buenafuente, Joan Lluís Bozzo, Joan Gràcia, de Tricicle, José Corbacho, el actor Francesc Orella, el pare Manel o Pep Molina, entre otros muchos amics. Sobrevoló el carrer el recuerdo de Carles Flavià, amigo del alma que ya tampoco está. Y pusieron banda sonora Èric Vinaixa y, sobre todo, Joan Manuel Serrat, quien, acompañado al piano, cantó Seria Fantàstic antes de que la alcaldesa, Ada Colau, hiciese relucir la placa al sol entre alguna que otra lágrima.

No hubo, que se sepa, representación de Vilaxoán. Lo intentaron el presidente de la asociación de veciños, Xoán Mariño, y Teo Cardalda. También, desde el País Vasco, la exconcejala socialista y vilaxoanesa de pro Dolores Couso, Coca. Pero no pudo ser. Tranquilos. Habrá una mejor oportunidad. Haciendo cumplir, por ejemplo, el acuerdo plenario por el que Vilagarcía bautiza el centro sociocultural de O Preguntoiro como Pepe Rubianes. El asunto se aprobó en tiempos de la alcaldesa Dolores García y sigue esperando. No iremos a ser menos que la Barceloneta, ¿no?

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