«El pudor no es compatible con nuestro trabajo»

El vigués Roberto Carrera fue modelo de Bellas Artes durante doce años y aspira a recuperar su empleo en el nuevo proceso de contratación


vigo / la voz

Roberto Carrera (Vigo, 1974) ejerció como modelo para la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Vigo durante 12 años, pero se quedó sin empleo cuando la adjudicataria que se ocupa desde el 2012 de la gestión externa de este servicio dejó fuera a los que llevaban más tiempo.

-¿Cómo dio con esta profesión?

-Conocí esa posibilidad a través de una amiga que ya estaba trabajando allí y se enteró de que hacía falta más personal y así fue, hasta el punto de que llegamos a ser seis modelos fijos y uno variable, dependiendo de las necesidades. Empecé en el curso 2000-2001 y como en todos los empleos a los que llegas de nuevas, no sabía mucho de qué había que hacer pero poco a poco fui familiarizándome con la tarea. Después de más de una década la relación con el profesorado y el personal ya era muy cercana. Mis compañeros y yo pensábamos que era el trabajo con el que llegaríamos a la jubilación.

-¿No hay edad límite?

-No hay tope de edad, el cuerpo humano ha sido objeto artístico en todas sus representaciones y la vejez es una de ellas. De hecho, hace poco se ha jubilado una modelo de la Universidad en Madrid a la que le hicieron un homenaje con una retrospectiva de trabajos de antiguos alumnos.

-Y tampoco les exigen como en el sector de la moda, ser ni guapos, ni delgados, ni altos...

-No, claro. Hay gente que te comenta que no podría hacer su trabajo porque está muy gordo, pero necesitan distintos tipos morfológicos.

-Lo que será imprescindible en este caso es no tener problemas con el pudor, ¿no?

-Desde luego que no. Por compañeros que lo vivieron, cuando se inició la actividad en la facultad, los primeros modelos posaban tapándose los genitales o con bragas y calzoncillos. Y cuando Eulen se hizo con la concesión contrataron a gente que se negó a desnudarse. El pudor no es compatible con estar en una tarima a un metro y medio de altura, con focos y un fondo blanco detrás, ante una media de 20 a 40 personas en una clase. Lo curioso es que se suelen sentir más violentos el que dibuja que el modelo que está desnudo.

-¿Se puede vivir de ello sin necesidad de recurrir a otras fuentes de ingresos?

-Cuando empecé trabajaba solo en eso, pero en períodos de vacaciones sí buscaba algo más porque nuestros contratos eran de personal fijo discontinuo y en Navidad y verano se notaba la merma. Pero los últimos años casi únicamente estaba en la facultad, aunque a veces también trabajábamos para otras escuelas como la de canteiros en Poio, la Universidad Popular en Vigo y la de Diseño y Moda en Pontevedra.

-Al final tenía un horario completo, de lunes a viernes

-Prácticamente de ocho horas diarias pero con reparto de jornada diferente al de otros trabajos, ya que la carga física es mucha y no se pueden hacer sesiones continuas de más de seis horas.

-¿A qué se dedicaba antes?

-A la producción musical y de eventos. Cuando empecé como modelo no sabía dónde me metía pero en cuanto entré, seguí una preparación física y mental. Ambas son importantísimas.

-Para la gran mayoría, el trabajo de modelo en arte consiste en estar quieto. Hay más, ¿no?

-En estos años me aburrí de escuchar que nos pagan por no hacer nada, por estar tirados y cosas así. Es cierto que el modelo debe mantener la pose, pero las normas de seguridad para todos los trabajadores obliga a cada 15 minutos a cambiar de postura. Nosotros hacemos aquello que no se debe hacer. Todos pasábamos por un fisioterapeuta regularmente y practicábamos deporte.

-¿Qué era lo que más le gustaba?

-El ambiente que lo rodea, joven, artístico y algunas veces transgresor, ya que hablamos de una facultad donde la innovación y experimentación chocan a veces con la sociedad.

-¿Cuál fue el peor momento que recuerda?

-Situaciones profesionales en las que no fui capaz de terminar la pose y arruinar la tarea de un alumno.

«El nuevo concurso veta la presencia de los modelos que estábamos antes»

Roberto Carrera regresó al sector de la producción del que venía, pero de nuevo, mira de reojo la facultad de Bellas Artes y aspira a regresar a una tarea que implica, asegura, una gran carga psicológica de horas sin moverse y sin hablar para el que no todo el mundo vale. La Universidad de Vigo ha sacado de nuevo a concurso el servicio de modelos y el vigués espera recuperar su puesto de trabajo.

-¿El conflicto laboral de base es que nunca han sido parte del personal de la Universidad de Vigo?

-Sí. Nunca hemos accedido a la categoría de personal laboral. Otros sí lo lograron, como los maestros de taller.

-¿Eso es habitual?

-No. Solo ocurre en la Universidad de Vigo, en la de Sevilla y la de Granada. En el resto, en las 15 facultades de Bellas Artes que hay en España, los modelos son personal laboral de la universidad o en el caso del País Vasco, funcionarios con estabilidad laboral. Aquí empezó la gestión una ETT, le siguieron otras tres empresas, un conflicto laboral en el 2012 y otro en puertas.

-¿Por qué?

-Los requisitos del contrato que acaba de salir de la Universidad de Vigo vetan la presencia de los que estábamos antes, porque una cláusula establece que los modelos que presente la empresa que opte al concurso, tienen que tener una experiencia demostrable en los últimos tres años. Eso, en nuestra opinión, es una represalia contra los antiguos modelos, por las movilizaciones que protagonizamos entonces y la repercusión que tuvieron. Hay pocos profesionales y si nosotros estamos fuera, Eulen tiene ventaja porque están de su mano los que tienen experiencia.

Concurso. El 3 de abril acaba el plazo de presentación de ofertas para gestionar el servicio de modelos.

Quejas. Los antiguos modelos han solicitado al jefe de servicio de contratación que eliminen la cláusula que consideran «excluyente y discriminatoria».

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