Explorando el mundo con una mirada propia

Rosa Estévez
rosa estévez VILAGARCÍA / LA VOZ

AROUSA

MONICA IRAGO

Pasó años reprimiendo sus pulsiones artísticas, pero desde que les dio rienda suelta no para de exponer

09 ene 2018 . Actualizado a las 05:00 h.

Cuando se trata de arte, Teresa habla a borbotones. Las palabras se escapan de entre sus labios con la urgencia que imprime la pasión. «No puedo negarlo», reconoce una mujer que hace aún muy pocos años decidió dar rienda suelta, por fin, a un amor que anidó en ella toda la vida. Para expresarse, ha elegido como herramienta la fotografía. «No pongas ahí que soy fotógrafa, porque ni lo soy, ni me siento así, ni quiero molestar a los fotógrafos de verdad», apunta. Ella es, simplemente, una artista que en vez de utilizar pinceles, o piedra, o arcilla, ha elegido el ojo de vidrio para expresarse. Y parece que ha logrado transmitir las emociones esperadas, porque su primer trabajo, El Camino, fue todo un éxito. Y su segunda propuesta, Vidas Efémeras, sigue el mismo rumbo: hoy inaugura exposición en Vigo, en la Casa das Mulleres, y el año que viene estará en el Festival Internacional de Avintes, en Portugal.

Teresa sintió pronto la llamada del arte. De hecho, esta cambadesa de nacimiento y vilagarciana de adopción estudió su historia en la universidad. Pensaba dedicarse a la docencia, y de hecho llegó a dar clases en varios centros. Pero luego, la vida le salió al paso y, por cuestiones familiares, inició un peregrinaje que la ha llevado a recorrer buena parte de Europa. Al principio, ese viaje constante «tuvo algo de frustración». Sin embargo, con el tiempo ha descubierto que todos los caminos recorridos, todas las paradas realizadas, han servido para llenar su mochila vital de experiencias, y sus ojos, de imágenes con un poder evocador demoledor. «Cuando viví en Holanda, por ejemplo, comprendí los cuadros de Van Gogh: el viento, la plástica, las dunas, el Mar del Norte...», relata.

Que estuviese en movimiento constante no impedía a Teresa seguir encontrando una forma de llegar al arte. A base de buscar talleres en los que sus hijos pudiesen adentrarse en todo tipo de disciplinas plásticas, entró en contacto con artistas de orígenes distintos, de planteamientos incluso divergentes. Y su mirada, educada ya en sus largas horas de estudio, se fue afinando.

«En nuestra casa siempre hubo cámaras de fotos, pero yo no las usaba», cuenta ahora. Hasta que un buen día «acabé apropiándome de ellas». No tardó en descubrir que tenía ojo, «pero me faltaba técnica». Así que comenzó a hacer cursos para aprender a sacar todo el partido a la herramienta que iba a convertir en su medio de expresión. Hace cinco años, cuando se sintió preparada, empezó a plantearse proyectos artísticos que guardaba en su casa, lejos de miradas ajenas. A fin de cuentas, ¿iba alguien a entender su mensaje?

La respuesta la encontró cuando le pidieron que participase en una exposición que tenía que hablar del Camino de Santiago. «Hice un proyecto centrado en un adoquín», relata. Aquella primera iniciativa fue un éxito inesperado. Y eso la animó.

Hace un tiempo, Teresa encontró en un almacén familiar unos viejos maniquíes de una vieja tienda. Los limpió y se los llevó a su finca de Rubiáns, un jardín mágico que ha reconvertido para Vidas Efémeras en el mismísimo Eden. En él ha jugado con los maniquíes, algunos de ellos tatuados por André Díaz Domínguez, para componer unas imágenes con varias capas de lectura. Teresa, que se declara «muy involucrada con el pensamiento feminista», pretende con sus composiciones hacer al espectador partícipe de una realidad en la que las mujeres siguen estando sometidas a todo tipo de presiones. «Los cánones de belleza siempre han existido, pero ahora la presión es insoportable, sobre todo sobre las mujeres más jóvenes», cuenta Teresa, quien ha llenado sus imágenes de referencias, también, a la historia sagrada, a la manzana, a Eva, y al pecado original.

Ese proyecto fue enviado a la Casa das Mulleres de Vigo. «Y les gustó mucho, sobre todo por la sorpresa. No son fotos de retrato. Son fotos muy conceptuales, que no son frecuentes cuando se aborda el tema de la igualdad», relata. Ayer montó las once imágenes que componen la muestra en la sala viguesa. Y hoy se someterá, por primera vez, al escrutinio del público. Teresa confía en que la exposición no deje a nadie indiferente. Que los espectadores se vean obligados a abrir un debate consigo mismos. Ese es, a fin de cuentas, el sentido del arte.

La muestra se inaugura hoy mismo en la Casa da Muller, en Vigo.

Se trata de once fotos, ocho en tamaño 50x50, y tres de formato mayor, de un metro por metro y medio. El protagonismo recae sobre unos maniquíes muy naturalistas insertados en un jardín de Rubiáns que bien podría ser el jardín del Eden. Las imágenes han sido tomadas sin utilizar artificios de ningún tipo. «El lugar en el que trabajo es una maravilla».