Quiere permanecer en el anonimato «por lo que pueda pasar». Así que le llamaremos María, por ejemplo. Una herencia convirtió a esta mujer, que vive en Pontevedra, en propietaria de un piso situado a orillas de la balsámica ría de Arousa. Con él llegó un alivio para su situación económica. «Lo alquilo los meses de verano a familias que vienen a veranear y que no tienen posibilidad de alojarse en hoteles», cuenta. Ella cobra poco. «Soy de las baratas. Trescientos euros a la semana», explica. Quizás esa cantidad explique que, hasta ahora, no haya tenido problemas en encontrar inquilinos veraniegos para su vivienda. Este año, sin embargo, le está costando un poco más. Básicamente, porque María no se atreve a colgar anuncios en las páginas web que solía utilizar para hacerse publicidad. «Me da miedo. Estoy muy preocupada porque no sé qué voy a hacer con esta nueva ley que han sacado. Me parece una cosa exagerada, la verdad», explica. «Yo no sé para qué lo hacen, ni si es cosa de la Xunta, del Gobierno o de los hoteleros, aunque por mucho que digan, nosotros no le hacemos competencia ninguna».