Cuando los pingüinos vivían en A Lanzada

Alfredo López Penide
López Penide SANXENXO / LA VOZ

AROUSA

Capotillo

Los primeros pobladores del arenal incluían al perro y al lobo en su dieta alimentaria

21 jul 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Transcurridos seis años de la excavación que dio un vuelco a lo que se creía conocer del yacimiento arqueológico de A Lanzada, los análisis de todo lo que se halló en el 2010 aún no han concluido. Sin embargo, los datos con los que ya se cuentan ponen de manifiesto cómo podía ser el modo de vida de los primeros pobladores de lo que hoy es una de las playas más atractivas de la cornisa atlántica gallega.

Las muestras remitidas a los laboratorios madrileños han puesto de manifiesto la existencia de una riqueza biológica sin igual a todos los niveles. De hecho, los científicos han localizado vestigios de una rara especie de pingüino cuya existencia en este punto geográfico se desconocía hasta ahora. De hecho, el primer sorprendido de este descubrimiento fue Rafael Rodríguez. El arqueólogo de la Diputación le confesó ayer, día en el que se retomaron los trabajos de excavación en este yacimiento, a la presidenta del organismo provincial, Carmela Silva, que su primera impresión cuando se lo comunicaron fue «eso es imposible», al tiempo que su mente volaba hasta Ciudad del Cabo, uno de los puntos donde aún se pueden contemplar ejemplares de pingüino africano.

No es esta la única sorpresa que ha desvelado el estudio de los restos localizados en este asentamiento próximo a la ermita de A Lanzada. Así, los científicos se han podido hacer una idea de cómo era la dieta de aquellos primeros pobladores. Junto al jabalí o las ovejas -se estima que, al menos, existían dos tipos, una muy similar a la actual-, el menú de aquellos primeros pobladores incluía cetáceos, perros y lobos. De hecho, se ha determinado que se llegaron a realizar batidas para cazar cánidos.

Pero, ¿cómo se llegó a esta conclusión? En este punto, Rafael Rodríguez explicó que en algunos huesos de perros se han localizado marcas de dientes similares a las que se podrían dejar en la actualidad al degustar el churrasco en una barbacoa.

De este modo, según precisó el arqueólogo de la Diputación, en la zona existió «unha ocupación dende o século VIII antes de Cristo ata o século V despois de Cristo, pero non sabemos exactamente por onde van os tiros». Y es que «temos moitos cromos pero non temos álbum. Agora temos que coller os cromos, coller o álbum e dar unha lectura de todo o que temos».

Rodríguez está convencido de que A Lanzada aún guarda muchos secretos por revelar. De hecho, uno de los anhelos de esta nueva excavación es, «si soa a frauta», tratar de concretar si realmente existió el monasterio de Santa María de Lanceata.

La intención es confirmar si los documentos y textos que aluden a la presencia de un convento de los siglos VII u VIII son veraces.

A la hora de retomar las excavaciones del 2010, se van a realizar «varias sondaxes para tratar de visualizar o que é o campo da Lanzada». Se trata de unos trabajos que se extenderán hasta noviembre y que ocuparán a una veintena de profesionales que no solo determinarán la extensión e importancia de los restos, sino que podrán hacer una planificación para futuros trabajos arqueológicos.