De cena, aunque no la última, con Jesucristo

Maruxa Alfonso Laya
m. alfonso MEIS / LA VOZ

AROUSA

Marcos demostró ser todo un artista de la cocina preparando una merluza al horno exquisita.
Marcos demostró ser todo un artista de la cocina preparando una merluza al horno exquisita. óscar Vífer< / span>

Roma se prepara para subir de nuevo a la cruz cocinando una exquisita merluza al horno con gambas

13 mar 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

A Marcos Roma lo habrá visto descalzo, con una cruz al hombro. O atado a ella en lo alto del monte. También, recibiendo latigazos. Pero seguro que, hasta ahora, no lo había visto en la cocina. Ni siquiera su abuela, Carmen. «Non sabía eu que se lle daba tan ben», afirma mientras este joven de 26 años acepta el reto y se dispone a preparar una merluza al horno. Corta meticulosamente todos y cada uno de los ingredientes: la cebolla, el pimiento, la zanahoria y hasta la patata. «A facer algo, hai que facelo ben», argumenta. Lo mismo que con el papel de Jesús, el personaje principal de las escenificaciones que todas las Semana Santa representan los vecinos de Paradela. Aceptó el reto hace tres años. «O primeiro ano foi un pouco por devoción, coma se quixera ofrecerme, agora xa é porque me gusta», reconoce. No tanto a su abuela, su mejor crítica. «Este non o fai mal, pero Enrique -el actor que hacía este papel antes- facíao moi ben», argumenta mientras reconoce que lo que no le gusta es que azoten a su nieto.

Su receta culinaria es sencilla, pero detallista al máximo. «Fago unhas patacas panadeiras na tixola para darlle color e tamén un pouco de cebola e pemento. Despois facemos unha base coas patacas e engadimos a cebola, cenoria, guisantes, gambas e pescada», relata. Que sea Jesús el que prepara la cena tiene su gracia. Como buen vecino de Paradela, Marcos lleva toda su vida ligado a la Semana Santa. Empezó en el papel de angelito y llegó a ser soldado, de los que pegan a Jesús cuando sube al monte. «De ir pegando a recibilas», bromea. Se toma con mucho humor todo lo que hace. Y con tranquilidad. Reconoce que tiene amigos que no entienden esta faceta suya. «Chámalles a atención e moitos din que estou mal da cabeza». A él, en cambio, le gusta. «É só poñer un pouco de forza de vontade», explica.

Reconoce que el papel de Jesús es el más sufrido. Pero no solo por el esfuerzo físico. «Na última cena preparan carneiro de verdade e mentres estamos en escena o estamos comendo. A min non me da tempo a probalo e teñen o chiste de ?ti fala, fala, que xa comemos nós?», cuenta, mientras se toca por décima vez el pelo. No se le ve muy cómodo con la melena, que se ha dejado a propósito para el papel. «Os dous primeiros anos levei extensións, este ano deixei crecer o pelo desde que acabou a Semana Santa ata agora, pero creo que non chegou», añade.

Marcos tiene su parte favorita en la representación. La jornada del Viernes Santo, «cando se sube ao monte da Croa. É tamén a máis dura e a que máis lle gusta á xente», reconoce. Empieza de mañana, con la subida al monte, descalzo y con la cruz a cuestas, mientras recibe los latigazos de sus compañeros. «Tamén levan os ladróns. A sufrir, sufrir en compañía», bromea. Pero no es esto lo que peor lleva. Y es que cuando se llega arriba lo atan a la cruz y la levantan. «Cando te están levantando impón, porque é moita altura», reconoce. Allí queda cerca de una hora, expuesto. «Moitas veces pensas ¿caerá a cruz?. A verdade é que entre os nervios e a altura non da a cabeza para moito. Estás pensando en que acabe todo pronto», explica.

Son los latigazos lo que menos gustan a su abuela. Él, les resta importancia. «O primeiro ano dou máis susto, pero agora xa sabes a que te enfrontas. Dende fóra parece unha masacre, pero é moita máis impresión que dolor», asegura. No le da importancia ni siquiera a las heridas, pues asegura que llega más mazado de las caídas que tiene que fingir en cada estación. Fue en una de estas caídas donde peor lo pasó el año pasado. Pero no por el dolor, sino porque le pegó un ataque de risa cuando los soldados se quejaron de lo mucho que pesaba al levantarlo. «Estaba toda a xente mirando e eles a dicir como pesa este, e pegoume a risa», añade.

Cambio de idioma

La representación de este año tiene una dificultad añadida: han cambiado el idioma. «Todos os anos a xente que viña de fóra dicía é moi bonito, pero non sabemos o que dicides», relata. Así que, tras mucho deliberar, se decidió traducir los textos al castellano. Eso implicó aprenderse de nuevo muchas de las frases. «Agora xa empeza a saír ben, pero de vez en cando se nos escapa algo», añade. Más de doscientos vecinos de Paradela llevan desde el pasado mes de enero preparando estas escenificaciones. Dentro de una semana, Marcos será recibido con palmas y olivos en la iglesia. Habrá empezado entonces la Semana Santa más famosa de O Salnés.