Una década creando la isla fantástica de Iarnal

carmen garcía de burgos PONTEVEDRA / LA VOZ

AROUSA

El libro de la joven Aurora Redondo está a punto de ver la luz con fondos de Finlandia, Londres o Francia

08 mar 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Lleva una década escribiendo su propia vida. Cuando se le pregunta por los nombres y el origen de El libro de Iarnal duda. Confiesa que no sabe explicarlo, y finalmente admite que no es algo que se haya inventado, sino que simplemente se le ocurrió, sin pensarlo. Es lo que tiene que ser, parece que dice con otras palabras. Aurora Redondo, con solo 23 años, ha creado un mundo que está a punto de ver la luz. No se quiere hacer ilusiones, pero el proyecto de crowfunding para publicar su libro ha recaudado ya el 75 por ciento de lo que necesita para hacerlo realidad. De los 1.800 euros de objetivo mínimo que se ha marcado para los cuarenta días que dura la campaña, ha conseguido más 1.400 en los primeros dieciséis.

Las aportaciones llegan desde lugares tan remotos como Finlandia, y de otros más cercanos como Francia e Inglaterra. La explicación es sencilla para la recién licenciada en Filología Hispánica: su proyecto la ha acompañado durante tantos años que le ha obligado a compartirlo con la mayor parte de la gente que ha pasado por su vida durante la última década. No menos. El primer mapa de Iarnal, esta isla situada en el Atlántico en la que casi todo es posible, tiene diez años. Lo dibujó una joven estudiante de instituto de 13 años que quería contar sus propias explicaciones del mundo al resto de sus habitantes. Por eso no le extrañó demasiado, aunque no deja de emocionarle, que parte de su pequeño mundo provenga de fondos donados por amigos y conocidos que saben lo importante que es para ella esta aventura, y que quieren formar parte de ella haciéndola visible para el resto de los ojos del mundo.

Reconoce la joven licenciada que la historia principal de El libro de Iarnal es apta para niños, pero advierte de que para entender la novela en su conjunto es necesario ser algo más adulto. Las peripecias de las pequeñas San y Falla -una niña y un cachorro de hiena que se crían juntas- se ven intercaladas con otras muchas historias y cuentos. Son las que les van sucediendo en su expedición por la isla una vez que crecen, algo parecido a microcuentos que completan al argumento principal.

Entre medias, Aurora da sentido a preguntas que no lo tienen, a cuestiones que el hombre no puede responder fácilmente como de dónde surge el amor. No solo el romántico, sino también la amistad. Para aquellos que no lo sepan, es obra de la «Ninfa de los sueños». Se trata de «un bichillo pequeño que se encuentra en los ojos de la gente, y el amor es la conexión que establecemos con ese bichillo que vive en los demás», señala la pontevedresa.

Explicaciones imposibles

Otro «bichillo», Sébillah, es quien se encarga de dar solución a los problemas de la gente o, en otras ocasiones, simplemente de contarles historias. «Vive en la luna -explica la joven escritora-, y se pasa el día subiendo y bajando cráteres, pero a veces se aburre y entonces mira hacia la Tierra, elige a un humano, y le cuenta un cuento o le da la clave para arreglar sus problemas».

Todos ellos son habitantes de un mundo que, aunque todavía no es público, ya es conocido. De él han oído hablar no solo las personas más cercanas a Aurora, sino los asiduos, por ejemplo, al micro abierto de Salamanca al que solía acudir mientras estudiaba la carrera. «Siempre obtenía muy buena respuesta cuando contaba historias de El libro de Iarnal» -nombre que, por cierto, significa la tierra de los sueños en el lenguaje propio de la isla, en el que iar (significa sueño, y nal tierra o isla-. También los pequeños que asistían a los campamentos a los que ella acudía como monitora. «Les encantaban». Por eso está convencida de que es una historia que debe tener la oportunidad de escuchar todo el mundo.

Para eso le vino bien mudarse a Madrid. Aunque la razón de fondo era el máster de Desarrollo de Diseño Gráfico y Web que terminó precisamente ayer, los aires de la capital le han ayudado más de lo que esperaba tras pasar el último año en Pontevedra a su regreso de la capital salmantina. «En Pontevedra la gente está demasiado preocupada de si las cosas no salen o salen mal, y aquí todo el mundo te anima a que te lances y te animes».

Y eso que no es el primero que publica. Ya editó tres pequeños relatos, de unas 30 páginas cada uno, que integran una trilogía, El vivero. En esas tres ocasiones, los textos salieron editados en word y la portada, con una acuarela pintada por ella misma. Pero cree que El libro de Iarnal es diferente. Además, será el primer paso para El taller de historias, una idea que pretende ampliar el concepto de la escritura de cuentos. No se trata solo de escribirlos, matiza, sino también de editarlos, publicarlos y llevarlos al público. Una buena forma de hacérselos llegar es a través de sesiones de cuentacuentos. No importa si son infantiles o para adultos, porque todos necesitan de historias para soñar.