El colapso del mar toca tierra

Rosa Estévez
rosa estévez VILAGARCÍA / LA VOZ

AROUSA

Sin producto con el que llenar los pilones de sus empresas, los depuradores auguran que las firmas más débiles del sector se quedarán en el camino

03 mar 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Arranca marzo. Los que deberían ser los últimos compases de la campaña de libre marisqueo en los ricos fondos de la ría de Arousa llegan, sin embargo, con la quietud de las lanchas en los puertos. Los rañeiros siguen inactivos, parados, a la espera de que se resuelvan las solicitudes de los subsidios y prestaciones que han pedido para intentar paliar varios meses sin trabajo. Están fuera del mar porque el mar ya no tiene marisco que ofrecerles. Os Lombos do Ulla parecen una cantera agotada. Y O Bohído, sometido durante la campaña a una presión insoportable, exigía un merecido descanso.

Con la flota de mariscadores amarrada a puerto, es lógico que baje al volumen de almeja que llega a las lonjas. Pero en estos primeros compases del año, el descalabro de las capturas está siendo monumental. De ello dan cuenta, en primera persona, las mariscadoras que no la encuentran en la playa, los depuradores, las vendedoras de la plaza, y los consumidores, que se topan con que, en el mercado, las almejas se cotizan a precio de oro. La fina y la babosa alcanzan valores navideños. «Pero la japónica también la están pagando muy bien», asegura la responsable de la agrupación de a pie en Carril, Lidia García.

Desde el sector de la depuración asienten. La almeja, reconocen, alcanza cotizaciones inauditas para esta época del año. Y eso es así porque la oferta se ha reducido considerablemente. «Non hai ameixa. Pero non so non a hai aquí: tampouco a teñen en Italia nin en Francia», explica el presidente de Agade. «Hai un escenario de escaseza xeneralizada en todos os produtos, que está levando ao noso sector a unha situación crítica», indica. Y es que no llevamos ni un año ni dos con problemas de producción. Ya son varios los ejercicios en los que los números acaban teñidos de rojo. Quienes se encargan de extraer el marisco son los primeros en notar esa pobreza productiva. Pero esta alcanza también a los depuradores, que se encuentran con que no tienen producto con el que atender los pedidos que reciben. «Y si hay algo peor que no ser capaz de vender un producto porque el mercado no tira, es encontrarte con que tus clientes te hacen unos pedidos que tú no puedes atender», apunta un depurador arousano.

Convencido de que el sector de la depuración está condenado a reconvertirse, o más bien a reestructurarse, y de que «haberá empresas que probablemente non superen a crise», Ramón Blanco sostiene también que el sistema productivo está colapsado. «O que está claro é que non podemos seguir así», argumentaba ayer. En esa afirmación de partida parecen estar de acuerdo las cofradías. A fin de cuentas, la crisis productiva fue uno de los muchos argumentos sobre los que se construyó la multitudinaria manifestación que el pasado sábado recorrió las calles de Santiago de Compostela.

Mucho antes de eso, las cofradías arousanas ya habían denunciado una progresiva caída de producción. Y luego, bajo el paraguas de la Plataforma para a Defensa da Ría de Arousa, solicitaban a la Xunta que tomase en serio un problema que amenaza muchos puestos de trabajo. En el mar y en tierra. También Agade considera que es preciso abordar «unha investigación seria sobre que é o que pode estar pasando, sobre se o cambio climático pode estar tendo algo que ver en todo isto».

El clima parece haberse vuelto loco. Y cuando el agua no alcanza temperaturas altísimas, convirtiéndose en caldo de cultivo para las mareas rojas y algunas especies invasoras, «chega un temporal de chuvia que arrasa con todo», en palabras de Ramón Blanco. ¿Es ese el único problema? Las cofradías creen que no. Que la contaminación de las rías, por ejemplo, es otro factor que no se debe perder de vista.

Poco mejillón

Este año de escasez generalizada, falta hasta el mejillón. Pero en este caso, no por un problema de producción, sino por una demanda elevadísima sostenida durante meses. El 2015 arrancó con un ritmo de ventas trepidante, al sumarse a la demanda propia de la época -la de producto fresco- los pedidos procedentes de la industria transformadora, que quiso aprovechar al máximo la excelente calidad que brindaba el mejillón gallego.

A estas alturas, los mercados empiezan a acusar el desabastecimiento de mejillón. «Non podemos nin atender todos os pedidos que temos», explicaba ayer el presidente de los depuradores gallegos. Las palabras de Ramón Blanco las ratifica, desde las bateas, Ricardo Herbón. El presidente de Opmega, la principal organización de productores de mejillón, reconocía ayer que, a estas alturas de año, cuesta mucho atender todos los pedidos que se reciben. Pero es normal, señala. «O mexillón necesita o seu tempo», dice. Se ha sacado producto a toneladas y, por mucho que se intenten acortar los plazos de la cosecha, hay unas líneas que no se deben traspasar, un tiempo mínimo que se debe respetar. Así que, ahora, en muchas bateas toca esperar a que el producto crezca. En estos momentos, la campaña de industria parece haber entrado en modo pausa: el rendimiento del mejillón ha caído tras las lluvias y los temporales, y las fábricas han detenido su actividad. Aún así, el bivalvo disponible es insuficiente para atender los pedidos de los depuradores. Estos reciben encargos tanto de los mercados nacionales como de Francia e Italia, dos países de mucho consumo y que no han tenido mucha suerte con sus propias producciones en estos últimos años.