No son loros pero también pueden hablar. Son agapones, una especie de pájaro que está consiguiendo colarse en muchos hogares compitiendo con periquitos y canarios. En la casa de Carmen -el nombre es ficticio porque la propietaria no quiere dar pistas sobre su paradero para que no se los roben- hay diecinueve ejemplares. Cuando compró el primero, por 55 euros, poco podía pensar que iba a acabar teniendo semejante colonia: «Es que empezaron a criar», explica. Los tiene repartidos en siete jaulas y los suelta a diario por casa, por turnos, «porque si no es una locura», abunda. De hecho se resiste a deshacerse de ellos «porque total en las tiendas te pagan muy poco y no vale la pena». Su Pingüi es de los que ha aprendido a hablar; dice «Cris» y por ese nombre se dirige a todos los miembros de la familia. ¿Por qué agapones y no canarios? «Me encanta su colorido y son muy cariñosos. A mí hasta me conocen», indica.