Cortegada también merece la pena en invierno

La isla ha recibido más de medio millar de visitantes en los primeros meses del año

Durante el invierno, Cortegada descubre otra cara. Más fría, sí, pero igualmente hermosa.
Durante el invierno, Cortegada descubre otra cara. Más fría, sí, pero igualmente hermosa.

Vilagarcía / La Voz

Poco a poco, sin prisa pero sin pausa, Cortegada empieza a dejarse conquistar. Hasta la menos conocida de las Illas Atlánticas llega un número creciente de visitantes. Evidentemente, el grueso de los turistas viajan hasta ella en verano, cuando el calor aprieta e invita a refugiarse en su corazón verde, o a darse un refrescante baño en sus playas ligeras de bañistas. Pero Cortegada también es hermosa en invierno, y de ello puede dar fe un número creciente de apasionados de la naturaleza. Según los datos que maneja la Xunta de Galicia, entre enero y abril de este año desembarcaron en Cortegada más de medio millar de personas. En concreto, 540 excursionistas frente a los 333 que, en el mismo período del año pasado, pisaron el bosque de laurel que flota al fondo de la ría de Arousa.

Las razones

Desde el Parque Nacional das Illas Atlánticas atribuyen esos buenos resultados a dos factores. Por un lado, el buen tiempo que hizo durante Semana Santa. Por el otro, la intensa campaña que se está realizando para promocionar un producto turístico que se había quedado muy por detrás que sus hermanas mayores, las islas de Cíes y Ons. Aún habría un tercer factor a tener en cuenta: el empeño de las pequeñas empresas que, al calor del Parque Natural, se han decidido a explorar ese turismo de naturaleza que tantas alegrías parece tener reservadas para un lugar como este en el que vivimos, bendecido con unos paisajes de ensueño. Corticata y Alvamar son dos de las empresas que más han apostado por la isla de Carril. Ambas han detectado ese incremento del tráfico invernal. Lo nutren, dicen desde la primera de las empresas, excursionistas que vienen de cerca, sobre todo de Vigo, Santiago y Coruña. Suelen ser personas que ya conocen el resto de las islas del Parque Nacional. Normalmente, añaden desde Alvamar, es gente que disfruta de la naturaleza, amantes de la micología o la botánica. Y en esos campos, Cortegada no tiene rival: un bosque de laurel sin parangón en Europa y una colección interminable de setas la convierten en un auténtico cofre de los tesoros para quienes disfrutan descubriendo los secretos de los lugares encantados.

Pendientes del tiempo

Así que Cortegada parece estar logrando, casi desde su nacimiento como producto turístico, la tan ansiada y buscada desestacionalización. Evidentemente, entre junio y septiembre es cuando se concentran más visitantes. En esos meses ya se abre el abanico de procedencias, y en la isla desembarcan personas llegadas de todos los rincones de la península. Pero es que en verano es mucho más fácil programar actividades al aire libre: muy negro tiene que ponerse el horizonte de repente para que haya que cancelar una actividad. En invierno, sin embargo, hay que andar con tiento, supeditando todas las visitas al clima. «Este año teníamos prevista una salida para el día de San José y la tuvimos que cancelar a última hora», recuerdan desde Corticata.

Llega mayo

Sujetas al tiempo están, por ejemplo, las visitas a la isla previstas para el primero de mayo. Tanto Corticata como Alvamar lo tienen todo listo para ayudar a sus clientes a explorar este mágico rincón. Las previsiones meteorológicas no son nada halagüeñas. Pero si hace bueno, no pierdan la ocasión.

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