Mucho más allá de una cuestión estética

Susana Luaña Louzao
susana luaña VILAGARCÍA / LA VOZ

AROUSA

MARTINA MISER

La chapuza está muy enraizada en la cultura gallega; pero limitar el feísmo a una cuestión de mal gusto es simplificarlo; el problema está en la gestión del territorio

16 nov 2014 . Actualizado a las 04:56 h.

La hermosa ría de Arousa está salpicada, se mire por donde se mire, de verdaderos atentados contra el paisaje y el patrimonio. Viviendas de dudoso gusto a pie de costa, casas de ladrillo, galpones de uralita, edificios de varias plantas pegados a viviendas unifamiliares, adornos estéticamente cuestionables, maltrato de elementos tradicionales, modas pasajeras en absoluto integradas en el territorio... No es, por supuesto, exclusivo de la costa. Podría decirse que toda Galicia es una gran chapuza, pero el problema es demasiado complejo como para limitarlo a una cuestión estética. Se trata, en realidad, de una mala gestión del patrimonio.

El especialista en Urbanismo, Javi Montero, habla de distintos tipos de feísmo. «Está por un lado el feísmo privado y por otro el público, y al mismo tiempo hay un feísmo rural y otro urbano, y todos ellos van colisionando».

Lo que más llama la atención es la típica chapuza particular, sobre todo si está en una zona rural en claro contraste con el paisaje. Pero Montero advierte: «El feísmo rural no tiene tanta importancia, porque es reversible a no ser que afecte al patrimonio; un galpón de uralita se puede retirar con facilidad». En cuanto a la polémica decisión de la Xunta de multar a quien tiene las casas sin rematar, subraya: «Es fácil echarle la culpa a los propietarios, pero el feísmo privado tiene un fondo social, económico o administrativo, no solo es el mal gusto de una persona».

Falta de reflexión

O sea, que el verdadero problema está en el feísmo público, es decir, en los planeamientos urbanísticos que se hicieron muchas veces sin ton ni son y sin una verdadera reflexión o un conocimiento histórico, cultural y social de la zona que se pretende ordenar. Es ese feísmo que permite alienaciones de calles sin orden, diferentes alturas en un mismo barrio, uso de materiales extraños en edificios públicos o proyectos calcados de otras comunidades que no casan en nada ni con el territorio gallego ni con los usos que se le quiere dar a los inmuebles. A mayores hay un empeño por llenar las ciudades de elementos arquitectónicos y de mobiliario muchas veces inútil que un par de años después es un desecho más afeando las calles. Tiene mucho que ver con el bonitismo, o lo que es lo mismo, el vicio tanto público como privado de incorporar adornos innecesarios. Puertos deportivos modernos como el de Combarro al lado del núcleo urbano tradicional, grandes moles de ladrillo en las que se ubican multiusos de cuestionada utilidad y otros despropósitos urbanísticos se repiten a la puerta de casa de cada uno, y también dentro.

Competencias

Desidia, dejadez o prisas por hacer en dos días lo que la historia hizo en doscientos años se suman a una proliferación de administraciones, cada una con sus competencias y sin comunicación entre ellas, que provocan, por ejemplo, que una ciudad -Vilagarcía es un ejemplo- finalice con un enorme edificio de varias plantas y revestido de uralita al lado de una finca de verduras. «De repente, todo son cortes bruscos sin integración ni continuidad entre ellos», dice Montero.

Al otro lado de la balanza

No todo es negativo. En la comarca se están haciendo cosas interesantes, sobre todo en el campo de la rehabilitación. Montero pone tres ejemplos: «En patrimonio, destacaría la rehabilitación y ordenación del entorno de Armenteira, que es realmente bueno; en obra nueva, la estación marítima de Vilanova o el arreglo de la lonja, y en obra privada, me gusta mucho el trabajo que están haciendo Recuna y Dapena, tanto en obra nueva como en rehabilitación».

Para terminar, nada mejor que una reflexión: «Sentidiño, aplicar el sentido común y evitar la improvisación». Los ingredientes de la receta no son tan difíciles; pensar los proyectos, observar su relación con el espacio, dar soluciones de continuidad y analizar cómo funcionarán en el futuro. Sin feísmos ni bonitismos.