De cuando el albariño se convirtió en pasta de té

AROUSA

MARTINA MISER

Esta es la historia de Patricia y Susana Blanco y de la madre de ambas, María José Oubiña. También, de unas pastas de té elaboradas con albariño que triunfaban en todas las fiestas familiares. Y esta historia tiene su germen en una frase que a todos nos gusta usar mucho, pero que muy pocas veces llevamos a la práctica. Ese «tenemos que montar algo» que, en este caso, se convirtió en el origen de un negocio. De una pequeña empresa con la que estas tres valientes decidieron hacer frente a la crisis económica hace ahora año y medio. Lo lograron. Trabajan más que nunca, porque lo hacen todo entre las tres, pero están felices y llenas de proyectos de futuro. Sus Albariñas, pastas de té artesanas que se elaboran con albariño, son todo un éxito.

Mil casualidades

La historia de 3 pastas Delicatessen, que así se llama esta empresa, surgió de mil casualidades distintas. La primera fue que un día a María José le regalaron una caja de albariño y, en vez de hacer sus tradicionales galletas con vino del país, decidió probar con el Rías Baixas. Fueron el éxito de las fiestas de Navidad. «Todos nos decían que ricas estaban», explica Susana. La segunda fue que ella se quedó sin trabajo. Y, la tercera, que Patricia trabaja en Madrid y tenía que viajar todos los fines de semana para venir a casa. Así que decidieron dar el paso adelante y convertir el «tenemos que montar algo» en una realidad. Su proyecto nació muy poco a poco y con mucha cautela. Sobre todo, con los pies en el suelo. En un antiguo garaje que tenían en la parte trasera de casa montaron un obrador con zona de empaquetado. «Partimos de cero y queríamos evitar los gastos fijos», explica Susana.

A tiempo completo

Fueron ellas tres solas las que se encargaron de definir todos y cada uno de los aspectos del negocio. Buscaron a los proveedores, aprendieron a elaborar las galletas con María José y diseñaron los embalajes de las mismas. «Cogimos un listado de tiendas que nos parecían interesantes y nos presentamos allí», explica Patricia. A lo largo del último año han recorrido Galicia de cabo a rabo, «tenemos mil y una anécdotas», asegura Susana. Se ocupan hasta de la distribución, que cuando no hacen ellas mismas encargan a una empresa de mensajería. «Nos gusta tener ese trato directo y cercano con el cliente. Vendemos casi todo en establecimientos familiares», añade. Cuidan y miman hasta el último detalle. Y ahí, aseguran, radica parte del secreto de su éxito.

Manos en la masa

La artista de la cocina es, en realidad, María José. Suya es la receta de las galletas, que ahora también elaboran Susana y Patricia. Comenzaron «con una batidora de las de toda la vida» y en una jornada de trabajo eran capaces de preparar 25 cajas de galletas. Tras año y medio de experiencia su ritmo de amasado ha crecido. Ahora pueden llegar a hacer hasta cien cajas en una jornada muy intensa. Ya cuentan con una batidora profesional. «Según las necesidades vamos creciendo», explica Patricia. «Estamos contentas porque creemos en lo que hacemos», añade Susana. «Si hace cinco años me dicen que vamos a hacer esto no me lo creo», explica María José, que ahora está encantada de poder trabajar con sus dos hijas. «Este es un proyecto propio, donde tomamos todas las decisiones y llevamos el control de todo lo que hacemos. Eso hoy en día no es fácil de hacer en una empresa», asegura Patricia.

Hasta el último detalle

El catálogo de productos de 3 Pastas Delicatessen lo componen tres tipos de galletas diferentes. La estrella son las Albariñas, unas pastas de té elaboradas con manteca y mantequilla pura de vaca, «sin conservantes ni colorantes, solo productos naturales», explica Patricia. Están hechas con albariño «y llevan también zumo de naranja natural», asegura. La masa tiene un proceso muy laborioso. El año pasado hicieron una nueva versión de estas, con ralladura de chocolate. Todas estas galletas tiene forma de hoja de parra. «El molde nos lo hizo un amigo que es herrero», afirma Susana. Las terceras en discordia son las Cukiñas, «unas pastas de té más finas que pueden ser de canela, con almendras y con chocolate», dice María José, la artista de la repostería.

Proyectos de futuro

Las Albariñas y las Cukiñas se pueden encontrar ya en las tiendas delicatesen de toda Galicia. Han logrado, incluso, traspasar fronteras. Se venden ya en Barcelona y en Madrid. También, en Málaga, «que nos llamaron de una tienda para pedírnoslas», asegura Patricia. En la cabeza de estas tres emprendedoras está el seguir dando a conocer sus productos y por eso están inmersas en un sinfín de proyectos. «Queremos ir abarcando más puntos de venta y ser conocidas», explican. Pero, al mismo tiempo, siguen trabajando en la mejora de su producto. Ahora están poniendo en marcha una granja avícola, para poder usar sus propios huevos de casa en la elaboración de las pastas. Esas Albariñas y Cukiñas que, por cierto, están deliciosas.